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El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, respondió este martes a las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien afirmó que Cuba está “devastada” y que “sería un honor liberarla”.
El nuevo cruce verbal vuelve a tensar el discurso entre ambos gobiernos.
“Insiste el gobierno de EE.UU. en que se propone actuar militarmente contra Cuba porque ‘el país está devastado... y sería un honor liberarlo’", comenzó diciendo el canciller sin mencionar a Donald Trump por su nombre.
"Lo cínico e hipócrita es que EE.UU. lleva décadas tratando de devastar al país con una guerra económica y este gobierno lo hace aún con mayor empeño en los últimos meses con dos Órdenes Ejecutivas genocidas", reprochó Rodríguez a continuación.
El canciller cubano cerró su mensaje con el calificativo de "crímenes internacionales", al referirse tanto a las sanciones como a la amenaza de intervención militar.
"Tanto el bloqueo económico y el energético, y las nuevas medidas coercitivas extraterritoriales; como la amenaza de agresión militar y la propia agresión son crímenes internacionales", concluyó.
¿Qué dijo Trump sobre Cuba?
Las declaraciones que provocaron la respuesta se produjeron durante una entrevista telefónica este 4 de mayo en Salem News Channel, cuando Trump fue preguntado si Cuba estaba en su agenda.
“No hablo mucho sobre Cuba, más allá de decir que, quizá, después de terminar con Irán, se podría hacer algo después, uno tras otro”, respondió.
El mandatario describió incluso un escenario de presión militar, con el portaaviones Abraham Lincoln situado a unas pocas centenas de metros de las costas cubanas.
Trump insistió en la situación del país como justificación: “La realidad es que el país está devastado en este momento, completamente devastado. Sería un honor liberarlo”.
También vinculó su postura al apoyo político en Estados Unidos: “Yo obtuve el 94% del voto cubano en Estados Unidos y, francamente, tengo la obligación de hacer algo”.
Y añadió: “Lo que le han hecho a los cubanos y a sus familias que viven en Estados Unidos es impensable, muy parecido a lo que ocurre con Irán”.
Previamente, el 2 de mayo, en una cena privada del Forum Club en West Palm Beach, Florida, Trump había declarado que EE.UU. «tomará Cuba casi inmediatamente» tras concluir operaciones en Irán, describiendo el escenario del USS Abraham Lincoln deteniéndose «a unas 100 yardas de la costa» hasta que el régimen respondiera: «Muchas gracias, nos rendimos».
El contexto de las órdenes ejecutivas
Las «dos Órdenes Ejecutivas» a las que alude Rodríguez son la Orden Ejecutiva 14380, firmada el 29 de enero de 2026, que declaró a Cuba una «amenaza inusual y extraordinaria» e impuso un embargo energético; y la nueva orden ejecutiva firmada el 1 de mayo, que amplía sanciones a energía, defensa, minería y servicios financieros, y bloquea bienes en EE.UU. de funcionarios del régimen -actuales y pasados, colaboradores y familiares adultos- con sanciones secundarias a bancos extranjeros que operen con entidades cubanas sancionadas.
Desde enero de 2025, la administración Trump ha acumulado más de 240 sanciones contra Cuba e interceptado al menos siete tanqueros, reduciendo las importaciones energéticas entre un 80% y un 90%.
La respuesta coral del régimen
Rodríguez no es el único funcionario que ha reaccionado.
Miguel Díaz-Canel publicó en redes sociales que «ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba».
El embajador cubano ante la ONU, Ernesto Soberón Guzmán, compareció el pasado domingo en Fox News para afirmar que palabras como «rendirse», «capitular» o «colapsar» no están «en el diccionario cubano».
Esa retórica de resistencia contrasta con la realidad que vive la población: apagones prolongados, escasez generalizada y una contracción económica proyectada del 7,2% para 2026, según la Unidad de Inteligencia de The Economist.
El pasado lunes, el Senado de EE.UU. rechazó, con 51 votos contra 47, una resolución del senador demócrata Tim Kaine que buscaba limitar los poderes de guerra de Trump sobre Cuba, dejando al presidente con plena libertad de acción en este frente.
El intercambio deja en evidencia dos narrativas que se enfrentan sin tocarse.
Por un lado, Washington apela a la idea de “liberación” y a la crisis interna cubana como argumento político; por otro, La Habana responde atribuyendo esa misma crisis, en gran medida, a la presión externa.
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