
El régimen iraní evalúa golpear bases militares estadounidenses en suelo europeo si Donald Trump decide intensificar la ofensiva, según reveló este miércoles el diario Financial Times citando dos fuentes del gobierno de Teherán.
Entre los posibles objetivos figuran activos de Estados Unidos en el sureste de Europa, con especial atención a Bulgaria, que el mes pasado autorizó el uso de su base aérea de Bezmer para aviones de reabastecimiento estadounidenses, y a Chipre, cuya base aérea británica de Akrotiri fue alcanzada por un dron en marzo de este año.
Las mismas fuentes indicaron que las fuerzas iraníes también han sopesado atacar cables submarinos de fibra óptica en el estrecho de Ormuz como medida de represalia ante una posible escalada del conflicto.
El Financial Times subraya que estas amenazas reflejan un estado de ánimo desafiante en Teherán, donde amplios sectores del régimen dan por inevitable una reanudación de la guerra a gran escala.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y otros mandos militares han advertido que, en un nuevo enfrentamiento de gran envergadura, Irán abandonaría su estrategia anterior —centrada en atacar activos militares e infraestructuras energéticas en Oriente Medio— para apuntar a objetivos mucho más lejanos.
Expertos consultados por el diario británico señalan que Teherán podría desplegar misiles balísticos de medio alcance de la serie Shahab contra posiciones estadounidenses en el sur y sureste del continente europeo.
En paralelo, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, el general Ali Abdollahi, lanzó este miércoles una advertencia directa a los países del Golfo Pérsico: «Advertimos: cualquier ayuda o facilitación prestada al ejército agresor de EE.UU. se considerará como participación con las fuerzas militares estadounidenses».
Abdollahi añadió que «nada escapa a nuestra atención» en referencia a las actividades militares de Washington en la región.
La advertencia llega en medio de una nueva crisis entre Irán y Emiratos Árabes Unidos: Abu Dabi acusó a Teherán de haber lanzado dos misiles balísticos contra su territorio y, como respuesta, suspendió todas sus relaciones comerciales, intercambios mercantiles y transacciones financieras con el país persa.
El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, calificó de «infundadas» esas acusaciones.
El conflicto tiene su origen en la llamada Operación Furia Épica, los ataques coordinados que EE.UU. e Israel lanzaron contra Irán el 28 de febrero de 2026.
Tras semanas de bombardeos, un alto el fuego mediado por Pakistán entró en vigor en abril, y en junio ambas partes firmaron en Suiza un memorando de entendimiento que incluía la cesación de hostilidades y la apertura del estrecho de Ormuz.
Sin embargo, el 18 de julio Irán declaró suspendidos sus compromisos bajo ese acuerdo, Trump dio la tregua por terminada y retomó la ofensiva aérea el 30 de julio.
Desde entonces, Washington ha combinado la presión militar con una estrategia de asfixia económica: revocó la exención que permitía a Irán exportar petróleo, impuso nuevas sanciones financieras el 7 de agosto y prepara un plan de aislamiento económico diseñado para estrangular las finanzas del régimen.
El martes, Trump confirmó que no existían conversaciones en curso ni previstas con Teherán, dejando en evidencia el total estancamiento del diálogo diplomático y alimentando los temores de una nueva escalada militar que ahora, por primera vez, podría extenderse hasta suelo europeo.
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