La salida de Cuba del petrolero ruso Anatoli Kolodkin, tras completar la descarga de unas 100.000 toneladas de crudo en la bahía de Matanzas, marca el inicio de una nueva fase: la de medir cuánto puede durar realmente ese suministro en medio de la crisis energética que atraviesa la isla y cómo será distribuido.
Según un análisis divulgado en redes sociales por el periodista oficialista José Miguel Solís, el cargamento —estimado en 100.000 toneladas de crudo tipo Urals— equivale a aproximadamente 730.000 barriles, tras aplicar el factor de conversión habitual de este tipo de petróleo.
El buque descargó el crudo en unos 96 horas en la bahía de Matanzas, desde donde se inició su distribución por cabotaje hacia distintas refinerías del país.
De acuerdo con las estimaciones compartidas en ese análisis, el procesamiento del crudo permitiría obtener unos 292.000 barriles de fuel oil, 255.000 de diésel y 109.000 de gasolina, además de una fracción de gas licuado.
Sin embargo, la magnitud del envío contrasta con la demanda energética del país. En condiciones actuales, Cuba necesita decenas de miles de barriles diarios solo para sostener parcialmente la generación eléctrica.
Según datos oficiales de CUPET, el suministro podría cubrir entre siete y diez días de consumo, dependiendo del nivel de restricción aplicado al sistema.
La empresa estatal ha señalado que el combustible se destinará prioritariamente a la generación eléctrica —tanto en termoeléctricas como en grupos electrógenos— y a servicios esenciales, lo que limita su impacto directo sobre la población.
Esto implica que el envío no se traducirá en una normalización del suministro, sino en una reducción temporal de los apagones y en el sostenimiento de sectores estratégicos durante unos días.
En la práctica, se trata de un alivio puntual, no de una solución estructural. Como ya han advertido analistas y la propia cobertura reciente, el cargamento apenas cubre una fracción de la demanda energética del país.
La decisión de permitir este envío ha sido justificada por Washington en términos humanitarios, en medio de una crisis que afecta directamente a la población. Sin embargo, ese carácter excepcional no cambia el fondo del problema.
El dato clave es la duración: menos de dos semanas incluso en el mejor escenario. A partir de ahí, el sistema energético cubano vuelve a depender de nuevos suministros en un contexto marcado por la incertidumbre.
El petróleo del Anatoli Kolodkin ofrece así un respiro breve, pero confirma que la crisis sigue abierta y sin solución a corto plazo.
Archivado en:
