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Aplaudir y legitimar al poder, o callar para sobrevivir y realizarse profesionalmente, ha sido la tragedia del intelectual cubano desde 1959, razona la Doctora en Ciencias Históricas Ivette García González en un artículo que publicó este viernes en la web del Laboratorio de pensamiento cívico Cuba x Cuba.
La también profesora y escritora cubana analiza la relación entre la dictadura de la Isla y sus intelectuales a 55 años de los casos de represión al poeta Heberto Padilla y a los integrantes del Departamento de Filosofía de la UH, que conllevó, en este último caso, a la disolución de la revista Pensamiento Crítico.
La autora identifica cuatro tipos de intelectuales: los de la "torre de marfil", los que se comprometen con causas destructivas, los que fungen como "comisarios políticos" y "administradores ideológicos" del régimen, y los fieles al compromiso con la razón, la verdad y la justicia.
El ensayo traza el origen de la represión en dos hitos fundacionales: el discurso "Palabras a los intelectuales" de Fidel Castro en 1961, y la sentencia de Ernesto Guevara en 1965: "la culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original; no son auténticamente revolucionarios".
Una etapa particularmente tensa se puede delimitar entre 1968 y 1971, con el caso de Padilla, desde el premio a su libro Fuera de Juego (1968) hasta que resultara detenido, recluido en Villa Marista y forzado a una humillante autoinculpación pública en la UNEAC (1971). También marcan singularmente el momento la clausura del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, la cacería contra los profesores y científicos sociales que lo integraban y la clausura de Pensamiento Crítico. Fueron sucesos que "mostraron los graves conflictos entre el poder y el pensamiento, la enseñanza y la literatura, medita la autora".
Los discursos de Fidel Castro el 26 de julio y de Raúl Castro el 27 de septiembre de 1970 sellaron la suerte de aquellos jóvenes profesores marxistas, calificándolos de "una mezcla de pobreza ideológica y petulancia intelectual muy distante de las ideas de la Revolución". Raúl añadió: "una cosa es investigar y otra es aprovechar conocimientos para socavar las bases de nuestra ideología", refiere el artículo.
Un elemento documental nuevo respalda el texto: memorándums confidenciales del Instituto Cubano del Libro, recientemente filtrados, confirman que entre mayo y agosto de 1971 se ejecutó un plan secreto de censura con instrucciones precisas: "no se editará, no se distribuirá, se congelará, se eliminarán de los catálogos, se retirarán de las salas de lectura y de intercambio".
La lista de escritores cubanos bajo "seguimiento" incluía a Heberto Padilla, Antón Arrufat, César López, Belkis Cuza, Reinaldo Arenas, Luis Rogelio Nogueras, Víctor Casaus y Pablo Armando Fernández, entre otros, descritos en los documentos como de "actitud ideológica conocida pero cuyos títulos no consideramos táctico retirarlos, al menos por el momento".
Amplía la profesora García González que cuando intelectuales de la talla de Octavio Paz, Jean-Paul Sartre y Mario Vargas Llosa firmaron dos cartas de protesta por el caso Padilla, Castro respondió en el Congreso Nacional de Educación y Cultura del 30 de abril de 1971: "Ya saben, señores intelectuales burgueses y libelistas burgueses y agentes de la CIA… en Cuba… ¡Cerrada la entrada indefinidamente!". El 20 de mayo llegó otra carta pública con 61 firmas.
Las consecuencias se extendieron por décadas: generaciones de cubanos fueron privadas de su propio patrimonio cultural, la censura se institucionalizó y la autocensura se volvió mecanismo de supervivencia. La Red de Bibliotecas Independientes, creada en 1998 y reprimida ferozmente, todavía en 2012 contaba con 162 puntos en catorce provincias.
García González también señala la complicidad de parte de la intelectualidad mundial de izquierda, que ha permanecido "romantizando a Cuba", desde Noam Chomsky hasta Ignacio Ramonet, en lo que describe como el "opio de los intelectuales" del que escribiera Raymond Aron.
"La dictadura cubana tolera habitantes, no ciudadanos; es incapaz de lidiar con la democracia, con la posibilidad de que surjan seres pensantes que la interpelen, concluye la autora. "En consecuencia, ha sumido al país en la miseria material, ha obstruido el saber y la espiritualidad del pueblo. Es hora de revisar conciencias."
La represión del pensamiento crítico en las universidades cubanas ha llevado a la expulsión de profesores, al cierre de espacios para el debate libre y a un ambiente de constante vigilancia. Casos recientes, como la separación del profesor Abel Tablada de la CUJAE, ilustran cómo el cuestionamiento público de la gestión política o económica puede resultar en sanciones laborales que afectan la trayectoria y la vida personal de los implicados.
Preguntas frecuentes sobre la represión intelectual en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Cuál es la "tragedia del intelectual cubano" mencionada en la noticia?
La tragedia del intelectual cubano desde 1959, según la Doctora Ivette García González, ha sido la necesidad de aplaudir y legitimar al poder o callar para sobrevivir y realizarse profesionalmente. Este dilema se ha perpetuado por décadas debido a la represión y censura del régimen, que impide el pensamiento crítico y la libertad de expresión.
¿Qué impacto tuvo el caso de Heberto Padilla en la relación entre el gobierno cubano y sus intelectuales?
El caso de Heberto Padilla, quien fue detenido y obligado a autoinculparse públicamente en 1971, marcó un momento crítico de represión contra los intelectuales en Cuba. Este suceso evidenció los graves conflictos entre el poder y el pensamiento crítico, consolidando una cultura de censura y autocensura que aún persiste.
¿Cómo ha respondido el gobierno cubano a las críticas internacionales sobre la censura de intelectuales?
El gobierno cubano ha respondido a las críticas internacionales con descalificaciones y restricciones. Fidel Castro, por ejemplo, desestimó las protestas de intelectuales como Octavio Paz y Mario Vargas Llosa en el Congreso Nacional de Educación y Cultura de 1971, afirmando que en Cuba la entrada estaba cerrada indefinidamente a los intelectuales burgueses.
¿Qué consecuencias ha tenido la represión del pensamiento crítico en las universidades cubanas?
La represión del pensamiento crítico en las universidades cubanas ha llevado a la expulsión de profesores, cierre de espacios de debate y un ambiente de constante vigilancia. Casos recientes, como el del profesor Abel Tablada, ilustran cómo el cuestionamiento público puede resultar en sanciones laborales y afectar la vida personal y profesional de los implicados.
¿Qué posición ha adoptado la intelectualidad mundial de izquierda respecto a la situación en Cuba?
Parte de la intelectualidad mundial de izquierda ha mantenido una postura de complicidad o romantización hacia el régimen cubano. Figuras como Noam Chomsky e Ignacio Ramonet han sido señaladas por perpetuar una visión idealizada de Cuba, ignorando las violaciones a los derechos humanos y la represión interna.
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