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Miguel Díaz-Canel y el primer ministro Manuel Marrero Cruz asistieron el sábado a la entrega de las dos primeras viviendas modulares construidas con contenedores marítimos inauguradas en La Habana, en el barrio de Nuevo Vedado, en un acto que la propaganda oficial presentó como una «solución creativa» ante la devastadora crisis habitacional que sufre la isla.
Las beneficiarias fueron Alina Hinojosa Cardona, madre de dos adolescentes que vivía en condiciones de hacinamiento, y Nerelys Madan Catalá, quien llevaba más de 13 años en un albergue junto a su hijo y su anciana madre.
El acto contó además con la presencia del ministro del Interior, el general Lázaro Alberto Álvarez Casas; el secretario de Organización del Comité Central, Roberto Morales Ojeda; y el secretario del Consejo de Ministros, el general José Amado Ricardo Guerra, entre otras autoridades del Buró Político.
Según Marrero Cruz, el programa surgió por sugerencias de Ramiro Valdés Menéndez, quien propuso reutilizar los contenedores en que China envía las partes de los parques de paneles solares fotovoltaicos. Las dos viviendas, de diseños diferentes, se construyeron en apenas un mes usando remanentes de procesos inversionistas del turismo y tecnologías desarrolladas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
El propio primer ministro reconoció en el acto que el programa «no va a la velocidad que se quiere; se está haciendo, pero se puede realizar más rápido».
El telón de fondo del acto es una crisis habitacional que el régimen no ha podido resolver: el déficit oficial asciende a 806,000 viviendas, aunque otras estimaciones lo elevan a más de 929,000 unidades entre construcciones nuevas y rehabilitaciones.
En 2024, Cuba solo construyó 7,427 viviendas, con la producción de cemento al 10% de su capacidad instalada, y en el primer trimestre de 2025 el plan de viviendas se cumplió apenas en un 12,4%, con solo 1,344 unidades concluidas de las 10,795 planificadas.
El 35% del fondo habitacional cubano se encuentra en mal o regular estado técnico, y en La Habana colapsan aproximadamente 1,000 edificaciones al año.
Frente a ese fracaso sistemático, la entrega de solo dos viviendas en la capital —con presencia del presidente y el primer ministro— ilustra la brecha entre la propaganda oficial y la magnitud real del problema.
Hasta abril de 2026, el programa había entregado apenas 133 unidades en todo el país.
El programa tampoco es gratuito: el costo ronda un millón de pesos cubanos por unidad, más de diez años de salario medio, que los beneficiarios deben pagar a crédito.
Además, vecinos en El Cerro y Guantánamo han denunciado filtraciones, fallas eléctricas, tuberías defectuosas y falta de aislamiento térmico en las viviendas ya entregadas.
La directora general de la Vivienda del Ministerio de la Construcción, Delilah Díaz Fernández, informó que hay más de 2,000 contenedores liberados para este destino y unos 700 en transformación en talleres, con un total disponible de más de 8,000 unidades. «El programa es toda una potencialidad y llegó para quedarse», afirmó.
El gobierno cubano reconoció en noviembre de 2025 el fracaso del programa de viviendas y ha recurrido a soluciones alternativas ante la imposibilidad de cumplir la meta de 50,000 viviendas anuales prometida desde 2018, cifra que nunca ha alcanzado en más de seis décadas de dictadura comunista.
Marrero Cruz cerró el acto con una promesa: «El proyecto y construcción de estas dos viviendas nos compromete y entusiasma para seguir adelante con este programa», declaró ante un déficit habitacional que supera las 800,000 unidades y sigue creciendo.
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