Cuba estudió cientos de hígados de fallecidos por COVID-19 para entender las secuelas de la enfermedad

Médicos cubanos (Imagen de referencia) © MINREX
Médicos cubanos (Imagen de referencia) Foto © MINREX

Investigadores cubanos analizaron muestras de hígado de 559 personas fallecidas con COVID-19 y encontraron una elevada presencia de necrosis hepatocelular, además de fibrosis y otras alteraciones, en un estudio que busca aportar información para comprender el daño provocado por la enfermedad y orientar el seguimiento de pacientes con afecciones hepáticas.

El ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), Armando Rodríguez Batista, difundió el sábado los resultados y antecedentes de la investigación en una publicación en Facebook, a partir del testimonio de la doctora Licet González Fabián, especialista de Segundo Grado en Anatomía Patológica del Instituto de Gastroenterología.

El estudio forma parte de un proyecto más amplio desarrollado durante la pandemia y, según Rodríguez, recibió un premio de la Academia de Ciencias de Cuba. Trabajos derivados de las cerca de 800 autopsias realizadas por el equipo también fueron reconocidos por esa institución en 2022 y 2024.

Según el artículo científico publicado en la revista Metabolism and Target Organ Damage, entre 2020 y 2022 se obtuvieron datos clínicos y muestras histológicas de hígado de 800 fallecidos por COVID-19, dentro de un universo de 1,290 muertes relacionadas con la enfermedad registradas en La Habana durante ese período.

A partir de octubre de 2021, especialistas en patología hepática se incorporaron formalmente al equipo y 563 muestras fueron sometidas a un análisis histopatológico detallado. Cuatro fueron excluidas por problemas de calidad de las muestras o información clínica incompleta, por lo que la cohorte final quedó integrada por 559 fallecidos.

La investigación específica sobre el hígado fue de tipo observacional, descriptiva y transversal, e incluyó pacientes de 19 años o más con infección por SARS-CoV-2 confirmada mediante PCR que fallecieron durante su hospitalización. El período analizado comprendió octubre de 2021 a diciembre de 2022.

Las autopsias mínimamente invasivas se realizaron en dos centros designados: el Hospital Clínico Quirúrgico «Dr. Luis Díaz Soto» y el Hospital Clínico Quirúrgico «Salvador Allende». Posteriormente, las muestras fueron procesadas en el laboratorio central de Anatomía Patológica del Instituto de Gastroenterología de La Habana.

Los resultados mostraron que 486 de los 559 fallecidos, equivalentes al 87%, presentaron necrosis hepatocelular, es decir, muerte de las células principales del hígado. En 285 casos, el 51% del total, se observó específicamente necrosis confluente.

Entre otros hallazgos, 271 pacientes, el 48,5%, presentaron fibrosis hepática; 237, el 42,4%, enfermedad hepática esteatósica; y 29, el 5,2%, cirrosis. También fueron frecuentes la apoptosis celular, la hiperplasia e hipertrofia de las células de Kupffer y la congestión sinusoidal.

El análisis estadístico identificó a la enfermedad hepática esteatósica y la cirrosis como predictores independientes asociados con una mayor probabilidad de necrosis hepatocelular dentro de la población estudiada.

Los investigadores fueron cuidadosos respecto a la interpretación de los resultados. El trabajo describe asociaciones observadas en personas fallecidas y no demuestra por sí solo una relación causal entre cada alteración hepática y la muerte por COVID-19.

González explicó que el interés de estas investigaciones continúa incluso después de la etapa más crítica de la pandemia porque los hallazgos pueden ayudar al seguimiento de personas que padecieron formas graves de la enfermedad.

«La COVID-19 no ha terminado en términos científicos», afirmó la especialista, quien señaló que la información obtenida puede ser de utilidad para gastroenterólogos y hepatólogos que atienden a pacientes con antecedentes de enfermedad hepática o que padecieron cuadros graves de COVID-19.

El propio artículo científico concluye que los resultados respaldan la importancia de vigilar la función hepática en pacientes con enfermedades del hígado preexistentes durante y después de la infección por SARS-CoV-2.

La preocupación por posibles consecuencias posteriores de la enfermedad ya había generado investigaciones en Cuba.

En enero de 2021, un equipo de más de 40 especialistas comenzó a estudiar posibles secuelas renales en pacientes recuperados de COVID-19, incluyendo personas que habían presentado cuadros asintomáticos, leves, graves y críticos.

También fueron documentados casos de pacientes con efectos persistentes tras superar la infección.

En febrero de ese año, la enfermera cubana Yaquelín Collado Rodríguez relató las secuelas que todavía padecía casi nueve meses después de recibir el alta, tras haber permanecido 59 días hospitalizada, 37 de ellos en terapia intensiva.

Preguntas frecuentes sobre las secuelas hepáticas del COVID-19 en Cuba

CiberCuba te lo explica:

¿Qué hallazgos sobre el hígado se encontraron en los fallecidos por COVID-19 en Cuba?

Los investigadores cubanos encontraron una elevada presencia de necrosis hepatocelular, fibrosis y otras alteraciones en los hígados de los fallecidos. El 87% de los casos presentó necrosis hepatocelular y un 48,5% mostró fibrosis hepática.

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¿Cuál es la importancia de estos hallazgos para el seguimiento de pacientes con COVID-19?

Los hallazgos pueden ayudar a orientar el seguimiento de personas que padecieron formas graves de COVID-19, especialmente aquellas con antecedentes de enfermedades hepáticas. La información obtenida es crucial para gastroenterólogos y hepatólogos.

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¿Cómo afecta la crisis sanitaria en Cuba el manejo de secuelas del COVID-19?

La crisis sanitaria en Cuba, marcada por deficiencias en infraestructura y falta de insumos médicos, complica el seguimiento y tratamiento adecuado de las secuelas del COVID-19. La falta de recursos y medicamentos dificulta la atención médica necesaria.

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¿Qué otros problemas de salud enfrenta actualmente Cuba?

Cuba enfrenta una situación sanitaria muy compleja, con brotes de hepatitis y dengue, escasez de medicamentos, y deficiencias en infraestructura hospitalaria. La falta de agua potable y electricidad agravan estas condiciones.

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