Bruno Rodríguez insiste en asegurar que Cuba no es una amenaza para EE. UU.



Bruno Rodríguez Parrilla © misiones.cubaminrex.cu
Bruno Rodríguez Parrilla Foto © misiones.cubaminrex.cu

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El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla publicó este miércoles un mensaje en su cuenta de la red social X en el que calificó de «absurdo» que el Departamento de Estado alegue que Cuba representa una amenaza para Estados Unidos, en un nuevo episodio de la narrativa de victimización que el régimen ha adoptado ante la presión máxima de la administración Trump.

«Es absurdo que el Departamento de Estado alegue que Cuba, un país en desarrollo, relativamente pequeño y sometido a una guerra económica brutal, pueda significar una amenaza para la mayor potencia militar, tecnológica y económica del mundo», escribió Rodríguez Parrilla en su publicación.

El canciller añadió que Cuba «es un país pacífico que no agrede a otros, no permite que su territorio se use contra otros y tiene un historial limpio contra el terrorismo, el crimen internacional organizado y la violencia», y remató asegurando que «no se consigue fabricar pretextos con argumentos tan débiles y falaces».

El mensaje llega tres meses después de que el presidente Donald Trump firmara la Orden Ejecutiva 14380, que declaró a Cuba «amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional de EE. UU. e impuso aranceles de hasta el 50% a países que suministren petróleo a la isla.

La justificación de Washington se apoya en las alianzas del régimen con Rusia, China, Irán y Corea del Norte, el albergue de fugitivos de la justicia estadounidense, la protección de líderes del ELN colombiano y el apoyo al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.

Diversos reportes y análisis previos han señalado que el régimen cubano ha sostenido durante años vínculos estratégicos en materia militar y de inteligencia con potencias adversarias de Estados Unidos.

Entre ellos destacan la reactivación de la cooperación militar con Rusia —incluyendo la modernización de capacidades en la isla y el uso potencial de instalaciones como Lourdes para inteligencia electrónica—, así como acuerdos tecnológicos y de seguridad con China, vinculados a infraestructura de telecomunicaciones con posibles fines de espionaje.

A ello se suman alianzas políticas y operativas con Irán y Corea del Norte, además de la colaboración histórica con actores como el ELN colombiano y el respaldo al chavismo en Venezuela.

Estos elementos han sido citados por Washington como parte del argumento para considerar a Cuba un riesgo para su seguridad nacional, en contraste con la narrativa oficial de La Habana que insiste en su carácter pacífico.

Lo que hace llamativa la postura de Rodríguez Parrilla es el contraste con la retórica que el propio régimen ha sostenido durante décadas: la de un David revolucionario capaz de plantar cara al Goliath imperial.

Cuba desplegó hasta 300,000 militares en Angola entre 1975 y 1991, e intervino además en Etiopía, el Congo y Siria, construyendo una identidad oficial basada en el «internacionalismo proletario» y la capacidad de desafiar al «imperio».

En fechas recientes, al arengar a tropas en ejercicios militares, el propio Miguel Díaz-Canel afirmó que «el costo de la agresión para el imperialismo tiene que ser siempre superior a los posibles beneficios», y en el Pleno Extraordinario del Partido Comunista declaró que «nunca la rendición será la opción».

Ahora, ese mismo régimen que se enorgullece de su capacidad de desafío apela a su pequeñez e inofensividad ante los foros internacionales.

Este miércoles, el embajador cubano ante las Naciones Unidas, Ernesto Soberón Guzmán, denunció ante la ONU un «cerco marítimo» de EE. UU., y en abril el régimen llegó incluso a proponer cooperar con Washington en delitos transnacionales, un giro que analistas leen como señal de debilidad estructural ante el ahogo económico.

La tendencia se extiende al lenguaje oficial: el ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) emitió en 2026 una declaración sin usar las palabras «bloqueo» ni «imperio», una inflexión retórica sin precedentes en la retórica diplomática del régimen.

Cuba fue reincorporada a la lista de Estados patrocinadores del terrorismo por Trump en enero de 2025, y en abril de este año EE. UU. la certificó además como país que no coopera plenamente en la lucha contra el narcotráfico, dos designaciones que el régimen rechaza pero que enmarcan la posición de Washington y que Marco Rubio, secretario de Estado, ha defendido con firmeza.

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