Díaz-Canel habla por un pueblo que no pudo elegirlo y asegura que este defenderá «su autodeterminación»

Miguel Díaz-Canel durante su discurso Foto © Facebook / Presidencia Cuba

Miguel Díaz-Canel volvió a hablar en nombre de millones de cubanos para atribuirles una voluntad política colectiva: resistir, defender el socialismo y, llegado el caso, movilizarse para proteger la supuesta “autodeterminación” del país.

“Cuba no ha claudicado”, afirmó durante un reciente discurso antes de asegurar que entre las respuestas del país está “la defensa de todo el territorio con un pueblo convertido en milicias y dispuesto a defender su autodeterminación, su independencia y la soberanía”.

Pero ¿quién le otorgó a Díaz-Canel el derecho a decidir qué están dispuestos a defender todos los cubanos?

La pregunta resulta particularmente pertinente en un país donde el gobernante no llegó al poder mediante unas elecciones presidenciales libres, directas y pluripartidistas en las que los ciudadanos pudieran escoger entre candidatos y proyectos políticos rivales.

Díaz-Canel fue elegido presidente por la Asamblea Nacional dentro del sistema institucional cubano, pero los cubanos nunca han podido decidir en las urnas si prefieren que gobierne él u otro candidato opositor, ni escoger entre la continuidad del sistema socialista y una alternativa política diferente.

Por eso, cuando el gobernante habla de “autodeterminación”, cabe plantear otra pregunta: ¿qué autodeterminación?

¿En qué elección competitiva pudieron los cubanos decidir libremente que el Partido Comunista debía continuar como fuerza política única dirigente del Estado? ¿Cuándo pudieron votar entre socialismo y otro modelo? ¿En qué momento pudieron elegir directamente a Díaz-Canel frente a candidatos de la oposición?

La soberanía de un país no debería confundirse con la permanencia de un gobierno ni con la supervivencia durante décadas de un sistema o proyecto político determinado.

Y la autodeterminación no puede limitarse al derecho del Estado cubano a rechazar presiones extranjeras mientras dentro de la isla se impide a los ciudadanos determinar libremente, mediante pluralismo político, quién los gobierna.

Resistir apagones, inflación y colas

La contradicción se vuelve todavía más evidente porque Díaz-Canel reconoció inmediatamente después algunas de las condiciones que soporta la población.

Sí, tenemos muchas carencias. Nos agobian los apagones, la falta de agua, la inflación y las colas”, admitió.

Pero esas privaciones volvieron a aparecer en su discurso no como razones para cuestionar la gestión del poder, sino como escenario de otra demostración de resistencia.

“Ninguna carencia material ha apagado la llama de la solidaridad”, afirmó.

Más adelante fue todavía más explícito al atribuir al pueblo una voluntad política favorable a la continuidad del sistema.

La respuesta del pueblo, bajo la conducción del Partido Comunista de Cuba, ha sido la resistencia firme y creativa, la unidad, la defensa de sus conquistas [...] sin renunciar jamás a los principios del socialismo y sin ceder a presiones ni chantajes”, dijo, para después hablar también del “heroico pueblo cubano”.

El esquema se repite: el régimen reconoce las penurias y después las convierte en resistencia; reconoce el sacrificio y lo transforma en heroísmo; habla de soberanía y la identifica con la defensa del sistema; habla de autodeterminación mientras niega la posibilidad de que esa autodeterminación se exprese mediante una competencia política abierta.

¿Y si una parte del pueblo no quiere seguir “resistiendo”?

Cuba no es una sociedad políticamente uniforme, por más que el discurso oficial insista en hablar de “el pueblo” como una sola voz.

Las protestas del 11 de julio de 2021 dejaron una evidencia difícil de borrar: miles de ciudadanos salieron a las calles para expresar un descontento que incluía demandas políticas y gritos de “libertad”. La respuesta estatal incluyó detenciones y posteriores condenas de prisión para numerosos manifestantes.

También están los cubanos que han emigrado, los opositores, los presos políticos, los activistas, los periodistas independientes y quienes simplemente no comparten el proyecto socialista.

¿Forman ellos parte del “pueblo” cuando Díaz-Canel habla en su nombre?

¿Están también “dispuestos” a defender el sistema que los persigue, censura o excluye políticamente? ¿O la categoría de “pueblo” deja de incluirlos precisamente cuando expresan una voluntad distinta de la que el régimen les atribuye?

Díaz-Canel tiene derecho a defender el socialismo y a pedir a quienes comparten sus ideas que lo defiendan. Lo que resulta mucho más cuestionable es apropiarse de la voluntad de toda una nación y presentar como decisión colectiva algo que los ciudadanos nunca han podido resolver mediante unas elecciones libres, competitivas y pluripartidistas.

Porque si el gobierno está tan seguro de que el pueblo cubano quiere resistir, sacrificarse y defender las "conquistas de la revolución" y el socialismo, existe una forma mucho más convincente de demostrarlo que repetirlo desde una tribuna: permitir que los cubanos hablen por sí mismos y lo decidan libremente en las urnas.

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Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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