El investigador Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, desglosó en una entrevista con Tania Costa las cifras que definen el negocio del diésel entre Estados Unidos y Cuba, a partir del acuerdo que tenía previsto la empresa Vanguard Energy para exportar entre 200,000 y 250,000 barriles de combustible a la isla.
El análisis de Piñón parte de una aritmética concreta: 200,000 barriles de diésel equivalen a aproximadamente 1,400 isotanques, dado que cada uno tiene capacidad para alrededor de 150 barriles.
«Es una gran cantidad. Hemos calculado que si es 200,000 en diésel, eso representa alrededor de 1,400 isotanques. Cada isotanque es alrededor de 150 barriles», explicó el experto.
Piñón situó esa cifra en perspectiva con la demanda real de la isla. «La demanda de Cuba de diésel es de alrededor de 20,000 barriles diarios. No es tan grande, pero es importante».
Eso significa que un tanquero con 200,000 barriles alcanzaría para abastecer al sector privado cubano durante mes y medio o dos meses. Si ese envío se hubiera mantenido en el tiempo, sería un indicador de que el cliente es mayor. O sea, el Estado.
«Un tanquero con 200,000 barriles de diésel le va a dar suficiente diésel para por lo menos mes y medio, dos meses, una vez solamente suministrando a las pequeñas empresas, no suministrando a las grandes empresas», precisó Piñón.
El mayor consumidor de diésel en Cuba es la UNE (Unión Eléctrica Nacional), seguida por los sectores agrícola, de transporte, ferroviario y minero, según el experto.
Piñón advirtió que el volumen proyectado por Vanguard era, en sí mismo, una señal de alerta sobre quién sería el verdadero destinatario del combustible.
«Esos 250,000 barriles o 200,000 barriles que iba a exportar a Cuba Vanguard no lo puede consumir una empresa pequeña», afirmó.
El investigador estableció un criterio claro para identificar si el combustible terminaría en manos del régimen: si el volumen de ventas supera de forma sostenida los 200,000 barriles mensuales, eso constituye una señal inequívoca.
«Si el volumen de venta es mucho más de eso, entonces eso es una alarma. Identifica que entonces hay un gran cliente atrás que es el que está consumiendo gran parte de este combustible», subrayó Piñón.
A los problemas de volumen se suma el costo. El precio del diésel en Estados Unidos supera los cuatro dólares por galón, lo que encarece la transacción tanto para el importador como para las pequeñas empresas cubanas.
«Hoy en día tenemos el diésel aquí en los Estados Unidos a más de cuatro dólares el galón. Así que el producto es costoso. Le es costoso al importador. Le es costoso a la pequeña empresa que lo está importando», señaló.
A ese precio se añade el costo de contratar auditores independientes para reportar el movimiento dentro de Cuba de los volúmenes de combustible.
El acuerdo de Vanguard quedó bloqueado tras la sanción del Departamento de Estado a CUPET, bajo la Orden Ejecutiva 14404 firmada por Trump el primero de mayo de 2026, que impide que el combustible toque activos controlados por la empresa estatal cubana.
Piñón dejó abierta una perspectiva de futuro: «Quizás en algún momento, bajo una Cuba con un modelo económico diferente y un modelo político diferente, seguro va a ser la posible demanda (de 200.000 barriles)».
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