Así de difícil es reparar una casa en Cuba tras el paso del huracán Melissa



Reparación de una vivienda © Leandro NaunHung
Reparación de una vivienda Foto © Leandro NaunHung

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Un grupo de cubanos documenta en vídeo el agotador proceso de reparar una vivienda destruida por el huracán Melissa, sin apoyo estatal, contando los clavos uno a uno y cocinando con carbón vegetal a 1,000 pesos el saco para alimentar a los trabajadores de la obra.

El canal de YouTube del sacerdote Leandro NaunHung publicó el episodio 320, un testimonio en primera persona que muestra la realidad de la reconstrucción autogestionada en el oriente cubano, seis meses después de que Melissa arrasara la región.

En las imágenes se ve al grupo subir tejas al techo con escaleras improvisadas, fijar cada pieza con ocho clavos traídos «de afuera» —del exterior de Cuba— y lidiar con cortes de electricidad que se prolongan tres o cuatro días seguidos.

«La corriente aquí usted sabe que hay problema con la corriente, pero que este circuito parece que tiene una situación grave, que cuando ponen la corriente, yo no sé si es la demanda, se dispara el caballito, entonces nos pasamos tres, cuatro días sin corriente», explica uno de los protagonistas.

Lo que más indigna al grupo es la ausencia total del Estado: los técnicos oficiales nunca aparecieron a evaluar los daños ni a supervisar las reparaciones.

«Cuando vengan los ingenieros que nunca vinieron van a decir... lo que hicimos nosotros», dice uno de ellos con ironía.

A pesar de eso, el equipo reconoce haber avanzado gracias a la solidaridad mutua: «Por lo menos hemos tratado de que no se siga mojando la casa dentro que se estaba destruyendo, y nosotros pasito a pasito lo hemos ido arreglando independientemente de todo».

La vivienda, descrita antes como «un colador», va recuperando forma con el esfuerzo colectivo: «Nosotros poco a poco con el esfuerzo nuestro, el amor que tienen los compañeros que están aquí y esto vamos dándole forma a la casa que nos destruyó el ciclón Melisa».

Este caso no es una excepción. A cinco meses del huracán, solo el 17% de las viviendas dañadas en Santiago de Cuba habían sido rehabilitadas, unas 18,400 unidades de las más de 106,500 afectadas según el Consejo de Defensa Provincial.

La ONU elevó el impacto total a más de 90,000 viviendas en cinco provincias del oriente cubano, con más de 3,5 millones de personas afectadas.

La reconstrucción avanza con extrema lentitud por la confluencia de escasez de materiales, falta de combustible y corrupción en la distribución de recursos. Se denunciaron irregularidades en la entrega de materiales a damnificados en el reparto Chicharrones de Santiago de Cuba, donde los recursos terminaron en manos de dirigentes y allegados al régimen.

Como solución de emergencia, el gobierno recurrió a instalar contenedores marítimos como viviendas, pero los damnificados en Guantánamo que los recibieron denuncian filtraciones, tuberías defectuosas y precios cercanos al millón de pesos por unidad.

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