Vecinos del Reparto Zamora, en Marianao, La Habana, aparecen en un video publicado en Facebook partiendo madera con un hacha en mal estado para encender fogones rudimentarios, ante la total ausencia de gas doméstico y cortes eléctricos que se extienden por horas.
La grabación, difundida por Mayker Jiménez Pelegrín, resume en 42 segundos la odisea de cocinar en Cuba en medio de la peor crisis energética que atraviesa la isla en décadas.
«Aquí ya no hay pacabón, aquí hay que preparar la comida con lo que haya», narra el autor mientras muestra a sus vecinos en plena faena.
«El hacha no corta, pero bueno, ahí a base de trastazo ahí se va», agrega, describiendo el esfuerzo físico que implica una tarea que debería ser cotidiana y sencilla. La escena cierra con una frase que condensa el agotamiento colectivo: «Ya estamos así, señores, aquí no hay más nada que hablar, poca vez que resolver».
Zamora no es un caso aislado. Este mismo barrio fue escenario de protestas el 8 de junio tras seis días consecutivos de apagones de 21 horas diarias y sin agua corriente.
El Sistema Eléctrico Nacional opera con un déficit de generación de entre 2,015 y 2,040 megavatios frente a una demanda pico de 3,050 MW, lo que se traduce en cortes de entre 12 y 22 horas diarias en muchas zonas del país.
A la crisis eléctrica se suma la virtual desaparición del gas licuado del mercado formal. En el mercado informal, una balita de gas puede costar hasta 50 dólares, cifra inaccesible para la mayoría de los cubanos.
El gobierno suspendió indefinidamente la distribución de gas en el Oriente del país en enero de 2026 por falta de suministro, y aunque en mayo reactivó temporalmente la venta en La Habana con unos 15,000 cilindros diarios, la cifra resultó insuficiente frente a la demanda.
Más de 9 millones de cubanos cocinan sin acceso estable a gas o electricidad, recurriendo a fogones de leña, carbón vegetal, hojas secas de almendrón o extintores vacíos reconvertidos.
El propio Miguel Díaz-Canel pidió en marzo de 2026 garantizar materiales para cocinar «desde carbón vegetal hasta leña», normalizando de facto un retroceso histórico que el régimen había prometido superar.
El aire que respiran los cubanos no solo se contamina con el humo de los fogones improvisados. El colapso de los servicios de recogida de basura —por falta de combustible para los camiones de Servicios Comunales— ha derivado en incendios de desechos en calles y barrios de todo el país.
Los basureros arden en Holguín, el vertedero «El Bote» en La Habana genera humo tóxico de forma recurrente, y en Santos Suárez los propios vecinos quemaron montones de basura durante protestas por cortes de hasta 22 horas el 19 de junio.
La combustión de leña, carbón y plásticos en entornos urbanos emite partículas tóxicas que aumentan el riesgo de enfermedades respiratorias crónicas y problemas cardiovasculares, especialmente en niños y ancianos.
La descripción del video de Jiménez Pelegrín lo anticipa sin rodeos: «la situación obliga a todos a respirar un aire contaminado».
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