
La Casa Blanca habría solicitado a María Corina Machado que pase por Washington antes de regresar a Venezuela, según reveló en un reciente análisis el periodista David Alandete, corresponsal del diario ABC ante la Casa Blanca.
La petición, según Alandete, responde a la urgencia de la administración Trump de mostrar cercanía con la oposición venezolana en un momento políticamente delicado.
El detonante es el impopular acuerdo petrolero que Donald Trump anunció el 29 de agosto como «el mayor acuerdo petrolero de la historia», firmado directamente con el régimen chavista encabezado por Delcy Rodríguez.
El pacto involucra 17 campos petroleros venezolanos con reservas estimadas en unos 65,000 millones de barriles, una vigencia de 25 años y una participación estadounidense del 35% a través de la empresa North American Blue Energy Partners (NABEP), vinculada al empresario venezolano Alejandro Betancourt, quien acumula antecedentes de investigaciones en EE.UU., Suiza y España.
El acuerdo ha resultado muy impopular entre la diáspora venezolana en Florida, un electorado clave para los republicanos de cara a las elecciones parciales del 3 de noviembre, en las que se renovará la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.
«Ahora se quiere que María Corina Machado venga a Washington, que esté por aquí y que de alguna forma exprese ese apoyo a este acuerdo del que ahora depende Donald Trump», explicó Alandete, quien precisó que «desde aquí, desde Washington, se ha planteado a María Corina Machado y a su equipo la necesidad de que antes de volver a Venezuela, pase por aquí».
Machado rompió su silencio sobre el acuerdo el 3 de septiembre expresando «tristeza y rabia», y planteó preguntas directas: quién firma exactamente el pacto, qué garantías existen, qué beneficios recibe Venezuela y qué control real tienen los venezolanos sobre sus propios recursos.
«El patrimonio del suelo venezolano no le pertenece a ningún régimen ilegítimo», afirmó la líder opositora, añadiendo que «para traer inversiones de verdad no basta con dinero, hace falta legitimidad, hace falta Estado de derecho, hace falta transparencia, hace falta seguridad jurídica».
Machado dejó claro que no se opone a la participación estadounidense en la reconstrucción de Venezuela, pero trazó una línea roja: «Solo un gobierno elegido democráticamente que represente el sentir de los venezolanos y realmente represente la soberanía popular es el único que puede firmar un acuerdo de este tipo».
La tensión entre Machado y Washington viene acumulándose desde enero. Tras la captura de Nicolás Maduro, Trump optó por trabajar con Delcy Rodríguez en lugar de ceder el protagonismo político a la oposición democrática.
Machado visitó la Casa Blanca el 15 de enero —donde entregó simbólicamente a Trump su medalla del Premio Nobel de la Paz— y regresó el 6 de marzo con una hoja de ruta para la transición. En ambas ocasiones recibió el mismo mensaje: paciencia.
En junio, tras los terremotos que golpearon Venezuela el 24 de ese mes, Machado intentó regresar dos veces, según el corresponsal de ABC en la Casa Blanca. Primero en un avión privado desde Virginia hacia Curazao, donde las autoridades neerlandesas retiraron el permiso de aterrizaje tras señales de que Washington no respaldaba el viaje. Luego intentó una ruta comercial desde Panamá, donde tampoco pudo embarcar.
Funcionarios de la administración Trump filtraron entonces a medios como Axios declaraciones anónimas que calificaban la insistencia de Machado de «oportunismo político grotesco». El Departamento de Estado tuvo que aclarar públicamente ante el Congreso el 15 de julio que EE.UU. no impediría su regreso por ser ciudadana venezolana con pleno derecho a volver.
Desde entonces, Machado ha mantenido un perfil más prudente, sin romper con Trump pero distanciándose de Washington. Diputados republicanos de Florida, según Alandete, han advertido al presidente que el chavismo podría estar ganando tiempo hasta que abandone la Casa Blanca.
Funcionarios de la administración, por su parte, dijeron a periodistas en una llamada reciente que «la democracia no son solo elecciones», una afirmación que el equipo de Machado lleva meses rebatiendo en Washington con una demanda concreta: un calendario electoral claro para Venezuela.
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