
Durante buena parte de 2025 predominó en Washington y en varias capitales europeas una sensación de desgaste.
La guerra en Ucrania parecía encaminada a un conflicto prolongado, las dudas sobre la capacidad de Kiev para recuperar la iniciativa crecían y el respaldo occidental comenzaba a mostrar signos de fatiga.
Sin embargo, según recoge el medio de estadounidense POLITICO, en los últimos meses esa percepción ha empezado a cambiar de forma significativa.
La visita del presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, a Washington ha servido para visualizar ese giro.
Según diversos senadores estadounidenses que participaron en reuniones privadas con el mandatario, el mensaje de Kiev ya no gira únicamente en torno a la necesidad de seguir resistiendo, sino sobre la posibilidad real de ganar la guerra o, al menos, de situar a Rusia en una posición en la que no tenga más alternativa que negociar desde la debilidad.
Ese cambio de narrativa es importante porque modifica la lógica política del apoyo occidental. Durante años, buena parte de los aliados justificó la ayuda militar para impedir la derrota de Ucrania. Ahora empieza a consolidarse la idea de que un mayor respaldo puede acercar una victoria estratégica o acelerar un desenlace favorable para Kiev.
Un cambio visible en Washington
La evolución resulta especialmente llamativa en Estados Unidos. Hace apenas un año, la relación entre Zelenski y el presidente Donald Trump atravesaba uno de sus momentos más delicados. Hoy, el ambiente es muy distinto.
El respaldo del Senado a un nuevo paquete de sanciones contra los países que continúan comprando petróleo ruso representa una muestra del cambio político. Aunque la legislación todavía debe completar su recorrido parlamentario, la amplia mayoría obtenida refleja una creciente disposición del Congreso a aumentar la presión económica sobre Moscú.
El debate también ha evolucionado en el plano militar. Además de nuevas sanciones, Ucrania continúa solicitando licencias para fabricar componentes del sistema Patriot, un suministro estable de misiles interceptores PAC-3 y el mantenimiento del acceso a tecnologías estratégicas como Starlink para apoyar sus operaciones militares.
Paralelamente, el éxito de las operaciones ucranianas en el campo de batalla ha llevado a varios legisladores estadounidenses a afirmar públicamente que el impulso militar de Kiev está modificando la percepción sobre las posibilidades reales del conflicto.
Europa acelera su apoyo
El cambio no se limita a Washington. La Unión Europea también ha endurecido progresivamente su posición frente a Rusia.
En los últimos meses, varios gobiernos europeos han incrementado los compromisos de ayuda militar, han ampliado los programas de entrenamiento para soldados ucranianos y han reforzado la cooperación industrial en materia de defensa.
La estrategia europea responde tanto a la evolución del conflicto como a una convicción creciente de que una victoria rusa tendría consecuencias duraderas para la seguridad del continente.
En Bruselas gana peso la idea de que fortalecer a Ucrania resulta menos costoso que afrontar una Rusia reforzada tras una eventual imposición de sus objetivos militares.
Ese razonamiento ha impulsado nuevas inversiones en producción de armamento, sistemas antiaéreos, drones y municiones, además de acelerar proyectos para integrar la industria de defensa europea con las necesidades del ejército ucraniano.
Del apoyo defensivo a una estrategia para forzar negociaciones
Uno de los aspectos más relevantes del cambio de percepción consiste en que los aliados occidentales ya no hablan únicamente de ayudar a Ucrania a resistir.
Cada vez más responsables políticos sostienen que una combinación de presión económica, aislamiento diplomático y superioridad militar podría obligar al Kremlin a aceptar negociaciones en condiciones menos favorables para Moscú.
La apuesta por endurecer las sanciones energéticas busca precisamente aumentar el coste económico de la guerra para Rusia mientras Ucrania mantiene la presión sobre el terreno.
Persisten las incertidumbres
Pese al optimismo creciente, todavía existen importantes interrogantes.
En Estados Unidos, las nuevas sanciones aún deben superar varios obstáculos legislativos y conservar el respaldo de la Casa Blanca durante su aplicación. En Europa también persisten diferencias entre algunos gobiernos sobre el alcance de futuras medidas económicas y militares.
Además, la evolución del frente continúa siendo el principal factor que condicionará la política occidental. Un cambio brusco en la situación militar podría modificar nuevamente el clima político tanto en Washington como en Bruselas.
Una percepción que puede influir en el desenlace
Las guerras no se deciden únicamente sobre el terreno. También dependen de la voluntad política de quienes sostienen el esfuerzo militar y económico.
En ese sentido, el cambio de percepción que empieza a consolidarse en Estados Unidos y en la Unión Europea constituye uno de los acontecimientos políticos más relevantes desde el inicio de la invasión rusa.
Si ese consenso continúa fortaleciéndose y se traduce en nuevas capacidades militares, mayor presión económica sobre Moscú y un respaldo sostenido a Kiev, Ucrania podría afrontar la siguiente fase del conflicto con una posición internacional considerablemente más sólida que la que tenía hace apenas un año.
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