De la O Levy califica elecciones libres y multipartidismo como presiones de EE.UU. para «doblegar» a Cuba

Vicente de la O Levy y Marco Rubio Foto © Captura de video YouTube / ACN - Flickr / U.S. Department of State

El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, incluyó las elecciones libres, el multipartidismo y el fin del papel rector del Partido Comunista de Cuba entre las exigencias que atribuye a Estados Unidos para «doblegar» al país, y aseguró que ese propósito «no va a suceder nunca».

En una entrevista con Reuters, el funcionario respondió así a una pregunta sobre supuestas conversaciones en las que Washington habría condicionado el alivio de las sanciones a la privatización de la Unión Cuba-Petróleo (CUPET). No confirmó que esos intercambios hubieran ocurrido y amplió su respuesta a la defensa del sistema político.

«Se habla de tener toda la minería de Cuba, se habla de todo el turismo, se habla de que tiene que privatizarse toda la economía cubana», enumeró, antes de mencionar las demandas de apartar al PCC de su posición dominante, permitir más de un partido y celebrar «elecciones libres».

«La intención de los Estados Unidos es doblegar al pueblo de Cuba y a la revolución cubana, y eso no va a suceder nunca», sostuvo.

El monopolio político, fuera de discusión

Su defensa del papel rector del PCC coincide con el orden constitucional vigente. El artículo 5 define al partido como «único» y como la «fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado», mientras el artículo 4 declara irrevocable el sistema socialista.

La respuesta del ministro prolonga una posición reiterada por otros dirigentes: aceptar conversaciones con Washington sin someter a discusión la estructura del poder.

En declaraciones recogidas por CiberCuba el 4 de octubre, el vicecanciller Carlos Fernández de Cossío afirmó ante el diario mexicano Milenio: «Cuba no está dispuesta a discutir con el gobierno de Estados Unidos, ni con ningún gobierno, los asuntos políticos internos de Cuba».

Miguel Díaz-Canel había fijado el mismo límite en abril, durante una entrevista con el periodista brasileño Breno Altman: «Nuestros problemas internos no están en la mesa de una conversación con los Estados Unidos y de una negociación».

También la vicecanciller Anayansi Rodríguez Camejo declaró ese mes que el sistema político, el presidente y los cargos de los funcionarios no eran negociables.

Qué cambios reclama Washington

Las exigencias estadounidenses van más allá de privatizar empresas. Marco Rubio defendió el 20 de mayo una Cuba donde los ciudadanos puedan elegir y sustituir a sus gobernantes, fundar medios independientes y criticar al sistema sin exponerse a prisión o exilio.

En septiembre insistió: «No se puede tener libertad económica en Cuba si primero no se tiene libertad política. Hay que tener ambas, al menos al mismo tiempo. Eso requerirá un período de transición».

El presidente Donald Trump también situó las libertades políticas en el centro de su mensaje por el aniversario de la independencia cubana. Acusó al régimen de negar elecciones justas y silenciar la disidencia, y prometió que Estados Unidos no descansaría hasta que los cubanos recuperaran su libertad.

El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, concretó otras demandas en junio: «Abrir la economía, liberar a los presos políticos, dejar de tratar a los ciudadanos como una amenaza». Reclamó reformas económicas y políticas inmediatas, vinculando la transformación del país con el fin de la represión.

Desde el Congreso, Mario Díaz-Balart resumió las condiciones que atribuye a la Ley Helms-Burton para levantar el embargo: liberación de todos los presos políticos, legalización de partidos, sindicatos y prensa independiente, y convocatoria de elecciones libres y multipartidistas. «¿Cuál de esas condiciones no merece el pueblo cubano?», preguntó.

Más eficiencia dentro del mismo modelo

De la O Levy situó la salida a la crisis en mejorar la eficiencia de CUPET, la minería y la generación eléctrica, junto con un mayor acceso a financiación e intercambios internacionales.

«Si nosotros privatizáramos CUPET, ¿nos iban a quitar el bloqueo?», preguntó, cuestionando que una concesión económica bastara para modificar la política estadounidense.

En esa misma respuesta reconoció las consecuencias de la crisis: «Tenemos largas horas de apagón, no tenemos combustible para cocinar, no tenemos combustible para el transporte».

Pese a esas carencias, defendió que el país avance con sus propios recursos y soluciones energéticas: «Es un camino largo, un camino difícil, sin recursos».

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