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Miguel Díaz-Canel publicó este jueves un mensaje en su cuenta de X en el que defendió la relación del régimen cubano con la Iglesia Católica, en lo que parece un intento de posicionarse como interlocutor legítimo ante la oferta de 100 millones de dólares en ayuda humanitaria que Washington ha anunciado para el pueblo cubano.
El trasfondo es clave: el Departamento de Estado de EE.UU. ha dejado claro que esa ayuda se canalizaría a través de la Iglesia Católica y organizaciones humanitarias independientes, excluyendo expresamente al gobierno cubano de cualquier intermediación.
En su publicación, Díaz-Canel afirmó que «la experiencia de nuestro país en recibir ayuda internacional, incluyendo de EE.UU., es amplia y constructiva» y cerró con una frase que resume la intención política del mensaje: «Nuestra experiencia de trabajo con la Iglesia Católica es rica y productiva».
El mandatario también condicionó la aceptación de la ayuda al cumplimiento de «las prácticas universalmente reconocidas para la ayuda humanitaria», y aprovechó para reiterar la posición del régimen sobre el embargo: «Podría aliviarse el daño de un modo más fácil y expedito con el levantamiento o alivio del bloqueo, pues se conoce que la situación humanitaria es fríamente calculada e inducida».
El mensaje de Díaz-Canel forma parte de un giro táctico del régimen en apenas 48 horas. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla había calificado la oferta de «fábula» y «mentira» el pasado martes, negando haber recibido propuesta formal alguna.
Sin embargo, ese mismo jueves suavizó su postura y declaró que Cuba «no tiene inconvenientes en trabajar con la Iglesia Católica» y que está dispuesto a «escuchar las características del ofrecimiento».
Desde Washington, el secretario de Estado Marco Rubio insistió este jueves, en declaraciones desde el Air Force One rumbo a China, en que «lo que pasa en Cuba es inaceptable» y que el régimen está rechazando la ayuda.
El comunicado oficial del Departamento de Estado reveló además que Washington había hecho «numerosas ofertas privadas» previas a La Habana, incluyendo apoyo para internet satelital gratuito, todas rechazadas.
La realidad sobre el terreno desmiente la narrativa del régimen sobre su papel en la distribución de ayuda. Cáritas Cuba informó el 8 de mayo que había ejecutado el 82% de una primera donación de tres millones de dólares, beneficiando a unas 8,800 familias en Santiago de Cuba, Holguín, Las Tunas, Bayamo y Guantánamo, todo ello a través de redes parroquiales y voluntarios, sin intermediación gubernamental.
Esa distribución directa fue posible gracias al modelo que EE.UU. impuso desde el inicio: cinco contenedores de ayuda llegaron en abril al puerto de Santiago con más de 1,300 módulos de alimentos, 1,500 de higiene y 720 de hogar, y fueron gestionados íntegramente por Cáritas, priorizando madres solteras, ancianos, enfermos y personas con discapacidad.
Rubio anunció la oferta de los 100 millones el 8 de mayo, tras una audiencia privada de 45 minutos con el papa León XIV en el Vaticano, donde el tema Cuba fue central. La propuesta establece que la decisión de aceptarla o rechazarla «recae en el régimen cubano», según el comunicado del Departamento de Estado.
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