
Donald Trump declaró este lunes que Estados Unidos está dispuesto a dejar que la presión económica haga su trabajo contra Irán, renunciando por el momento a ordenar una nueva ofensiva militar a gran escala, según una entrevista concedida a Axios.
«Lo estamos llevando con calma», afirmó el presidente en una breve llamada telefónica. «Solo estamos semi-negociando con ellos. Simplemente observamos a Irán con su enorme inflación y el hecho de que no tienen dinero.»
La declaración contrasta con la postura que Trump mantenía apenas una semana atrás, cuando funcionarios estadounidenses señalaron que el mandatario estaba a punto de ordenar el regreso a operaciones de combate a gran escala contra el régimen iraní, pero fue convencido de desescalar.
Trump subrayó que Irán «está en muy mal estado» económicamente y carece de fondos para pagar a sus propias tropas, situación que el bloqueo naval impuesto por Washington ha agravado considerablemente. Con el precio del petróleo en poco más de 75 dólares por barril, el presidente consideró que los consumidores estadounidenses sienten menos el impacto del conflicto.
«Saldrá bien. Siempre sale bien. Es como una partida de ajedrez», dijo Trump al referirse al pulso con Teherán.
Un funcionario estadounidense explicó la lógica detrás de esta estrategia: mientras Irán está en guerra, el régimen puede eludir las consecuencias del conflicto y la crisis económica que ha generado. Sin combate activo, se ve obligado a enfrentar una realidad sin soluciones reales.
El escenario de fondo es el Estrecho de Ormuz, cuya reapertura plena sigue bloqueada. Un acuerdo negociado entre Irán, Omán y Estados Unidos lleva varios días pendiente de anuncio; los mediadores de Qatar y Pakistán confiaban en cerrarlo el miércoles pasado, pero las perspectivas se han ido diluyendo.
Como parte del pacto, Irán recibiría control parcial sobre el tráfico en el estrecho, algo que no tenía antes del conflicto.
El sábado, el jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohammad Bagher Zolghadr, presentó una nueva lista de exigencias que va mucho más allá de lo negociado: que Estados Unidos «nunca amenace ni insulte a Irán en ningún idioma», que ponga fin permanente a la guerra contra Irán y sus aliados en Líbano, Gaza, Yemen e Irak y que levante el bloqueo naval.
Además, exigió que Washington retire sus fuerzas militares de la región, que pague compensaciones por daños de guerra, que elimine todas las sanciones y que libere los fondos iraníes congelados. Las condiciones que semanas atrás eran requisito para un acuerdo nuclear, ahora se presentan como mínimo indispensable solo para reabrir el estrecho.
Un diplomático de uno de los países mediadores atribuyó esa declaración a las luchas internas dentro del régimen iraní. El presidente iraní Masoud Pezeshkian aboga por alcanzar un acuerdo ante el riesgo de colapso económico, mientras que el comandante de la Guardia Revolucionaria Islámica, Ahmad Vahidi, rechaza cualquier concesión.
Entretanto, unos 8 millones de barriles de petróleo salen cada noche por la ruta sur del estrecho en coordinación con la armada estadounidense, y Washington busca incrementar ese flujo mientras no haya acuerdo.
El conflicto arrancó el 28 de febrero con la Operación Furia Épica, ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra instalaciones nucleares y militares iraníes. Desde entonces, el escenario ha alternado entre ofensivas aéreas, altos el fuego parciales y anuncios de acuerdos que no se consolidaron.
«Esto no ha terminado. Obviamente no estamos al principio. Estamos en medio del juego, y estamos aplicando toda una serie de herramientas —diplomáticas, económicas, militares— para garantizar el mejor resultado para el pueblo estadounidense», declaró el vicepresidente JD Vance en Fox News el sábado.
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