Un vecino de Matanzas identificado como Emilio Prieto Núñez publicó el fin de semana en Facebook fotografías de un enorme basurero en la esquina de las calles Embarcadero, Blanco y Mujica, en pleno centro de la ciudad, generando una ola de indignación en redes sociales.
La acumulación de residuos —colchones, plásticos, escombros, cartones, materia orgánica y charcos de agua estancada con maleza creciendo entre los desechos— bloqueaba completamente el paso vehicular y se extendía por más de 100 metros a lo largo de la calle Mujica.
La publicación acumuló 554 reacciones y encendió la frustración de los vecinos, que preguntaban «¿Hasta dónde vamos a llegar?». El propio denunciante fue más directo: «¿Nuestros gobernantes son ciegos?».
Las autoridades municipales y la Empresa de Comunales no emitieron ninguna respuesta ante la denuncia.
El episodio no es un hecho aislado. La crisis de recogida de basura en Matanzas lleva meses agravándose y tiene una causa estructural: la escasez de diésel.
La Empresa Municipal de Comunales recibe entre 300 y 550 litros de combustible diarios, cuando necesita más de 2,700 litros para cubrir todas sus rutas. Eso ha dejado operativos apenas 11 de sus 24 camiones recolectores, y de una plantilla estimada de 1,400 trabajadores, solo unos 930 están activos.
El propio intendente municipal Michel León Rodríguez lo reconoció en mayo ante las cámaras del programa Con Voz de Pueblo de TV Yumurí: «Nos queda una deuda con la ciudad».
La cadena de denuncias a lo largo de 2026 dibuja un panorama de colapso sostenido.
En abril, un vertedero improvisado ocupó casi toda la intersección de Levante y Solís, con vecinos que llevaban casi un mes sin recogida regular. En mayo, la periodista Yirmara Torres Hernández denunció un basurero a metros del Hospital Pediátrico Eliseo Noel Caamaño, en pleno contexto de brotes de hepatitis A, dengue y chikungunya. Solo tras la presión en redes sociales, las autoridades retiraron parte de los residuos cercanos al centro hospitalario, aunque el operativo fue parcial.
Durante agosto, las lluvias arrastraron los desechos acumulados en calles y canales hacia los ríos San Juan y Yumurí y la bahía de Matanzas, con impacto ambiental directo. En septiembre, un basurero se incendió en Santa Marta, municipio de Cárdenas, y un contenedor quedó completamente derretido.
La prensa provincial llegó a describir la situación como un «tumor putrefacto» asociado a roedores, moscas y mosquitos.
El problema tampoco se limita a Matanzas. En La Habana, a comienzos de año, solo funcionaban 44 de los 106 camiones recolectores de la capital, y hasta 23,814 metros cúbicos de residuos quedaban sin recoger cada día en la ciudad.
Mientras el régimen no resuelve la crisis de combustible que paraliza los servicios comunales, los vecinos de Matanzas siguen conviviendo con la basura en sus calles y haciéndose la misma pregunta: «¿Hasta dónde vamos a llegar?».
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