El empresario cubanoamericano Max Álvarez reveló en una entrevista con el periodista Mario J. Pentón su visión sobre cómo ayudar a Cuba: no mediante inversión directa que lo enriquezca más a él, sino enseñando a los propios cubanos a construir su independencia económica desde cero.
Álvarez contó que hace algunos días un congresista cubano -cuyo nombre no precisó- le preguntó cuántas gasolineras abriría en la isla, y le precisó que serían tierras "prácticamente regaladas".
El empresario relató que respondió con rechazo a la propuesta.
"¿Tú crees que yo voy a ir a Cuba a abrir una estación de gasolina para aprovecharme de la miseria de que tienen nuestros hermanos y hermanas? No", dijo.
En su lugar, el fundador de Sunshine Gasoline Distributors propone un plan radicalmente diferente: transferir conocimiento capitalista de forma gratuita.
"Yo quiero ir a Cuba y sentarme con los cubanos y decirle: el fin no justifica los medios. Tú no tienes que seguir dependiendo del gobierno. Yo sé cómo fabricar una estación de gasolina. Mira cómo tienes que hacer. Este es el plan. Yo te voy a enseñar a fabricar tu estación de gasolina", explicó.
"Yo le voy a llevar los planos y se lo voy a regalar. Cómo hacer una estación, cómo ir al banco y pedir crédito, y cómo ellos hacer sus estaciones y poner a sus familias a trabajar. Y yo no me voy a aprovechar de mis hermanos que están sufriendo", añadió.
Su filosofía personal es contundente: "El trabajo es el denominador común" y eso es lo que cree que hay que hacer con los cubanos de la isla, enseñarlos a prosperar por sí mismos, y no ir allí a lucrarse de ellos.
Su mensaje final a los cubanos de la isla es de esperanza y desafío: "Lo que sí los voy a enseñar a los cubanos cómo hacer mejor de lo que hice yo, porque quiero que ellos entiendan: si yo lo hice, ellos lo pueden hacer igual".
Dice que el congresista que le preguntó sobre las gasolineras que pondría, le dijo al escuchar su plan: "Tú estás loco, chico"; a lo que asegura que contestó: "Sí, sí que estoy loco".
Álvarez también rechazó con vehemencia la idea de reclamar propiedades confiscadas por el régimen, como la casa que sus padres construyeron ladrillo a ladrillo y que les fue arrebatada en 1964.
Dice que para él es inaudito llegar a Cuba y reclamarle nada a un cubano que lleva tiempo viviendo en esa casa y que no pueden ni pintarla.
"Si yo soy ese cubano me tienes que matar. Me tienes que matar. Hay que olvidarse de eso. Eso lo que crea es odio. ¿Tú lo quieres ayudar enseñándoles más odio del que ya le enseñaron los comunistas? No", sentenció.
El empresario describió la magnitud del daño que ha causado la dictadura.
"Hace más de 60 años, son seis generaciones de cubanos que están sufriendo en el yugo comunista, cubanos que no tienen que comer, muchas veces no tienen que tomar, sin electricidad, y todos están adoctrinados con aquella filosofía que al fin justifica los medios", afirmó.
Sobre la posibilidad de negociar con el régimen cubano, Álvarez fue categórico: "con los regímenes comunistas no se puede negociar".
"Ellos creen que el fin justifica los medios. Mienten, manipulan. Eso es un problema serio", concluyó.
Álvarez llegó a Estados Unidos a los 13 años a través de la Operación Pedro Pan, el programa que trasladó a más de 14,000 niños cubanos no acompañados entre 1960 y 1962.
Comenzó sin nada, sin saber inglés, y construyó desde cero una de las mayores distribuidoras independientes de combustible del sureste del país.
En marzo de 2026, el presidente Donald Trump Trump mencionó públicamente a Max Álvarez desde la Casa Blanca como ejemplo del éxito de los cubanos en Estados Unidos.
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