El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, lanzó este jueves una dura advertencia a Estados Unidos tras las recientes declaraciones del presidente Donald Trump sobre una posible acción contra el régimen cubano.
En entrevista con la cadena ABC News desde La Habana, el canciller aseguró que Washington ha tomado un “camino peligroso” que podría desembocar en un “baño de sangre en Cuba”.
Rodríguez Parrilla afirmó que el gobierno cubano toma “muy en serio” las amenazas de Trump y advirtió que la isla respondería militarmente si fuera atacada. “Cuba ejercerá su derecho a la legítima defensa hasta las últimas consecuencias”, declaró.
Las tensiones entre ambos países han aumentado en las últimas semanas luego de que Trump insistiera públicamente en que el sistema político cubano necesita un cambio “dramático”.
Durante un acto en Florida, el mandatario estadounidense afirmó que, tras la operación militar contra Irán, “Cuba será la próxima”, y sugirió incluso la posibilidad de desplegar el portaaviones USS Abraham Lincoln frente a las costas cubanas.
Aunque hasta ahora la presión de Washington se ha concentrado en medidas económicas y sanciones, el discurso de Trump ha elevado la preocupación dentro del régimen.
Estados Unidos ha endurecido las restricciones contra funcionarios cubanos señalados por corrupción y violaciones de derechos humanos, además de limitar el acceso de La Habana a suministros energéticos procedentes del exterior, incluidos cargamentos de petróleo venezolano.
En la entrevista, Rodríguez Parrilla negó que Cuba represente una amenaza para la seguridad estadounidense y rechazó las acusaciones sobre persecución política y falta de libertades en la isla. También aseguró que utilizar esos argumentos para justificar una intervención militar violaría el derecho internacional.
El canciller confirmó además que no se han producido avances en las conversaciones discretas entre ambos gobiernos, reveladas meses atrás por Miguel Díaz-Canel.
Según explicó, La Habana está dispuesta a dialogar sobre asuntos bilaterales, pero no aceptará discutir cambios internos ni reformas al sistema político cubano.
Las declaraciones reflejan el momento de máxima tensión entre Washington y La Habana en años, en medio de una profunda crisis económica y social que continúa golpeando al pueblo cubano.
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