
Piezas deformadas, aplastadas y cubiertas de grandes manchas oscuras: así luce el pan que una panadería del reparto Cuabitas, en Santiago de Cuba, distribuyó este martes a través de la libreta de racionamiento.
Las imágenes, publicadas por el periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada, provocaron una ola de indignación entre los vecinos de la zona y en redes sociales.
Mayeta ironizó sobre el estado del producto recurriendo al refrán cubano «Guarda pan pa' mayo y malhoja pa' tu caballo», señalando que aunque el pan parece guardado durante meses, en realidad fue elaborado ese mismo día en una panadería local destinada a surtir la cuota normada.
Los testimonios de los residentes reflejan una mezcla de vergüenza e impotencia. «Tengo 68 años y nunca pensé que llegaría el día en que nos dieran un pan con este aspecto. Antes había escasez algunas veces, pero al menos el pan era pan. Hoy da vergüenza recoger la cuota», declaró una anciana de la zona.
Un jubilado del mismo reparto describió la situación con crudeza: «Con la chequera que cobro no puedo comprar otro. Me lo llevo porque no tengo opción, pero esto no tiene calidad ni respeto para el pueblo».
Lo que resulta especialmente revelador es la comparación que hacen los propios vecinos: aseguran que el pan elaborado por vendedores particulares clandestinos —conocidos popularmente como merolicos— tiene mejor presentación, más consistencia y mejor sabor que el distribuido por el Estado.
Una realidad que evidencia el colapso de un servicio que el régimen lleva décadas presentando como conquista social.
La denuncia de Cuabitas no es un hecho aislado. En junio de este año, la Panadería La Indiana en Santiago de Cuba fue señalada por distribuir pan normado con coloración verdosa por moho, olor agrio y textura en descomposición.
En julio, en Guantánamo se reportó pan con acidez, sin grasa ni sal y con puntos negros, y se confirmó que parte de la harina se mezcla con yuca, boniato o maíz.
Detrás de la mala calidad hay una crisis estructural de abastecimiento. Cuba necesita alrededor de 20,000 toneladas mensuales de harina para garantizar el pan de la libreta, pero en junio de 2026 solo había llegado una de las seis embarcaciones de trigo contratadas para todo el año.
En febrero, panaderías de Holguín volvieron a usar hornos de leña por falta de electricidad y combustible, alcanzando apenas al 50% de la población.
El deterioro también se mide en gramos y en pesos. En septiembre de 2024, el régimen redujo el gramaje del pan subsidiado de 80 a 60 gramos por la escasez de harina. Para mayo de 2026, en algunas bodegas la ración había caído a 40 gramos y el precio se multiplicó de 0,05 a 0,75 pesos cubanos.
A partir del 2 de julio, la Empresa Cubana del Pan aplicó nuevos aumentos en La Habana: el pan de 400 gramos pasó de 240 a 500 pesos cubanos.
Santiago de Cuba es una de las provincias más golpeadas: en junio de 2025 recibía solo dos rastras de harina en días alternos, frente a un consumo estimado de 25 toneladas diarias.
Las denuncias de pan deformado y quemado en esa ciudad se remontan al menos a febrero de 2025, lo que convierte lo ocurrido este martes en Cuabitas en un capítulo más de una crisis que el Estado no muestra voluntad de resolver.
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