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El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, anunció el domingo que Estados Unidos e Irán habían alcanzado un «acuerdo de paz», y el presidente Donald Trump lo confirmó en Truth Social declarando que el pacto estaba «cerrado» con el mensaje «¡Que fluya el petróleo!».
Sin embargo, la realidad detrás del anuncio es considerablemente más frágil de lo que sugieren esas palabras.
«Aún no hay un texto definitivo y lo que circulan son versiones de los dos lados que no coinciden», advirtió este lunes el analista Nacho Montes de Oca en un extenso hilo en X que desmenuzó punto por punto el estado real de las negociaciones.
La firma formal está prevista para el viernes 19 en Suiza, pero el principal obstáculo es que el ayatolá Mojtaba Jamenei no ha aprobado formalmente ningún documento.
Lo que existe en la práctica no es un tratado, sino un memorando de entendimiento preliminar que establece una moratoria de 60 días para continuar negociando los puntos más espinosos.
Trump anunció el levantamiento del bloqueo naval sobre el Estrecho de Ormuz, pero Irán todavía no ha oficializado esa reapertura.
El punto más crítico sin resolver es el programa nuclear iraní: Washington exigía una moratoria de 20 años al enriquecimiento de uranio, mientras Teherán proponía entre cinco y 15 años.
Irán posee aproximadamente 440-450 kg de uranio enriquecido al 60%, cantidad técnicamente cercana al umbral para fabricar un arma. «No queda claro cuál es el mecanismo por el cual Estados Unidos puede forzar la entrega del uranio enriquecido», señaló Montes de Oca.
Otro flanco abierto es el Líbano. El apoyo iraní a Hezbolá desapareció del texto original del acuerdo, lo que complica cualquier cese del fuego, dado que Israel rechaza condicionantes a su ofensiva y no se considera parte del memorando.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declaró que sus fuerzas no se retirarán del sur del Líbano. En ese sentido, también se pronunció el ministro de Defensa, Israel Katz. «Israel tiene que ceder pero no recibe nada a cambio», resumió el analista.
También circulan rumores —no confirmados— de una compensación económica inmediata a Irán, además del acceso a unos 24,000 millones de dólares en activos congelados y alivio de sanciones en un plazo de 60 días tras la firma.
El anuncio sí tuvo un efecto concreto: el barril de petróleo Brent cayó hasta los 81 dólares ante la perspectiva de menor conflictividad, un alivio para la economía global impulsado en parte por las monarquías petroleras del Golfo que respaldaron las negociaciones.
El acuerdo contrasta de manera llamativa con las promesas que Trump hizo al pueblo iraní el 28 de febrero de 2026, cuando lanzó la Operación Furia Épica junto a Israel: «Cuando terminemos, tomen el control de su gobierno. Será suyo para tomarlo».
Trump llegó incluso a hablar de «cambio de régimen». El pacto actual, en cambio, deja al régimen de los ayatolás en el poder, militarmente debilitado pero políticamente intacto.
Voces críticas dentro del propio campo republicano han atacado el acuerdo con dureza. El exsecretario de Estado Mike Pompeo lo calificó de «para nada América Primero» el 24 de mayo, comparándolo con el pacto negociado por Barack Obama en 2015.
El exasesor de Seguridad Nacional John Bolton fue aún más directo: advirtió que «los ayatolás habrán ganado una victoria significativa» y que Irán quedaría «de vuelta en el camino hacia las armas nucleares».
La paradoja es notable: los mismos halcones que en 2018 apoyaron la salida de Trump del acuerdo nuclear de Obama ahora critican el nuevo pacto por parecerse demasiado a aquel, con la diferencia de que en 2026 el programa nuclear iraní está mucho más avanzado.
«En cualquier caso lo que tenemos es un anuncio sin la certeza de su aplicación práctica», concluyó Montes de Oca, sintetizando lo que la plataforma de apuestas Polymarket estimaba en torno al 57% de probabilidades de que se concrete un acuerdo nuclear antes del 30 de junio.
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