«Una Cuba democrática tendrá que aprender a vivir después de la Revolución», sostiene intelectual argentino

Calle de La Habana (Imagen de referencia) © CiberCuba
Calle de La Habana (Imagen de referencia) Foto © CiberCuba

El intelectual argentino Rubén Chababo publicó este martes en la plataforma CubaxCuba un ensayo en el que aborda uno de los dilemas centrales de cualquier transición política en la isla: cómo gestionar la memoria de más de seis décadas de régimen sin caer ni en el borramiento total del pasado ni en su glorificación acrítica.

Chababo, profesor en Letras por la Universidad Nacional de Rosario y director del Museo de la Memoria de esa ciudad entre 2002 y 2014, sostiene que el ciclo histórico abierto en 1959 se aproxima a su fin y que «el paisaje de oscuridad, desesperación y ruina en el que sobreviven sus habitantes es la imagen más representativa de su presente».

El ensayo abre con dos citas del escritor Mario Vargas Llosa que funcionan como síntesis de la trayectoria intelectual de toda una generación latinoamericana: «A ningún latinoamericano escapa que la Revolución Cubana inaugura la transformación de América», escribió en el diario Revolución de La Habana en 1965; y luego, en 2019, ante Radio Martí: «El mito de Cuba ya se ha despedazado».

Para Chababo, Cuba no fue únicamente un acontecimiento cubano, sino también un fenómeno latinoamericano y mundial que durante la segunda mitad del siglo XX concentró la mirada de intelectuales de todo el espectro ideológico. Esa pluralidad de experiencias es precisamente lo que hace tan compleja la cuestión de la memoria futura: «No habrá, por lo tanto, una sola Cuba cuando se hable de ella en tiempo pasado. Habrá muchas Cubas, construidas desde experiencias y posiciones diferentes».

Para articular su argumento, el autor recurre a dos marcos teóricos. El primero es el concepto de «marcos sociales de la memoria» del sociólogo francés Maurice Halbwachs, quien demostró que no recordamos solos sino desde los grupos a los que pertenecemos. El segundo es la noción de «justa memoria» del filósofo Paul Ricoeur: «La justa memoria no supone que todas las memorias sean igualmente verdaderas ni que todas las experiencias posean el mismo valor moral. Reconocer la pluralidad del recuerdo no obliga a suspender el juicio histórico».

Esa memoria deberá conjugar realidades profundamente contradictorias: la fascinación que la Revolución despertó en el joven Vargas Llosa conviviendo con el terror que ya entonces recorría a escritores como Virgilio Piñera, hostigado por las «patrullas morales de la Seguridad del Estado» porque su vida y su obra no se adecuaban al modelo de parametrización. 

Chababo advierte que la Cuba futura deberá evitar dos tentaciones simétricas: «convertir el fin del régimen en una gigantesca operación de borramiento, actuando como si las décadas transcurridas desde 1959 hubieran sido solamente un error histórico», o conservar el relato de la Revolución como una totalidad cerrada incapaz de admitir sus contradicciones.

El autor establece además una distinción que considera decisiva: la diferencia entre un momento «anti» y un momento «post». El primero se define por aquello que combate y corre el riesgo de reproducir, aunque invertida, la lógica binaria del régimen anterior. «Una Cuba democrática tendrá que aprender a vivir después de la Revolución sin necesitar vivir permanentemente contra la Revolución», escribe. «Si el nuevo orden solo pudiera definirse por su oposición al anterior, el pasado continuaría gobernando el presente, aunque lo hiciera bajo un signo inverso».

El ensayo también llama a una autocrítica de quienes, desde fuera de la isla, contribuyeron a construir el mito revolucionario, y señala que las sucesivas dirigencias cubanas tendrán que responder por la violencia estatal y la persecución política. 

El texto se inscribe en un debate que en 2026 ha cobrado especial intensidad. El Centro de Estudios Convivencia presentó su Catálogo de Propuestas 2026 con 20 áreas temáticas elaboradas por más de 991 expertos, mientras que las rutas posibles hacia una transición siguen siendo objeto de análisis. Todo ello ocurre mientras Prisoners Defenders documenta 1,327 presos políticos en la isla al cierre de julio de 2026, la cifra más alta registrada por esa organización.

«Ese será acaso el mayor desafío de la Cuba futura», concluye Chababo: «no decidir de antemano qué Cuba merece ser recordada, sino crear las condiciones para que ingresen en la conversación histórica las distintas Cubas que coexistieron durante estas décadas: la Cuba de la utopía y la del desencanto; la Cuba refugio y la Cuba cárcel; la Cuba que alimentó esperanzas de emancipación y la Cuba que persiguió a quienes no aceptaron el orden impuesto».

Preguntas frecuentes sobre la transición política en Cuba y la memoria del régimen

CiberCuba te lo explica:

¿Qué desafíos enfrenta Cuba para gestionar la memoria del régimen actual?

El principal desafío de Cuba es evitar el borramiento total del pasado o la glorificación acrítica del régimen. Según Rubén Chababo, es crucial reconocer las múltiples experiencias y posiciones que coexistieron durante el régimen, creando condiciones para una conversación histórica que incluya todas las "Cubas" que han existido: la de la utopía y el desencanto, la refugio y la cárcel, entre otras.

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¿Cuál es la distinción entre un momento "anti" y un momento "post" en la transición cubana?

Un momento "anti" se define por lo que combate, mientras que un momento "post" no necesita vivir permanentemente contra el régimen anterior. Chababo advierte que una Cuba democrática debe aprender a vivir después de la Revolución sin definirse por oposición al régimen anterior, para evitar que el pasado continúe gobernando el presente.

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¿Qué papel juega la comunidad internacional en la transición cubana?

La comunidad internacional puede apoyar fortaleciendo las capacidades de la sociedad civil cubana, pero no debe diseñar la transición. Es crucial que el liderazgo sea cubano, apoyando capacidades, financiando instituciones y compartiendo experiencias sin imponer modelos. La experiencia comparada de transiciones en otros países puede ser útil, pero cada transición tiene contextos únicos.

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¿Por qué es importante una "justa memoria" para el futuro de Cuba?

La "justa memoria" implica reconocer la pluralidad del recuerdo sin suspender el juicio histórico. Según Chababo, es fundamental evitar que todas las memorias sean consideradas igualmente verdaderas o posean el mismo valor moral. Esto permitirá a Cuba construir un futuro democrático que contemple las diversas experiencias vividas bajo el régimen socialista.

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