Carlos Colmenares, de 12 años, sobrevivió más de 120 horas atrapado bajo los escombros de un edificio de nueve plantas en Macuto, estado La Guaira, tras el devastador terremoto que sacudió Venezuela el 24 de junio de 2026.
Su relato, difundido este jueves por Globovisión con imágenes de Actualidad RT, estremece por la lucidez con la que un niño enfrentó solo la probabilidad de la muerte.
Cuando el doblete sísmico —magnitudes 7.2 y 7.5, separados por apenas 39 segundos— destruyó su hogar, Carlos reaccionó en fracciones de segundo.
«Todo empezó a moverse violentamente, veía las luces tambaleándose, veía como todo empezaba a temblar fuerte. Pensé lo más rápido que pude y me escondí debajo de una mesa», relató el menor. Esa mesa fue la estructura que impidió que los escombros le aplastaran el rostro.
Atrapado en la oscuridad total, encendió la linterna de su teléfono para memorizar el espacio antes de que se agotara la batería.
«Agarré mi teléfono, prendí la linterna y la pasé por todo alrededor mío. Así cuando se le acabara la batería pudiera tener como una especie de mapa mental. Aquí está la pared, aquí está el mueble y ahí está la nevera», explicó.
Durante cinco días, Carlos apenas tuvo espacio para girar el cuerpo. Para evitar que sus músculos se entumecieran, alternaba entre dos posiciones y movía las piernas periódicamente.
«Así para que no me inmovilizara el cuerpo, no se me durmiera o apagara», dijo. Su única fuente de alimento fue un frasco de salsa picante que encontró junto a él: «Lo único que pude tomar para saciarla fue un frasco así de salsa picante».
La oscuridad absoluta fue una de las pruebas más duras. «Cuando yo abría los ojos era lo mismo que como los tenía cerrados. Era como si estuviera ciego y eso era algo desesperante, pero yo me pude controlar y no gasté más energía», recordó el niño.
Mientras Carlos aguantaba bajo los escombros, su padre buscaba con picos y palas, encontrando únicamente cuerpos de vecinos sin vida.
El rescate llegó cuando el menor ya estaba al límite: «Ya llevaba mucho tiempo gritando, ese momento yo tenía la voz cansada y ya estaba rindiéndome de todo. Ya me iba a rendir, pero un trabajador me escuchó y ahí fue que me identificaron y me pudieron sacar».
El operativo fue ejecutado por el equipo USAR ECU-01 de los Bomberos de Quito, integrado por 47 especialistas ecuatorianos, en coordinación con rescatistas de República Dominicana y personal venezolano.
Para localizarlo emplearon cámaras endoscópicas especializadas antes de suministrarle oxígeno e hidratación mediante sondas. Carlos fue el único sobreviviente de su edificio.
El rescate del menor se produce en el marco de la peor catástrofe sísmica en Venezuela desde 1900.
El balance actualizado a este jueves registra más de 2,295 fallecidos, 11,267 heridos y hasta 68,000 desaparecidos, con casi 59,000 edificios dañados o destruidos según estimaciones de la NASA.
Entre las víctimas figuran al menos 32 cubanos desaparecidos, y una familia cubana de seis integrantes fue hallada sin vida el 29 de junio en La Guaira.
El comandante Esteban Cárdenas Varela, de los Bomberos de Quito, resumió el espíritu del operativo con una frase que circuló ampliamente: «Aquí no estamos viendo banderas, lo único que estamos es tratando de salvar vidas. ¡Nosotros no conocemos de banderas, ni de fronteras!»
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