Cubana que agradeció a Díaz-Canel en la TV estatal confiesa que tiene una clínica privada en Francia

Lucía Céspedes Ocampo y el actor Jorge Perogurría Foto © Facebook / Lucía Céspedes Ocampo

Lucía Céspedes Ocampo, la cubana que semanas atrás apareció en el Noticiero Nacional de la Televisión Cubana agradeciendo a Miguel Díaz-Canel durante una visita del gobernante al barrio habanero de La Timba, confesó este domingo en un video que es propietaria de una clínica privada en Francia, desde donde asegura gritar «viva el socialismo, viva el comunismo y viva Fidel».

La revelación generó polémica inmediata por la contradicción que representa: una defensora pública del régimen cubano que ejerce la medicina privada en un territorio capitalista francés mientras predica las virtudes del comunismo.

En el video, Céspedes intenta justificar la aparente paradoja con el siguiente argumento: «Sobre el por qué tengo una clínica privada en Francia, ¡oh gran pecado para una comunista!, pues porque me di cuenta que yo, siendo mi propia jefa, en Francia o donde fuera, podía ejercer una medicina más humana que si lo hacía desde un establecimiento donde prime los intereses que no sean los propios de un médico».

La cardióloga, residente en Guadalupe —departamento y región de ultramar de Francia—, añadió que desde su consultorio ejerce «con corazón cubano», tal como aprendió en los seis meses que estudió medicina en Cuba.

Acto seguido, sin que se le viera muy convencida, lanzó su proclama: «Desde mi clínica privada, de donde sea, te digo, viva el socialismo, viva el comunismo, viva la revolución cubana y viva Fidel y viva todos los hombres y mujeres que se esfuerzan por un mundo mejor».

La «medicina humana» que ejerce en el capitalismo francés

El argumento de Céspedes también deja varias preguntas incómodas. Al presentar su clínica privada como el espacio desde el cual puede ejercer una «medicina más humana», la cardióloga sugiere, sin decirlo abiertamente, que el sistema sanitario francés —donde ella vive, trabaja y prospera— sería menos humano o estaría dominado por intereses ajenos al bienestar del paciente.

Sin embargo, Francia no es una selva sanitaria de clínicas privadas movidas únicamente por el lucro: su sistema combina hospitales públicos, clínicas privadas, seguro obligatorio, regulaciones estatales y libertad de elección del paciente.

Según datos oficiales franceses, el país contaba en 2024 con 2.962 hospitales y clínicas, 367.100 camas de hospitalización completa y 91.000 plazas de hospitalización parcial; además, el acceso al servicio público hospitalario está garantizado incluso para las personas más vulnerables en casos urgentes.

La comparación con Cuba resulta aún más reveladora. La OCDE señala que en Francia toda la población está cubierta para un conjunto básico de servicios, que el 84% del gasto sanitario está cubierto por esquemas obligatorios y que el país gasta 7.367 dólares PPP por habitante en salud, por encima del promedio de la OCDE.

En Cuba, en cambio, el propio deterioro del sistema que el régimen vende como «humano» obliga a pacientes y familiares a buscar medicamentos, insumos, turnos, transporte y hasta materiales básicos por fuera de las instituciones estatales.

Human Rights Watch documentó en 2026 farmacias casi vacías, hospitales con escasos recursos y pacientes obligados a llevar sus propias sábanas, almohadas, ventiladores o materiales médicos; CiberCuba también reportó que Díaz-Canel admitió la falta de recursos para operar quirófanos y miles de pacientes pendientes de cirugías, tratamientos oncológicos, ultrasonidos prenatales e inmunizaciones.

Su relato se debilita todavía más cuando afirma que aprendió esa supuesta medicina «con corazón cubano» durante apenas seis meses de estudios en la Isla. Si solo cursó ese período en Cuba, queda pendiente una pregunta elemental: ¿dónde completó realmente su formación médica y bajo qué sistema obtuvo las credenciales que le permiten ejercer como especialista en Francia?

Lo que presenta como una lección del socialismo cubano parece depender, en la práctica, de las garantías profesionales, jurídicas y económicas de un país capitalista con un sistema sanitario público, regulado y de alta cobertura.

Una propagandista del régimen instalada en el capitalismo

Céspedes está registrada como cardióloga en el sistema sanitario francés con el número RPPS 10100518124, con consultorio en Sainte-Rose, Guadalupe. Su actividad como médica especialista en ejercicio liberal —la figura jurídica equivalente a la práctica privada independiente— está registrada desde el 16 de enero de 2016, según datos de Société.com.

En el mismo video, Céspedes aseguró que «muy pronto» los cubanos dentro de la Isla podrán «tener lo mismo que en un país capitalista, pero con una redistribución más equitativa de las riquezas», y atribuyó los problemas del país al embargo estadounidense, que según ella «se va a acabar».

Esta no es la primera vez que la cardióloga protagoniza una polémica por defender el socialismo cubano desde el exterior. En abril se viralizó desde Tenerife gritando «Viva Cuba, viva mi presidente Díaz-Canel» e insultando al exilio como «vendepatrias, gusanos arrastrados, tiradores de bombas y lame gringos». En junio defendió las 176 medidas de transformación económica aprobadas por el régimen.

El 25 de septiembre, Céspedes reapareció en el Noticiero Nacional durante la visita de Díaz-Canel a La Timba, donde declaró ante las cámaras: «Gracias por lo que está haciendo. Yo vivo en Francia, en Guadalupe». El medio estatal la presentó únicamente como «joven cubana residente en el exterior», sin revelar su nombre ni que es propietaria de una clínica privada capitalista.

La contradicción que señalan los críticos es múltiple: Céspedes defiende el comunismo mientras ejerce la medicina privada en un sistema capitalista, insulta al «exilio gusano» mientras ella misma vive fuera de Cuba, y desde Tenerife organizó el envío de arroz, frijoles y productos de higiene a ancianos cubanos, reconociendo implícitamente que el Estado que defiende no puede garantizar lo básico a su población.

Todo esto ocurre mientras Cuba atraviesa su peor crisis económica en décadas: la inflación alcanzó el 31,9% en el primer trimestre de 2026, el peso se devaluó a 685 por dólar, y la CEPAL proyecta una caída del PIB del 6,5% para este año, lo que convertiría a la Isla en la economía de peor desempeño de América Latina por segundo año consecutivo.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.


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