
Más de 169.700 pinareños llevan semanas —y en algunos casos meses— sin acceso regular al agua potable, según datos gubernamentales, y el régimen cubano responde con lo que mejor sabe hacer: convocar reuniones y anunciar programas.
Este sábado, el Gobierno Provincial de Pinar del Río informó que la viceprimera ministra Inés María Chapman Waugh realizó una nueva visita de seguimiento a Vueltabajo, acompañada por el director general de la Unión Eléctrica, Rubén Campos Olmos, y por Junior Alexis Pérez, del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos.
Según la publicación oficial, Chapman «insistió en que la prioridad tiene que ser el abasto de agua, por lo que se debe ejecutar un programa integral agua-energía para lograrlo». Para ser «la prioridad», al parecer no resulta muy prioritaria, al menos por el tiempo que han tardado en resolverla.
El diagnóstico gubernamental apunta a dos causas: la rotura de 46 equipos de bombeo y seis de rebombeo, y la crisis energética nacional, que deja las estaciones de bombeo sin electricidad durante más de 16 horas diarias. Lo que el comunicado omite es la magnitud real del desastre acumulado: a mediados de este mes, comunidades de la provincia acumulaban entre 67 días y más de tres meses sin el vital suministro, y la conductora de 30 pulgadas, que abastece a más del 60% de la población de la capital, funcionaba con apenas la mitad de sus equipos.
Las cifras humanas detrás de esos datos técnicos son demoledoras. Vecinos de La Estrella, en San Juan y Martínez, denunciaron más de cuatro meses sin suministro domiciliario, y algunos hervían agua de lluvia para beber y cocinar. En la Calle Real, principal arteria de la ciudad pinareña, los residentes acumulaban más de 50 días sin agua; y en zonas cercanas al hospital pediátrico, sobrepasaban esa cifra.
El Entronque de Herradura, con unos 12.000 habitantes, denunció en abril el triste récord de más de dos años sin servicio regular del líquido.
A finales de agosto se reportaron tres brotes activos de hepatitis en municipios de la provincia, vinculados al colapso del sistema de potabilización. El Gobierno provincial reconoció en septiembre que invirtió más de 100 millones de pesos sin resolver el problema, mientras el Buró Provincial del Partido Comunista volvía a analizar las mismas quejas de siempre sin que el servicio mejorara.
La crisis no es ni remotamente exclusiva de Pinar del Río: el régimen admitió este mes que aproximadamente 2,5 millones de cubanos tenían afectado o interrumpido el servicio de agua, y que más del 80% de las incidencias nacionales se debían a la falta de electricidad y las averías de bombeo.
La reacción ciudadana ante el nuevo anuncio oficial fue de un escepticismo que ya no disimula el hartazgo. «Jajaja, ya es como el 3ero que viene a lo mismo, la que no llega es el agua jajaja», escribió un internauta. Otro fue más gráfico: «Solo veo muchos dirigentes reunidos con bastante luz […] tratando de resolver lo que otros muchos igual en reuniones con aire acondicionado y pomitos de agua han tratado de resolver y así ha sido y será y casi siempre estas reuniones terminan con un buen almuerzo y chao hasta la próxima».
Las respuestas oscilaron entre la ironía y la desesperación. «Descubrieron el agua tibia...», apuntó una usuaria. «Den noticias alentadoras, el pueblo no le importa esa clase de mentiras, el pueblo necesita solución al problema», reclamó otra voz. «En Cuba somos expertos en describir los problemas, me gustaría un día, antes de morir ver en mi país un dirigente de lo que sea explicando, proponiendo, ideando, implementando un plan estratégico, lógico para solucionar algún problema, al menos uno, de los muchos que nos aquejan», sentenció un tercero.
La frase que mejor resume el estado de ánimo colectivo la escribió una internauta con una mezcla de humor y resignación: «Van a tener que convocar a la NASA».
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