
El ministro de Transporte de Cuba, Eduardo Rodríguez Dávila, reconoció este jueves en una entrevista con Reuters que el sistema de transporte público de la Isla se encuentra «en uno de sus niveles más bajos de todos los tiempos», con cifras que él mismo calificó de dramáticas.
La caída de los viajes interprovinciales en ómnibus desde La Habana es demoledora: de 419 salidas diarias en 2025 a apenas 11 en 2026. Las rutas de guaguas en todo el país se redujeron de más de 100 a solo 21, el transporte interurbano —vital para los trabajadores— caerá un 90 % este año, y los viajes de pasajeros en transporte público descenderán un 75 % respecto al año anterior.
«Son familias que no pueden moverse, personas que no pueden visitar a sus seres queridos enfermos, otras que no pueden llegar a un hospital. El drama detrás de estas carencias es complejo», declaró el ministro al periodista Dave Sherwood en La Habana.
El colapso no se limita al transporte de personas. El movimiento de carga nacional pasará de 70 millones de toneladas en 2025 a unos 20 millones este año, menos de un tercio, lo que agrava el desabastecimiento en toda la Isla.
El régimen atribuye la crisis a las restricciones al suministro de combustible impuestas por Washington. Sin embargo, el deterioro venía de mucho antes: el transporte en Cuba se hundía cada día incluso antes de que la situación se agudizara en 2026. Ómnibus Nacionales cerró 2024 realizando apenas el 36 % de los viajes que efectuaba en 2019, y en diciembre de 2025 solo 219 de sus 558 autobuses estaban operativos.
La crisis de combustible se disparó a partir de finales de enero, cuando Venezuela cesó los envíos de petróleo tras la captura de Nicolás Maduro, México suspendió los suyos y la administración Trump firmó una orden ejecutiva que amenazaba con aranceles a cualquier país que suministrara crudo a Cuba. El propio Díaz-Canel lo admitió en abril: «Hay combustible para casi nada». En julio, EE.UU. sancionó a empresas clave del sector petrolero cubano, incluida CUPET.
Ante la parálisis del transporte convencional, los cubanos han recurrido al autostop, compartir el carro para un mismo viaje u opciones privadas mucho más caras. El régimen apuesta por la electrificación como salida: Cuba cuenta ahora con unos 150,000 vehículos eléctricos —autos, motos y triciclos—, el doble que en 2025 y cerca del 15 % del parque total.
Según Rodríguez Dávila, en agosto, el 40 % de las importaciones de vehículos eran eléctricos, frente a solo el 3,5 % en enero de 2025. Ello, gracias a incentivos a la importación que eximen o reducen los impuestos para los carros y bicicletas eléctricos.
Rodríguez Dávila afirma que Cuba cuenta actualmente con 150.000 coches, bicicletas y triciclos eléctricos, el doble que en 2025 y alrededor del 15% del millón de vehículos que hay en Cuba.
Pero hay un problema: el suministro de energía renovable no ha aumentado a la par que los autos eléctricos.
La contradicción es evidente. Durante el propio recorrido de prensa organizado por el gobierno, el periodista pudo ver decenas de triciclos eléctricos amarillos de una empresa estatal parados en un garaje porque no había electricidad para cargarlos. El ministro, al verlos, solo atinó a decir: «Estos son los problemas que enfrentamos».
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