
Calles vacías, negocios cerrados —o abiertos únicamente para no perder la licencia— y trabajadores del turismo obligados a buscar sustento en la agricultura. Viñales, uno de los principales destinos turísticos de Cuba, atraviesa una crisis marcada por la ausencia de visitantes internacionales y el desplome de la actividad privada.
Ese es el panorama que encontró un reportaje de EFE publicado este sábado en el célebre valle de mogotes, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO y durante años uno de los grandes referentes del turismo de naturaleza en la isla. Según la agencia, su equipo pasó una jornada completa recorriendo la localidad sin encontrarse con un solo turista internacional.
«Viñales está desértico», resumió Lázaro Mena, propietario del proyecto de deportes de aventura Mogote Adventure, quien asegura que lleva más de seis meses sin ingresos.
La situación resulta especialmente grave por la dependencia económica de la localidad respecto al turismo. El municipio, situado en la provincia de Pinar del Río, a unos 180 kilómetros de La Habana, cuenta con alrededor de 28.000 habitantes, y se estima que cerca del 80 % de su población depende directa o indirectamente de esta actividad.
A diferencia de otros polos turísticos cubanos, donde predominan grandes hoteles y complejos gestionados por empresas estatales o cadenas extranjeras, buena parte de la oferta de Viñales descansa en casas particulares, restaurantes privados, excursiones y servicios prestados por trabajadores por cuenta propia.
Por ello, la desaparición de los visitantes golpea directamente a cientos de pequeños negocios y familias que durante años encontraron en el turismo una de sus principales fuentes de ingresos. Algunos establecimientos permanecen cerrados; otros continúan funcionando prácticamente sin clientes para evitar perder sus licencias, mientras antiguos trabajadores del sector han tenido que buscar alternativas fuera del turismo.
Cuba recibió apenas 450,353 turistas internacionales entre enero y agosto de 2026, un 64,4% menos que en el mismo período de 2025, según cifras oficiales. El propio primer ministro Manuel Marrero Cruz reconoció ante la Asamblea Nacional en julio que el 73% de las instalaciones hoteleras del país permanecían cerradas, con 25,000 trabajadores del sector en situación de disponibilidad y siete cadenas internacionales fuera de la isla.
Yolexis Romero, trabajador del bar privado Tapas 3J con once años de trayectoria, describe una estrategia de resistencia que no es prosperidad sino pura supervivencia: «A la crisis no nos hemos adaptado todavía. Estamos sobreviviendo poco a poco y hemos tenido que migrar a otros negocios, manteniendo prácticamente estos abiertos para no descomercializarnos».
Romero vende en el portal de su casa lo que puede —«ventas de garaje», las llama— porque «turismo no hay».
Para otros, ni eso fue posible. Elieser Duarte, exjefe de cocina de 41 años, perdió su empleo en un restaurante del pueblo cuando «vino la crisis con el turismo» y tuvo que mudarse a una humilde casa de madera con techo de palma a las afueras del centro para, según sus propias palabras, ir «a luchar en el campo, a sembrar y hacer lo que se pueda, tipo mago».
La crisis hídrica y los apagones de hasta 30 horas agravan el cuadro. Viñales estuvo más de seis meses sin agua potable regular en 2026, con el motor principal del acueducto averiado mientras las autoridades prometían restablecer el servicio. La escasez de combustible eliminó taxis y autobuses, y la carretera hacia Pinar del Río se deterioró hasta volverse intransitable en tramos.
El régimen atribuye el desplome al embargo estadounidense y a las sanciones de la administración Trump, mientras su discurso oficial insiste en que los hoteles «permanecen abiertos y operando con normalidad». Los emprendedores de Viñales, sin turistas y sin servicios básicos, se preparan para lo que anticipan será una temporada alta de noviembre «difícil».
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