Un video publicado en Facebook por el padre Leandro NaunHung, párroco de la parroquia San José Obrero en Santiago de Cuba, muestra el emotivo momento en que un niño del campo recibe un par de botas y la alegría sencilla que ese gesto desata en quienes lo rodean.
La grabación, compartida en redes sociales esta semana, capta la escena con naturalidad: los adultos presentes intentan calzar al pequeño, llamado Jesús o «Jesucito», le preguntan su número de pie y celebran que las botas le quedan.
«Oye, te pusiste suerte, Jesús», se escucha decir a uno de los adultos al comprobar que el calzado encaja.
Un detalle revela la magnitud de la necesidad: alguien advierte que las botas son «de hembra», es decir, para niña, lo que sugiere que fueron donadas sin distinción de género porque lo urgente era cubrir los pies del menor.
Antes de calzarlo, uno de los presentes recuerda que «hay que lavar» el pie, un comentario que pasa desapercibido en el video pero que habla por sí solo de las condiciones en que viven estos niños del campo cubano.
El padre NaunHung es una figura conocida en Santiago de Cuba por su labor social y por documentar en redes sociales la pobreza extrema que afecta a las comunidades rurales de la isla.
Dirige un comedor comunitario en su parroquia que alimenta a niños y familias vulnerables, y apenas la semana pasada denunció el robo de los utensilios de cocina de ese comedor, incluido el caldero principal, comprometiéndose públicamente a reponerlos: «Vamos a conseguir otro caldero. No es fácil».
El video de las botas se enmarca en una crisis humanitaria que golpea con especial dureza a los niños cubanos en zonas rurales.
Un par de zapatos en Cuba puede costar desde 15 dólares, equivalente a unos 5,550 pesos cubanos al cambio informal, mientras que el salario mensual típico ronda los 3,700 pesos, una cifra insuficiente para cubrir necesidades básicas como el calzado.
Este sacerdote ha documentado también otras iniciativas de supervivencia, como la recolección de latas de aluminio para generar ingresos en comunidades rurales santiagueras, y ha visibilizado casos extremos como el de una madre que usa hojas de verdolaga para preparar alimentos.
La imagen de un niño recibiendo unas botas de segunda mano con alegría no es nueva en Cuba. En septiembre de 2020, un niño de Pinar del Río asistía a la escuela en chancletas por no tener zapatos, y su historia conmovió a miles de personas dentro y fuera de la isla.
Seis años después, la situación no ha mejorado. En 2026 siguen circulando en redes sociales imágenes de familias en extrema pobreza en provincias como Holguín, Pinar del Río y Santiago de Cuba, donde los niños deben atravesar caminos inundados para llegar a la escuela y donde un par de botas puede ser, literalmente, un motivo de celebración.
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