«Un día te despiertas y te das cuenta de que ya no estás sobreviviendo, que estás viviendo». Con esa reflexión, una cubana residente en Uruguay explicó por qué, a pesar del elevado costo de vida del país sudamericano, considera que emigrar le ha permitido recuperar algo que echaba de menos en Cuba: la tranquilidad de trabajar, comprar lo que necesita y construir un futuro con mayor estabilidad.
La joven, identificada en Facebook como Danis, compartió un video en el que compara su experiencia en ambos países y cuestiona que el precio de los productos y servicios sea el único criterio para evaluar la calidad de vida de un destino migratorio.
«Dicen que Uruguay es caro, pero nadie te habla de esto», comienza diciendo, antes de reconocer que las críticas sobre el costo de vida tienen fundamento.
«Muchas personas dicen que Uruguay es caro, que es un país chiquito para tanta gente y tienen toda la razón», admite.
Sin embargo, para Danis existe una diferencia fundamental entre vivir en un lugar donde los productos son costosos y hacerlo en otro donde, además de los precios elevados, escasean los artículos más necesarios.
«Uruguay no es perfecto y lo sabemos, hay cosas que cuestan, hay procesos que llevan tiempo y adaptarse no siempre es fácil», expresa.
Pero enseguida introduce lo que considera el aspecto más importante de su experiencia: «Hay algo de lo que casi no se habla cuando se discute el precio de vivir en un país, y es el valor real de la vida que llevas».
Su reflexión gira alrededor de una idea sencilla: que un producto tenga un precio alto no significa necesariamente que resulte inalcanzable para quien trabaja y percibe ingresos suficientes.
«Y sí, Uruguay es caro, pero caro no siempre significa imposible, porque una cosa es que algo tenga un precio alto y otra muy distinta es no poder acceder a ello», afirma.
Danis utiliza entonces su experiencia en Cuba para explicar por qué esa diferencia le parece tan importante.
«En mi país, Cuba, también es caro y no solo caro, es escaso, no encuentras lo que necesitas, no puedes comprar lo que deseas cuando lo necesitas», señala.
La cubana describe el desgaste que producen las largas esperas y la incertidumbre de no saber cuándo aparecerá un producto indispensable.
La situación que recuerda contrasta con la rutina que asegura haber encontrado en Uruguay, donde destaca la posibilidad de disponer de sus ingresos y utilizarlos para satisfacer necesidades cotidianas.
«Acá es totalmente diferente, acá todo es simple, trabajas, cobras, vas y compras. Uruguay te da tranquilidad, te da calma, te da silencio», resume.
La joven no presenta su experiencia como una historia libre de dificultades. Reconoce que comenzar de nuevo lejos de la familia, las costumbres y el entorno conocido supone desafíos que no desaparecen por el hecho de vivir en un país con mejores oportunidades.
Pero también habla de los momentos de nostalgia e incertidumbre que acompañan el proceso migratorio.
«Adaptarse cuesta, claro que cuesta, extrañas, comparas, dudas, hay días difíciles», reconoce.
Y es precisamente después de mencionar esas dificultades cuando pronuncia la frase que resume el mensaje de su video:
«Pero un día te despiertas y te das cuenta de que ya no estás sobreviviendo, que estás viviendo».
Para Danis, esa transformación está relacionada con la posibilidad de planificar, confiar en el resultado del trabajo y recuperar cierta previsibilidad en la vida cotidiana.
«Empiezas a sentir estabilidad, empiezas a confiar en que tu esfuerzo vale la pena», expresa.
Uruguay, un destino cada vez más importante para los emigrantes cubanos
El testimonio de Danis aparece en un momento en que Uruguay se ha convertido en uno de los destinos relevantes de la emigración cubana en Sudamérica.
La búsqueda de oportunidades económicas, mayor estabilidad y posibilidades de establecerse legalmente ha llevado a miles de ciudadanos de la Isla a emprender viajes que, en muchos casos, atraviesan varios países.
En octubre, un reportaje sobre la ruta migratoria desde Cuba hasta Uruguay, pasando por Guyana y Brasil, documentó cómo miles de personas utilizan ese recorrido para llegar al país sudamericano.
Entre enero y octubre de 2025, más de 11,000 cubanos atravesaron el control migratorio conjunto de Santana do Livramento-Rivera, en la frontera entre Brasil y Uruguay, según datos citados en el reportaje.
El trayecto puede implicar desplazamientos de miles de kilómetros, elevados gastos y dificultades durante el viaje. Por eso, llegar al destino no siempre significa que los problemas hayan terminado.
En septiembre, dos jóvenes cubanos residentes en Uruguay respondieron a críticas por la creciente llegada de migrantes de la Isla y pidieron a quienes cuestionan ese movimiento que consideraran las razones por las que tantas personas deciden abandonar Cuba.
En su mensaje mencionaron los apagones, la escasez de alimentos, las dificultades para conseguir medicamentos y otras carencias que enfrentan muchas familias cubanas.
Sin embargo, la integración de los recién llegados también presenta importantes obstáculos, especialmente en materia de documentación y regularización migratoria.
Al cierre de junio de 2026, Uruguay acumulaba 30,715 solicitudes de refugio pendientes de resolución, de las cuales aproximadamente el 89% correspondía a ciudadanos cubanos, según cifras de la Comisión de Refugiados (CORE).
La magnitud del retraso provocó reclamos de personas que llevaban años esperando una respuesta. A comienzos de octubre se conoció, además, que solo 52 cubanos habían obtenido el reconocimiento formal como refugiados, pese al elevado volumen de expedientes presentados.
Ante esa situación, el Gobierno uruguayo aprobó el 8 de octubre de 2026 un decreto que establece una nueva modalidad de residencia permanente por arraigo, que podría beneficiar a numerosos migrantes cubanos.
La medida está dirigida a determinados extranjeros que ingresaron legalmente al país antes del 1 de enero de 2026 y tienen una solicitud de refugio pendiente, a la que deberán renunciar para acogerse al nuevo procedimiento, o han recibido una denegación firme.
La residencia no se concede automáticamente. Los interesados deberán acreditar, entre otros requisitos, identidad, antecedentes penales y medios de vida. El decreto establece que comenzará a aplicarse 90 días después de su publicación oficial.
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