Ucrania ha intensificado en los últimos días sus ataques en profundidad contra objetivos logísticos, industriales y militares en territorio ruso, en una campaña que muestra el creciente alcance de sus armas de fabricación nacional y coincide con progresos de las fuerzas de Kiev en algunos sectores del frente.
Uno de los golpes más importantes ocurrió durante la madrugada de este domingo en Koledino, cerca de Podolsk, al sur de Moscú, donde drones ucranianos alcanzaron un enorme centro logístico de Wildberries, el gigante ruso del comercio electrónico.
El ataque provocó un incendio de grandes proporciones en el complejo, según imágenes difundidas en redes sociales y reportes de medios internacionales. El portal ucraniano de noticias UA.NEWS confirmó que un almacén de Wildberries se incendió durante una de las mayores ofensivas aéreas ucranianas contra territorio ruso desde el comienzo de la guerra.
El complejo de Koledino ocupa unos 250.000 metros cuadrados y figura entre las mayores instalaciones logísticas de la compañía. Fire Point, empresa ucraniana de defensa, aseguró que en el ataque fueron utilizados drones FP-1 de largo alcance y sostuvo que la instalación era empleada para almacenar, clasificar y distribuir productos de doble uso.
El golpe resulta especialmente relevante porque Wildberries se ha convertido durante las últimas semanas en uno de los objetivos recurrentes de la campaña ucraniana contra la infraestructura logística rusa.
El Financial Times señaló este domingo que siete de los diez principales centros logísticos de la compañía han sido alcanzados durante el verano. La ofensiva ha afectado inventarios y las operaciones de vendedores que dependen de esta extensa red de distribución.
Algunos recuentos realizados a partir de fuentes abiertas sitúan en más de una veintena las instalaciones de Wildberries alcanzadas desde julio. Sin embargo, no todas sufrieron el mismo grado de daño y no existe hasta ahora un balance consolidado de la empresa que permita establecer con precisión las pérdidas económicas totales.
Las cifras publicadas por diferentes medios varían considerablemente dependiendo de si incluyen únicamente daños a edificios o también mercancías, pérdidas de vendedores y lucro cesante.
El ataque de este domingo contra Koledino adquiere además una dimensión simbólica: lleva la campaña ucraniana hasta uno de los principales nodos de distribución situados en los alrededores de la capital rusa.
Misiles Flamingo golpean la industria espacial rusa
Un día antes, Ucrania había ejecutado otro ataque de especial importancia estratégica, esta vez contra el Centro Espacial y de Cohetes Progress, en Samara.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, confirmó que en la operación fueron utilizados misiles de crucero FP-5 Flamingo fabricados en Ucrania. Autoridades rusas reconocieron un ataque de gran escala contra infraestructura industrial de la región y daños localizados.
Progress constituye una instalación especialmente sensible para Moscú porque participa en la fabricación de los cohetes Soyuz-2, utilizados para colocar en órbita satélites rusos, incluidos sistemas con aplicaciones militares.
Imágenes difundidas después del ataque mostraron incendios y columnas de humo sobre el complejo industrial. Analistas de fuentes abiertas identificaron impactos en áreas vinculadas a Progress y a instalaciones aeronáuticas próximas.
La relevancia militar potencial del golpe va más allá de los propios cohetes. Rusia utiliza lanzadores Soyuz para colocar en órbita satélites de reconocimiento, comunicaciones y otros sistemas empleados por sus Fuerzas Armadas. Progress también está relacionado con los lanzamientos previstos para Rassvet, una constelación rusa de comunicaciones por satélite semejante a Starlink.
El ataque contra Samara muestra además la evolución de la capacidad ucraniana para golpear objetivos situados a cientos de kilómetros del frente sin depender exclusivamente de armamento occidental.
Armas ucranianas para llevar la guerra al interior de Rusia
El FP-5 Flamingo forma parte de ese esfuerzo. El misil de crucero, desarrollado por la empresa privada Fire Point, ofrece a Kiev una herramienta de largo alcance producida dentro del país y cuyo empleo no está sujeto a las mismas restricciones políticas que determinadas armas suministradas por sus aliados.
A ello se suma la familia de drones ucranianos de largo alcance, que durante 2026 ha incrementado tanto su radio de acción como la frecuencia de los ataques.
La ofensiva del domingo fue una demostración de esa capacidad. Rusia aseguró haber interceptado 822 drones ucranianos en diferentes regiones, mientras cientos de aparatos fueron dirigidos hacia Moscú y otras zonas del país. Las cifras rusas sobre derribos no pudieron ser verificadas independientemente.
La estrategia ucraniana parece cada vez más orientada a atacar los sistemas que sostienen la capacidad rusa para continuar la guerra: refinerías, depósitos de combustible, instalaciones industriales, fábricas vinculadas al sector militar, aeródromos y grandes centros logísticos.
Kiev también reporta avances en el frente
La creciente presión sobre la retaguardia rusa coincide con señales de una desaceleración de los avances de Moscú y contraataques ucranianos en determinados sectores.
Zelenski afirmó esta semana que las fuerzas ucranianas han recuperado unos 745 kilómetros cuadrados desde finales de enero en operaciones desarrolladas principalmente en áreas de Dnipropetrovsk, Zaporiyia y Donetsk.
Evaluaciones independientes citadas por The Guardian coinciden en que Ucrania ha recuperado varias localidades y que algunos avances rusos recientes correspondieron a infiltraciones que posteriormente fueron rechazadas, aunque los combates continúan y Rusia mantiene presión ofensiva en distintos sectores.
Esto no significa que Ucrania haya revertido globalmente la situación militar ni que Rusia haya perdido su capacidad ofensiva. Moscú continúa lanzando grandes cantidades de drones y misiles contra ciudades e infraestructura ucraniana y mantiene importantes recursos humanos y materiales desplegados en el frente.
La diferencia está en que Kiev parece estar combinando ahora con mayor intensidad dos formas de presión: recuperar terreno o frenar a las fuerzas rusas en el campo de batalla y, simultáneamente, atacar a gran distancia la infraestructura que sostiene el esfuerzo bélico de Moscú.
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