
Un cartón de 30 huevos se vendía a 4.500 pesos cubanos (CUP) en Trinidad, Sancti Spíritus, a mediados de septiembre. El salario mínimo oficial, elevado en julio a 3.210 CUP mensuales, no alcanza para comprarlo: faltan 1.290 pesos, incluso antes de adquirir arroz, frijoles, aceite u otros alimentos. Ese contraste entre ingresos y precios acompaña a Cuba este 10 de octubre, cuando se cumplen 158 años del Grito de Yara.
La comparación parte de un precio documentado en un lugar y una fecha concretos, no de una tarifa nacional. En Holguín se reportó también la venta de un litro de aceite a 2.200 CUP en septiembre: casi el 69 % del salario mínimo y alrededor del 72 % de la pensión mínima de 3.056 pesos. La ubicación y el vendedor pueden cambiar el precio, pero no el hecho de que productos habituales consumen una parte considerable de los ingresos más bajos.
Los alimentos impulsan la inflación
La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) registró en agosto de 2026 una inflación interanual del 25,19 % y una subida mensual del 4,92 %. Según sus datos, los alimentos y las bebidas no alcohólicas explicaron el 72,77 % de la variación mensual del índice de precios al consumidor. Entre los productos de mayor incidencia figuraron la carne de cerdo, los huevos y el aceite.
En el análisis del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, recogido por CiberCuba, los alimentos y bebidas no alcohólicas acumularon un aumento interanual del 36,01 % en agosto. El incremento del salario mínimo de 2.100 a 3.210 pesos aprobado en julio elevó los ingresos nominales, pero no resuelve por sí solo la pérdida de capacidad de compra frente a precios que siguen subiendo.
Otro ejemplo procede de un vídeo difundido en septiembre: una cubana sumó los precios de huevos, arroz, frijoles, papas, plátanos y yuca y obtuvo un total de 7.150 CUP. Era una compra de productos concretos, no una canasta mensual completa ni un estudio de precios nacional. Su importe, sin embargo, más que duplicaba el salario mínimo fijado por el Gobierno.
La libreta se vacía mientras se abren mercados de barrio
El encarecimiento coincide con las dificultades de distribución de la canasta normada. En un reportaje de la televisión estatal difundido a comienzos de octubre, una bodeguera de La Habana explicó que en su establecimiento habían recibido cigarros en agosto, frijoles de donación en septiembre y ninguna mercancía en las primeras jornadas de octubre. Su testimonio describe esa bodega, no necesariamente todos los puntos de distribución del país.
Ante el deterioro de la red estatal de comercio, el Ministerio del Comercio Interior impulsa los llamados mercados de barrio, regulados en agosto, donde mipymes y otros actores económicos pueden gestionar establecimientos públicos mediante contratos. Una funcionaria del organismo anunció en septiembre que estaban operativos 30 de esos puntos y prometió precios entre un 15 % y un 30 % más bajos que los de otros comercios.
Los precios exhibidos en uno de esos establecimientos muestran el alcance limitado de esa promesa para quien cobra poco. En La Predilecta, un mercado de barrio inaugurado en Contramaestre, la tablilla divulgada el 28 de septiembre anunciaba huevos a 150 CUP por unidad y leche en polvo a 4.000 pesos. Varios consumidores cuestionaron que los precios resultaran realmente accesibles. El Gobierno defiende estos establecimientos como una alternativa de abastecimiento, aunque su apertura no garantiza por sí misma que aumente la producción nacional de alimentos.
En junio, las autoridades también eliminaron los precios máximos nacionales para varios alimentos importados, entre ellos pollo troceado, aceite, leche en polvo, pastas y salchichas. La flexibilización coincidió con restricciones de oferta, encarecimiento del combustible y dificultades de acceso a divisas. Un informe del Centro de Estudios de la Economía Cubana subrayó además el efecto de las sanciones estadounidenses sobre el comercio, la energía y las finanzas en 2026; los problemas de producción y distribución internos siguen siendo otra parte de la crisis.
Una encuesta muestra hasta dónde llega la falta de comida
La inseguridad alimentaria no se limita a que la comida sea cara. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria 2025 de Food Monitor Program y Cuido60, presentada en mayo de 2026 y realizada con 2.513 respuestas válidas recogidas en las 16 provincias, el 33,9 % de las personas encuestadas indicó que algún miembro de su hogar se había acostado con hambre por falta de alimentos durante los 30 días anteriores. El 94,9 % reportó haber perdido algún grado de acceso a la compra de comida en el último año.
La misma investigación encontró que el 79,4 % de los hogares consultados dedicaba al menos el 80 % de sus ingresos a comprar alimentos y el 40,6 % destinaba la totalidad. Los cortes eléctricos agravaban las dificultades: el 48,3 % había perdido alimentos por falta de refrigeración. Se trata de resultados de esa encuesta, no de una medición oficial hecha este 10 de octubre.
En el manifiesto que acompañó el levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes en 1868, los independentistas criticaron las trabas al comercio y los tributos del régimen colonial español, al que responsabilizaban de impedir que la isla prosperara. Aquella reivindicación respondía a circunstancias históricas muy distintas, pero también situaba el bienestar económico entre las aspiraciones de una nación independiente. A 158 años del Grito de Yara, el problema cotidiano de muchas familias cubanas es más inmediato: conseguir alimentos y tener dinero suficiente para pagarlos.
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