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Carlos R. Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, publicó este miércoles en Facebook una segunda versión del argumento que horas antes había borrado en menos de 30 minutos, esta vez con la muletilla clásica del discurso oficial: la «guerra económica despiadada».
La primera publicación, eliminada apresuradamente, decía: «Un país que cae o fracasa por 'si solo' no necesita que lo empujen». La frase, que pretendía rebatir las predicciones de Washington sobre el colapso del régimen, terminó confirmando involuntariamente la premisa de sus adversarios al admitir en indicativo que el país «cae o fracasa».
La versión corregida, que permanece publicada en su perfil, reza: «Contrario al argumento anticubano, si un país cayera por sí solo, como alegan, no necesitaría que lo empujen con una guerra económica despiadada».
El único ajuste gramatical sustantivo entre ambas versiones es el paso del indicativo «cae o fracasa» al condicional «cayera», un cambio insuficiente para reparar el daño retórico original.
Al insertar la expresión «guerra económica despiadada», Fernández de Cossío intenta anclar el argumento en el terreno ideológico familiar del régimen, que lleva décadas atribuyendo la crisis a causas externas.
Sin embargo, la estructura lógica del enunciado sigue siendo problemática: para que la frase tenga sentido, debe aceptarse como premisa que el país efectivamente es vulnerable a la caída, algo que La Habana lleva meses negando.
Este episodio no es el primero del viceministro. A finales de abril, Fernández de Cossío invocó la Constitución de 1940 para defender las expropiaciones revolucionarias de los años 60, sin advertir que ese mismo texto garantizaba la propiedad privada y exigía compensación. El patrón es consistente: argumentos que, al ser examinados, refuerzan las críticas que pretenden desmontar.
El funcionario es la voz más activa del ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) en redes sociales. Este martes calificó de «cómplices» a quienes apoyan la intervención de Estados Unidos en Cuba, y en fechas recientes declaró que «Cuba no constituye una amenaza para ese país» tras las nuevas sanciones.
El doble tropiezo se produce en un contexto de máxima presión estadounidense. El 1 de mayo, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que amplía sanciones contra GAESA y otras entidades cubanas.
Poco después, el secretario de Estado Marco Rubio calificó al régimen de «estado fallido» gobernado por «comunistas incompetentes», con «miseria extrema, crisis energética crónica, inflación desbocada y ausencia de libertades». Y el pasado lunes, trascendió que Trump presionó a su gabinete exigiendo resultados más rápidos ante la lentitud del colapso cubano.
Desde enero, Trump ha reiterado su pronóstico en varias ocasiones. «Cuba fallará muy pronto. Es realmente una nación que está muy cerca de fallar», declaró el 27 de enero. A finales de marzo fue más explícito: «En poco tiempo, va a fracasar, y estaremos allí para ayudarla», describiendo al régimen como de «mal liderazgo, muy malo y corrupto».
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