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El embajador cubano ante las Naciones Unidas, Ernesto Soberón Guzmán, intervino ayer en el Segundo Foro de Examen Internacional sobre Migración, celebrado en Nueva York, para denunciar que Washington utiliza el tema migratorio como «instrumento de agresión y subversión» contra Cuba.
El discurso del régimen ante la ONU resulta difícil de sostener frente a los datos: Cuba vive el mayor éxodo de su historia, impulsado por la crisis económica, los apagones masivos y la represión política, no por las políticas de otro Estado.
Soberón atribuyó el éxodo al «recrudecimiento extremo del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de Estados Unidos contra Cuba, incluido el actual cerco energético».
Acusó además a Washington de incumplir «sistemáticamente» los acuerdos migratorios bilaterales, lo que —según él— «estimula flujos migratorios irregulares e inseguros y favorece las redes dedicadas al tráfico de personas».
Lo que el diplomático omitió es que la economía extractiva del régimen cubano se alimenta del propio exilio que dice lamentar: el Estado controla los trámites migratorios en divisas, absorbe las remesas de la diáspora a través de las tiendas en Moneda Libremente Convertible y permitió, junto a su aliado Daniel Ortega, la ruta migratoria vía Nicaragua que generó millones en pasajes de avión.
Cuando Nicaragua otorgó libre visado a los cubanos en noviembre de 2021, los vuelos La Habana-Managua dispararon sus precios hasta entre 1,500 y 2,700 dólares por trayecto, en un país donde el salario promedio equivale a unos 20 dólares mensuales.
Esa ruta siguió generando millones en ingresos hasta al menos noviembre de 2025, según reportes periodísticos. Nicaragua solo eliminó el libre visado para cubanos en febrero de 2026, cuando el flujo ya había vaciado la isla de más de un millón de personas.
Las cifras del éxodo desmienten la narrativa del régimen con contundencia. Desde 2021, la población cubana cayó de 11,3 millones a entre 8,6 y 8,8 millones de habitantes, niveles propios de los años 1980, lo que equivale a cerca del 18% de la población total. Solo hacia Estados Unidos llegaron más de 860,000 cubanos entre 2021 y mediados de 2024.
En diciembre de 2022 se registró el récord histórico de 42,637 cubanos entrando por la frontera sur de EE.UU. en un solo mes. El éxodo actual supera en magnitud y velocidad al del Mariel (125,000 personas en 1980) y la crisis de los balseros (35,000 en 1994) combinados.
No es la primera vez que el régimen recurre a este argumento en foros internacionales. En 2022, en pleno éxodo histórico, Cuba ya abogaba contra la politización de la migración ante organismos multilaterales, y en 2025 volvió a culpar a EE.UU. del aumento de la emigración con idéntica retórica.
Mientras el régimen presenta en la ONU nuevas leyes de migración aprobadas en 2024 como prueba de su compromiso con una «migración segura», la emigración cubana en 2025 muestra una redistribución global del éxodo que no se detiene: ese año, 22,000 cubanos ingresaron a Uruguay, cifra récord, con 13,852 personas recibiendo cédula uruguaya por primera vez.
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