
El Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia (SVR) publicó este martes un comunicado oficial en el que acusa a funcionarios cercanos al presidente ucraniano Volodímir Zelenski de cooperar con cárteles de droga mexicanos, en una acusación difundida por la Cancillería rusa en sus canales de X y Telegram que no ha sido corroborada por ninguna fuente independiente.
Según el SVR, al menos 80 miembros de organizaciones criminales mexicanas habrían viajado a Ucrania durante un periodo prolongado para recibir entrenamiento en el ensamblaje y uso de drones de combate dentro de las Fuerzas Armadas ucranianas, y ese adiestramiento habría sido financiado con dinero procedente de la venta de drogas en Estados Unidos, transferido a funcionarios del entorno de Zelenski.
El organismo ruso afirmó además que autoridades estadounidenses estarían investigando estos presuntos vínculos, y advirtió que operadores de drones entrenados en territorio ucraniano podrían representar una amenaza para agentes que combaten el narcotráfico en la frontera con México.
️ La cooperación entre cárteles de droga mexicanos y el régimen de Zelenski se suma a la corrupción, el descaro de Zelenski, su desprecio a las alusiones más que evidentes de Washington de no atacar refinerías rusas, y su negativa a celebrar elecciones La Cancillería rusa resumió el comunicado con una frase que condensa el relato que Moscú construye sobre Kiev: «La cooperación entre cárteles de droga mexicanos y el régimen de Zelenski se suma a la corrupción, el descaro de Zelenski, su desprecio a las alusiones más que evidentes de Washington de no atacar refinerías rusas, y su negativa a celebrar elecciones».
Ninguna autoridad estadounidense, ucraniana ni mexicana ha confirmado públicamente estas acusaciones, y el SVR no ha presentado documentos, identidades de implicados, pruebas financieras ni declaraciones de terceros que las respalden.
El comunicado llega en un momento de máxima tensión entre Kiev y Washington. La administración Trump ha presionado a Zelenski para que detenga los ataques contra refinerías e instalaciones petroleras rusas, amenazando con reducir el suministro de inteligencia y municiones.
El 10 de octubre, Trump declaró que «ha llegado el momento» de que Ucrania tenga un nuevo presidente.
Zelenski respondió el 13 de octubre proponiendo celebrar elecciones si Rusia acepta un alto el fuego de 60 días, aunque la ley marcial vigente desde la invasión rusa de febrero de 2022 impide técnicamente la celebración de comicios y su mandato formal expiró en mayo de 2024.
El 18 de octubre, el presidente ucraniano advirtió que sería un «error histórico» que Estados Unidos se alineara con Rusia, tras denunciar 76 ataques rusos al sector energético ucraniano desde el anuncio de una tregua energética que Moscú nunca confirmó.
El nuevo comunicado del SVR no es un hecho aislado, sino parte de una campaña propagandística sostenida. En junio de 2026, el mismo organismo acusó a Kiev de facilitar el tránsito de drogas latinoamericanas —incluido fentanilo— hacia Europa a través de los puertos de Odesa.
En agosto, denunció una supuesta operación de «falsa bandera» en la que Ucrania y un país occidental no identificado trasladarían armas rusas capturadas a Venezuela, Colombia y México para atribuirlas a Moscú.
Ninguna de esas acusaciones previas fue corroborada de forma independiente.
El patrón es claro: Rusia construye un relato que vincula a Ucrania con el narcotráfico latinoamericano apuntando directamente a la preocupación central de la administración Trump —la seguridad fronteriza y el crimen organizado mexicano—, en un momento en que las fisuras entre Washington y Kiev son más visibles que en cualquier otro punto desde el inicio de la guerra, según informes de CNN sobre el deterioro de la relación bilateral publicados el lunes.
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