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Me encontraba en una celda de aislamiento de la prisión de Mar Verde, en Santiago de Cuba, cuando una mañana una funcionaria del Ministerio del Interior inició su turno de guardia. Se acercó con cautela, casi temblando, y en un susurro apenas audible me preguntó:
—José Daniel, ¿conoces a Mayeta?
Llevaba varios meses en aislamiento casi absoluto, sin contacto con el exterior. El único Mayeta que acudió a mi memoria fue Yosmany Mayeta Labrada, activista de derechos humanos y periodista independiente nacido en el barrio santiaguero de Altamira.
—Conozco a un Mayeta que es periodista, defensor de los derechos humanos y que ahora vive en Washington —respondí.
—Sí, ese mismo —confirmó.
Miró a ambos lados para asegurarse de que nadie más escuchara y, bajando aún más la voz, añadió:
—Todo lo que dice es verdad.
Aquella breve confesión quedó guardada en mi memoria. Una funcionaria de la maquinaria represiva reconocía, a escondidas, que las denuncias de Mayeta eran ciertas. En Cuba, decir la verdad puede costar muy caro. Puedes terminar en prisión o hasta perder la vida.
Aquella carcelera osada, terminó siendo expulsada del MININT por su simpatía hacia otro preso político del 11 de julio de 2021.
El 16 de enero de 2025, tras más de tres años y medio en prisión, fui excarcelado. Al regresar a Altamira, el mismo barrio donde Yosmany nació y creció, retomé de inmediato el activismo social y humanitario de la Unión Patriótica de Cuba. Junto a mi esposa, otros miembros de la UNPACU y colaboradores, comenzamos a distribuir alimentos a personas sumidas en la miseria extrema. La Dra Nelva Ortega brindaba, además, atención médica primaria a enfermos y ancianos vulnerables. Apenas tres días después, una mujer que esperaba en la fila exclamó con fuerza:
Era la primera vez que escuchaba aquella expresión. Tras años de encierro y aislamiento, ignoraba que se había convertido en un grito popular en Santiago de Cuba. Mi esposa me explicó que se repetía constantemente y que incluso existía una canción de música urbana dedicada al periodista.
En los días siguientes la oí una y otra vez. Busqué en las redes y comprendí su profundo significado. Ante un abuso policial, un apagón interminable, una calle destrozada, una fila interminable para conseguir comida o cualquier injusticia, muchos santiagueros gritan: «¡Súbelo Mayeta!»
Esa frase se ha transformado en sinónimo de denuncia, reclamo y desahogo. Significa: hazlo público, que el mundo lo sepa, que el atropello no quede impune. Es el pueblo condensando en dos palabras su dolor, su frustración y su rechazo a la dictadura. Es, también, la prueba irrefutable del enorme vacío que deja la prensa oficial, que no representa a los ciudadanos, sino que encubre a quienes lo oprimen.
Nada más recuperar la libertad, me comuniqué con Mayeta, mi amigo y hermano de lucha y le conté la historia sobre la conversación en la cárcel y de cómo conocí la frase "Súbelo Mayeta". Nuestra conexión se había roto con mi encarcelamiento del 11 de julio de 2021. Poco después fui preso nuevamente y, tras otro 'viacrucis' de golpizas, torturas y humillaciones en la prisión de "Mar Verde", salí directamente de la prisión al aeropuerto "Antonio Maceo" rumbo al exilio en Miami.
En mi primer viaje a Washington, nos reencontramos en un lugar cargado de simbolismo: frente al monumento a Abraham Lincoln. Allí recordé al joven de 23 años que, hacia 2012, estudiaba Comunicación Social y comenzaba a trabajar con la UNPACU. Ya entonces destacaban en él tres cualidades importantes: talento, valor y una voluntad de hierro. No se conformaba con lo mediocre. Quería aprender, investigar, informar y dar voz a quienes no la tenían.
En la UNPACU creó el espacio "Cuba por Dentro", un proyecto de periodismo ciudadano que empezó denunciando la situación de los presos políticos y la dura realidad cotidiana de Santiago de Cuba, el Oriente y hasta La Habana.
Su equipo documentaba lo que la prensa del Partido Comunista ocultaba o tergiversaba. En Bayamo, mientras cubrían el 500 aniversario de la Ciudad, fueron detenidos varias horas por supuestamente violar el cordón de seguridad del entonces "vicepresidente" Miguel Díaz-Canel.
Mayeta fue también uno de los muchos detenidos durante la visita a Cuba del Papa Benedicto XVI, decenas de activistas y periodistas independientes fueron arrestados preventivamente para silenciar cualquier disidencia. La policía política sabia que era lo suficientemente audaz como para burlar sus "operativos".
Yosmany colaboró después con medios como CubaNet y 14ymedio. Salió al exilio en 2019. Desde Estados Unidos siguió denunciando sin tregua la represión, la pobreza, el abandono y los abusos sistemáticos del régimen. Su trabajo lo convirtió en una figura especialmente incómoda para las autoridades del régimen en Santiago de Cuba.
Hace poco enfrentó el riesgo real de deportación. De haber sido devuelto a Cuba, lo habrían encarcelado y represaliado con saña. Dos brillantes abogadas asumieron su defensa, mientras periodistas, activistas, organizaciones y amigos intercedían ante las instituciones estadounidenses. Finalmente, obtuvo el perdón administrativo que permitió desestimar el proceso.
Hoy Mayeta nos honra con su presencia en Miami. Llegó desde Washington para participar en las actividades por el quinto aniversario del 11 de julio de 2021, cuando miles de cubanos salimos a las calles exigiendo libertad, justicia y mejores condiciones de vida. Y trajo consigo camisetas con el rostro del prisionero político del 11J, Sadiel Cintra de la Cruz, cubano que residía en Estados Unidos y estando de visita en Cuba fue condenado a 10 años de prisión. Precisamente el preso político con quien simpatizaba la carcelera expulsada ¿coincidencias de la vida?
Algún día Mayeta regresará a su tierra. Pero no esposado, ni entregado a sus verdugos. Regresará a una Cuba libre. Hasta entonces, cada vez que un santiaguero grite «¡Súbelo Mayeta!», no estará invocando solo el nombre de un periodista. Estará exigiendo que la verdad salga a la luz y proclamando, con determinación, que el pueblo cubano, a pesar del miedo, la censura y la represión brutal, se niega a callar.
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