El profesor Ricardo Vilahomat describió en una entrevista cómo un día común en Cuba está determinado por apagones, escasez extrema y salarios insuficientes, responsabilizando al sistema político más que a factores externos.
En una reciente entrevista concedida al programa La Entrevista, del periodista Orlando Petinatti, explicó que la jornada comienza cuando llega la electricidad, no cuando amanece.
"La hora en que te levantas depende de cuándo te ponen la luz", afirmó, describiendo ventanas de apenas una hora (de 4:00 a.m a 5:00 a.m.) en las que hay que concentrar tareas básicas como cocinar, lavar o bombear agua.
Ese margen efímero marca el tono del resto del día. Sin electricidad, sin agua y sin alimentos suficientes, la rutina se convierte en una secuencia de carencias acumuladas, con niños que van a la escuela sin desayuno, trabajadores que no tienen transporte para llegar a sus empleos y salarios que, lejos de compensar el esfuerzo, resultan incapaces de sostener una semana de alimentación básica.
Vilahomat no recurre a eufemismos: califica el ingreso como "pésimo".
Las cifras refuerzan el colapso que describe. Un profesor en Cuba percibe entre 4,000 y 9,400 pesos mensuales, equivalente a entre ocho y 20 dólares, frente a un costo de vida que supera los 40,000 pesos.
La profesora Adhy Toledo ya había expuesto esa desproporción al mostrar que su salario apenas alcanzaba para adquirir un paquete de café, cuatro huevos, una libra de frijoles y un kilogramo de arroz, una evidencia concreta de la pérdida total del poder adquisitivo.
Pero el testimonio trasciende lo económico y se instala en lo humano. Vilahomat relató cómo debe abanicar a su hijo con un cartón en medio del calor y los mosquitos por la falta de electricidad.
"Mi brazo no se puede cansar porque el que está ahí es mi hijo", dijo, describiendo una escena que sintetiza el desgaste físico y emocional que impone la supervivencia cotidiana.
La desesperación, según explicó, no es episódica, sino acumulativa y constante, hasta un punto que —asegura— resulta imposible de traducir completamente en palabras.
Desde esa experiencia, el profesor desmonta la explicación oficial que atribuye la crisis al embargo estadounidense. Recordó que durante los años de subsidio soviético, cuando el país recibió recursos sin presiones reales de pago, no se consolidó una economía funcional, sino que se destinaron fondos a la exportación del modelo político y al financiamiento de conflictos en otras regiones.
"Cuba sin bloqueo, ¿qué sería? Lo que éramos en los 80", afirmó, aludiendo a un sistema de escasez estructural incluso en condiciones de mayor financiamiento externo.
Su conclusión apunta directamente al núcleo del problema, que no se trata solo de una crisis económica, sino de un modelo político que prioriza el control sobre cualquier apertura."No quieren perder un milímetro de control sobre la gente", sostuvo.
Para reforzar esa idea, citó al propio Raúl Castro, quien tras el acercamiento con la administración Obama admitió que "teníamos que haber hecho más", una declaración que, en el contexto actual, deja al descubierto la falta de reformas reales y la persistencia de las mismas limitaciones estructurales.
El testimonio contrasta con el de una profesora de preuniversitario en Morón que defendió ante sus alumnos en marzo pasado que "ojalá que todos tuvieran, especialmente en el mundo, estas condiciones que tenemos hoy en día", negando que Cuba sea una dictadura.
Asimismo, persisten represalias contra quienes se atreven a contradecir ese discurso. El profesor Roberto Viña Martínez fue expulsado del ISA en enero y el profesor Abel Tablada fue separado de la CUJAE en marzo, ambos por publicar críticas en redes sociales.
El Observatorio Cubano de Derechos Humanos reportó en abril que el 89% de las familias cubanas vive en pobreza extrema y el 97 % ha perdido acceso a alimentos básicos, mientras los apagones en Cuba no dan tregua con cortes de hasta 24 horas continuas en distintas provincias.
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