El experto en banca y estudioso de la Constitución cubana de 1940, Alberto Luzárraga, propuso en una entrevista con Tania Costa que los altos cargos de la nomenclatura del régimen deben ser inhabilitados para votar en una futura Cuba libre.
«Mi opinión: los individuos que son de las altas categorías del régimen, de las altas categorías de la nomenclatura, deben ser inhabilitados para votar. Esa gente no tiene derecho a votar porque han estado haciendo todo lo posible para que ese sistema no funcione. De modo que ya se han inhabilitado», afirmó Luzárraga.
El experto, con 35 años de experiencia en el sector bancario en Estados Unidos y América Latina y doctor en Derecho en Cuba, reconoció la tensión que le genera su propia propuesta. «A mí no me gusta quitarle el voto a nadie, pero hay gente que no se merece el voto».
Para no dejar la medida en términos vagos, Luzárraga precisó que «habría que hacer una delimitación sensata, inteligente, de ciertos niveles» de la nomenclatura para determinar quiénes quedarían excluidos del sufragio.
El experto también subrayó que, para que las elecciones libres sean efectivas en Cuba, es condición indispensable contar con un censo electoral riguroso. «Para que haya unas elecciones libres y que sean efectivas, tiene que haber un censo electoral como Dios manda».
La entrevista abordó igualmente el perfil del presidente ideal para una Cuba en transición. Ante la pregunta, Luzárraga descartó con humor su propia candidatura. «Yo estoy muy viejito para eso. Yo tengo demasiada mala pulga para ser presidente. Me duran poco los ministros».
Sobre el líder que Cuba necesitaría, el experto fue preciso: «Tiene que ser un hombre culto, un hombre sensato, equilibrado. Tiene que entender a la gente, tiene que tener don de gente y además saber valorar quién es quién».
Luzárraga advirtió, sin embargo, que identificar a ese líder no será sencillo. «Hay muchos con cara de buena gente que no son buena gente. Entonces eso es muy difícil y hay que ser muy equilibrado. Tienes que ser didáctico, tienes que tener mucha paciencia y ponerte a explicar las cosas con paciencia, poco a poco, a comunicarte con el pueblo a menudo».
Estas reflexiones se enmarcan en un debate más amplio sobre la transición democrática cubana que ha cobrado fuerza en 2026. El exilio cubano firmó en Miami el Acuerdo de Liberación en marzo de ese año, un documento que propone fases de liberación, estabilización, reconstrucción y democratización con elecciones supervisadas internacionalmente.
Ese acuerdo fue ratificado por la oposición cubana en Madrid el 1 de junio, en una señal de unidad del exilio en torno a una hoja de ruta común. En ese mismo período, Julio Shiling argumentó públicamente que Cuba debe volver a la Constitución del 40 como base jurídica de la transición.
Por su parte, Rosa María Payá declaró el 1 de junio que «nunca hemos estado tan cerca» de un cambio en Cuba, una valoración que refleja el optimismo creciente en sectores del exilio ante el actual contexto político.
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