
Algo parece estar moviéndose en la política española hacia Cuba. En apenas unos días, dos mensajes procedentes de distintos espacios de la derecha han apuntado en una misma dirección: España debería abandonar la política actual hacia La Habana y desempeñar un papel más activo en favor de un cambio democrático en la isla.
El primero llegó de Alberto Núñez Feijóo. El líder del Partido Popular (PP) afirmó que, si alcanza la presidencia del Gobierno, España trabajará junto a Estados Unidos para conseguir que «la prosperidad y la libertad llegue a Cuba».
No fue una declaración aislada sobre política internacional. Feijóo acusó al Gobierno de Pedro Sánchez de mantener durante los últimos años una política exterior de apoyo a las dictaduras de Venezuela y reivindicó una relación diferente con Cuba, país con el que, recordó, España mantiene vínculos históricos especiales.
Casi simultáneamente, Foro Madrid presentó un conjunto de propuestas mucho más detallado para cambiar la política de España y la Unión Europea hacia el régimen cubano.
La plataforma internacional, impulsada por la Fundación Disenso —vinculada a VOX y presidida por Santiago Abascal— reclama condicionar las relaciones con La Habana a avances hacia una transición democrática, revisar la cooperación europea, retirar respaldo público a negocios relacionados con el conglomerado militar GAESA y aumentar la vigilancia sobre posibles movimientos financieros de integrantes de la cúpula cubana.
Son posiciones procedentes de actores políticos diferentes y no constituyen un programa conjunto de gobierno. Pero su coincidencia permite plantear una pregunta que podría adquirir creciente relevancia ante las próximas elecciones generales, previstas para 2027 si no hay adelanto electoral: ¿qué ocurriría con la política española hacia Cuba si la derecha llega a La Moncloa?
Del diálogo a la presión política
Durante los gobiernos de Pedro Sánchez, España ha mantenido una política de diálogo con La Habana, cooperación económica y defensa de la interlocución europea con las autoridades cubanas.
En octubre de 2025, el Gobierno español aprobó una nueva reestructuración de deuda cubana por 193,4 millones de euros y reactivó un programa de conversión de deuda de hasta 375 millones. España también mantiene importantes relaciones comerciales y empresariales con la isla.
El PP está enviando señales de que esa política podría cambiar.
Además de las últimas declaraciones de Núñez Feijóo, desde 2020 los populares han pedido que España impulse en la Unión Europea la suspensión del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con Cuba (ADPC), principal marco de las relaciones entre Bruselas y La Habana.
La evolución resulta especialmente significativa en el caso del propio Feijóo.
Durante su etapa como presidente de la Xunta de Galicia mantuvo una relación pragmática con las autoridades cubanas. En 2016 visitó La Habana, se reunió con el canciller Bruno Rodríguez Parrilla y destacó los vínculos históricos entre Galicia y Cuba.
El discurso actual es considerablemente diferente: habla de libertad para Cuba, cuestiona la política de Sánchez y plantea explícitamente trabajar junto a Estados Unidos.
VOX plantea ir mucho más lejos
Las propuestas recogidas por Foro Madrid permiten observar hacia dónde podría desplazarse todavía más esa política desde el espacio político relacionado con VOX.
En su informe Cuba: un régimen criminal sostenido desde el exterior, Foro Madrid sostiene que España y la UE deben dejar de proporcionar recursos que puedan contribuir a la supervivencia del régimen.
Entre sus propuestas figura impedir que fondos de cooperación sean controlados por instituciones estatales cubanas, evitar respaldo público a inversiones vinculadas a GAESA, aumentar la presión por la liberación de presos políticos y condicionar las relaciones con La Habana a avances hacia una transición democrática.
También plantea que España utilice sus herramientas contra el blanqueo de capitales cuando corresponda y refuerce la coordinación de policías, jueces, fiscales y servicios de inteligencia ante posibles redes financieras o criminales relacionadas con integrantes del régimen.
La organización propone, además, preparar a España para desempeñar un papel económico y político relevante en una eventual Cuba democrática.
Foro Madrid no es VOX ni sus propuestas pueden trasladarse automáticamente a un futuro programa gubernamental. Pero la plataforma fue impulsada por la Fundación Disenso, vinculada al partido de Santiago Abascal, por lo que sus planteamientos constituyen una referencia relevante para observar el debate sobre Cuba dentro de ese espacio político.
El escenario de un Gobierno PP-VOX
Las próximas elecciones generales de 2027 —si no se adelantan— determinarán si este cambio discursivo permanece en la oposición o puede trasladarse a la política exterior española.
Un eventual Gobierno encabezado por el PP, ya sea en solitario o mediante algún acuerdo con VOX, abriría un escenario potencialmente muy diferente para las relaciones entre Madrid y La Habana.
No existe actualmente un programa común PP-VOX sobre Cuba que permita anticipar todas las decisiones que adoptaría ese hipotético Ejecutivo. Tampoco todas las propuestas de Foro Madrid serían necesariamente asumidas por un Gobierno en el que participara la formación de Abascal.
Sin embargo, existen ya puntos de convergencia importantes: una posición más crítica hacia el régimen cubano, mayor énfasis en los presos políticos y la transición democrática, cuestionamiento de la actual política europea hacia La Habana y una mayor disposición a coordinarse con Estados Unidos.
El alcance real del cambio dependería también de la correlación de fuerzas dentro de un eventual Gobierno. Un Ejecutivo del PP en solitario podría adoptar una política diferente de la que resultaría de una coalición o un acuerdo parlamentario con VOX.
Washington entra en la ecuación
Probablemente una de las señales más relevantes de las declaraciones de Feijóo sea su referencia explícita a Estados Unidos.
El presidente del PP no habló únicamente de cambiar la política española. Dijo que España debería actuar «junto con EE.UU.» para conseguir libertad y prosperidad para Cuba.
Feijóo ya conversó en febrero con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y aseguró entonces que España volvería a ser «un socio fiable» para sus aliados.
A ese escenario se suma un elemento con especial simbolismo para Cuba: el actual embajador de Estados Unidos en España, Benjamín León Jr., es cubanoamericano, emigró de la isla en 1961 y fue escogido por Donald Trump para representar a Washington en Madrid.
León fue confirmado por el Senado estadounidense en diciembre de 2025, juró el cargo en febrero ante el secretario de Estado Marco Rubio y, en su primer mensaje desde España, destacó la política exterior de Trump y su intención de reforzar la cooperación entre ambos países.
Su actividad desde que asumió el puesto también ha tocado directamente el expediente cubano. Antes de instalarse en Madrid se reunió en Miami con Mike Hammer, jefe de la misión diplomática estadounidense en Cuba, y en mayo recibió al opositor cubano José Daniel Ferrer, junto a Javier Larrondo, presidente de Prisoners Defenders, y Guillermo Ponce, presidente de la Asociación de Médicos Cubanos en España, en un encuentro que la Embajada estadounidense vinculó a la situación de la libertad en Cuba.
La presencia de León en Madrid añade así otra pieza al nuevo escenario: si España experimentara un giro político tras las próximas elecciones, Washington ya cuenta en la capital española con un embajador cubanoamericano que ha incorporado públicamente la cuestión cubana a su agenda diplomática.
Una eventual llegada del PP al Gobierno podría, por tanto, acercar la posición española hacia Cuba a la estrategia de Washington, aunque la intensidad de esa coordinación dependería de las decisiones concretas que adoptara el nuevo Ejecutivo.
Para La Habana, ese cambio tendría especial importancia. España no es solamente uno de sus principales socios europeos: mantiene profundos vínculos económicos, empresariales, diplomáticos y humanos con Cuba y tradicionalmente ha ejercido una influencia considerable en la definición de la política europea hacia la isla.
La batalla podría trasladarse a Bruselas
El posible giro español tendría consecuencias que irían más allá de las relaciones bilaterales.
España por sí sola no puede suspender el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre Cuba y la UE ni decidir toda la política comunitaria hacia La Habana. Pero un Gobierno español dispuesto a endurecer esa relación podría utilizar su peso diplomático para buscar apoyos entre otros Estados miembros.
El PP ya ha pedido utilizar precisamente ese escenario europeo para aumentar la presión sobre las autoridades cubanas.
Un cambio de posición en Madrid podría abrir debates sobre el futuro del ADPC, las condiciones de la cooperación europea, la relación con instituciones estatales cubanas y la respuesta de Bruselas ante las violaciones de derechos humanos.
Eso convertiría un cambio político español en un problema potencialmente mucho mayor para La Habana.
Cooperación, deuda y GAESA
Las consecuencias también podrían sentirse en el terreno económico.
España ha reestructurado y condonado durante décadas importantes cantidades de deuda cubana, mantiene programas de cooperación y cuenta con cientos de empresas con intereses en la isla.
Un Gobierno que adoptara algunos de los planteamientos actualmente defendidos desde la derecha podría revisar las futuras reestructuraciones de deuda, las garantías públicas para determinadas operaciones empresariales y los proyectos en los que participen entidades relacionadas con GAESA.
También podría modificar los mecanismos de cooperación para intentar que una mayor parte de los recursos llegue directamente a organizaciones independientes o a la población sin pasar por estructuras estatales.
Eso no significaría necesariamente el final de la cooperación española con Cuba. El cambio podría estar en quién recibe los recursos, bajo qué condiciones y con qué grado de participación del Estado cubano.
Un cambio todavía hipotético, pero con señales visibles
Queda mucho por determinar. Las próximas elecciones no se han celebrado, un Gobierno PP-VOX es solo uno de los escenarios posibles y no existe todavía una política común hacia Cuba negociada entre ambos partidos.
Pero las señales políticas empiezan a acumularse.
Feijóo promete trabajar con Estados Unidos para llevar «prosperidad y libertad» a Cuba. El PP reclama revisar el marco de relaciones entre la UE y La Habana. Y Foro Madrid, desde el espacio político vinculado a VOX, propone una estrategia todavía más profunda de presión económica, diplomática y financiera sobre el régimen.
Por separado, cada elemento tiene su propia dimensión. Observados conjuntamente, apuntan a un desplazamiento del eje de la derecha española respecto a Cuba y anticipan una discusión que podría cobrar especial importancia si se produce una alternancia política en España.
Para el régimen cubano, lo que ocurra en las próximas elecciones españolas podría tener consecuencias que trasciendan con mucho un cambio de interlocutor en La Moncloa.
En juego estarían la cooperación, las relaciones financieras y empresariales, la posición española dentro de la Unión Europea y, sobre todo, la posibilidad de que Madrid pase de privilegiar el diálogo con La Habana a coordinar una política de mayor presión junto a Washington.
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