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Ciego de Ávila cerró el primer trimestre de 2026 sin revertir ninguna de sus tendencias demográficas negativas: más muertes que nacimientos, saldo migratorio adverso y una población que envejece a un ritmo que supera cualquier respuesta institucional, según un análisis publicado por el periódico oficial Invasor.
La provincia sigue el patrón nacional. Cuba cerró 2024 con apenas 9,748,007 habitantes, una reducción de 307,961 personas respecto a 2023, producto de 71,358 nacimientos frente a 128,098 defunciones y un saldo migratorio externo de -251,221 personas.
La caída de la natalidad es el indicador más alarmante. Hasta el 11 de mayo de 2025 se habían registrado apenas 628 nacimientos en la provincia, frente a 925 en el mismo período de 2024, una caída de casi un tercio en un solo año.
Entre los factores que explican esa contracción figuran la anemia materna, la hipertensión crónica asociada a preeclampsia —que obliga a interrumpir embarazos antes de las 37 semanas— y el bajo peso al nacer, con mayor prevalencia en los municipios de Bolivia, Ciro Redondo y la propia cabecera provincial.
A escala nacional, 2024 fue el cuarto año consecutivo por debajo de los 100,000 nacimientos, el menor número en 65 años, con una tasa global de fecundidad de 1,29 hijos por mujer, la más baja en la historia cubana registrada.
El reverso de esa caída es el envejecimiento acelerado. El 20% de los habitantes de Ciego de Ávila supera los 60 años, lo que equivale a 84,910 personas, una cifra que se acerca ya al número de niños y adolescentes en la provincia.
El municipio de Florencia concentra el mayor índice de envejecimiento: el 25,2% de su población pertenece al grupo de mayor edad, cifra que ascendió al 27% al cierre de 2025, impulsada por la constante emigración de personas en edades fértiles.
Las proyecciones oficiales para 2030 son sombrías: Cuba tendrá 100,000 habitantes menos en edades laborales y la población de 60 años o más se acercará al 30% del total. Ciego de Ávila avanza en esa misma dirección.
La emigración es el factor que más ha transformado la estructura poblacional de la provincia. Como señala el propio medio oficial, «la emigración no solo reduce el volumen poblacional: sustrae fundamentalmente a jóvenes en edad laboral y reproductiva, lo que agrava simultáneamente el déficit de nacimientos y el envejecimiento».
Frente a este cuadro, el régimen sostiene la Política para la Atención a la Dinámica Demográfica, aprobada en 2014 y actualizada en 2022. Para 2025 se previó un financiamiento de 2,456 millones de pesos, un 129% más que el año anterior, destinado a equipos gerontológicos, Casas de Abuelos, Hogares de Ancianos y Casas Infantiles.
Sin embargo, los propios especialistas reconocen que esas medidas resultan insuficientes ante la magnitud y velocidad del deterioro. El éxodo cubano no da señales de frenarse, y la dictadura no ha ofrecido respuestas estructurales que ataquen las causas reales de la crisis: la precariedad económica, los apagones, la escasez y la falta de libertades que empujan a los cubanos a abandonar la isla.
El análisis del periódico oficial concluye con una advertencia que resume la gravedad del momento: «Cada nacimiento que no se produce, cada joven que emigra y cada adulto mayor que envejece sin el apoyo que merece, es un dato que la provincia —y el país— tendrán que enfrentar con políticas más audaces, más integradas y más urgentes que las que hasta ahora han sido suficientes».
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