El periodista y analista Jorge de Armas se preguntó con ironía en una entrevista reciente con Tania Costa en CiberCuba si Raúl Guillermo Rodríguez Castro, apodado «El Cangrejo» y nieto de Raúl Castro, podría convertirse en una figura comparable a Mijaíl Gorbachov, es decir, el propiciador de un cambio político en Cuba desde dentro del poder.
El argumento central de De Armas parte de un dato concreto: «El Cangrejo» no figura entre los sancionados por Washington en el paquete del 4 de junio de 2026, que incluyó a Miguel Díaz-Canel, su esposa Lis Cuesta Peraza, Alejandro Castro Espín, el MINFAR, el MININT y los Comités de Defensa de la Revolución, entre otros.
«No estoy diciendo que El Cangrejo eventualmente se puede convertir en una figura de un calibre histórico inusitado que es el propiciador de un cambio en Cuba», afirmó De Armas.
«Fíjate que él no está entre los sancionados. Es lo que te decía al principio: las figuras que pueden conversar no están sancionadas», añadió el analista.
De Armas distingue entre sanciones simbólicas —destinadas a satisfacer los anhelos históricos del exilio cubano— y sanciones estratégicas, que revelan con quién Washington sí quiere negociar.
En ese segundo grupo quedan intactos el canciller Bruno Rodríguez, el viceministro Carlos Fernández de Cossío y la estructura completa del Ministerio de Relaciones Exteriores.
«La estructura del Ministerio de Relaciones Exteriores no está sancionada. Esa gente está bien», señaló.
En contraste, la sanción a Alejandro Castro Espín —descrito por De Armas como el «anterior interlocutor con el director de la CIA»— sería una señal de que Washington lo ha descartado del proceso de transición o lo considera un obstáculo.
«Una vez que sancionan a Alejandro Castro Espín, así, el único sancionado de la familia Castro, es que lo han sacado de la transición o que es un obstáculo para la transición o que no cuentan con él», afirmó el analista.
Esta lectura cobra fuerza si se considera que el director de la CIA se reunió en La Habana con «El Cangrejo» el pasado mes de mayo, según reportes de prensa, lo que lo convirtió en el centro de especulaciones sobre quién ejerce realmente el poder en la isla.
Para reforzar su tesis, De Armas apunta hacia el comportamiento contradictorio de la administración Trump. Cuando Marco Rubio fue preguntado en una audiencia sobre las sanciones a Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello en Venezuela, titubeó y respondió que «las leyes de Estados Unidos no han cambiado, las leyes de Estados Unidos son las mismas que ayer».
Sin embargo, «en esencia, la figura militar más alta de los Estados Unidos estuvo hace un par de días en Venezuela y se reunió con Jorge Rodríguez, que es una figura sancionada por el gobierno de los Estados Unidos. Sancionada, no solo sancionada: buscada», señaló De Armas.
Este patrón, concluye el analista, demuestra que hay un «juego de alta política» en marcha donde las sanciones formales y los contactos reales operan en planos paralelos, y donde los cubanos están excluidos «por nuestra propia culpa».
De Armas cerró con una crítica directa al exilio. «No hemos sabido construir alianzas. El exilio de los Estados Unidos se faja con el exilio de Miami. Las figuras son vilipendiadas», lamentó, apuntando a la fragmentación como el principal obstáculo para que la comunidad cubana en el exterior pueda influir en una eventual transición.
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