Putin refuerza la seguridad de su mansión favorita en Valdai con 50 posiciones de defensa aérea y 15 nuevas torres

Residencia de Putin en Gelendzhik y visita de Alexander Lukashenko a Valdai © Captura de video YouTube / Alexei Navalny - TASS
Residencia de Putin en Gelendzhik y visita de Alexander Lukashenko a Valdai Foto © Captura de video YouTube / Alexei Navalny - TASS

Vladimir Putin ha convertido su residencia favorita en Valdai, en el noroeste de Rusia, en una de las instalaciones más blindadas del país: al menos 15 nuevas torres de defensa aérea fueron construidas en torno al complejo, elevando el total de posiciones antiaéreas a unas 50, según imágenes satelitales analizadas por Radio Free Europe/Radio Liberty.

El dato resulta revelador por su desproporción: esa pequeña localidad escasamente poblada en la región de Nóvgorod cuenta ahora con aproximadamente la mitad de la protección aérea de toda la ciudad de Moscú, que alberga a más de 19 millones de personas, según calculos del medio británico The Telegraph.

Las nuevas posiciones se ubican dentro de un radio de unos 50 kilómetros de la residencia y se cree que están equipadas con sistemas Pantsir y Tor de corto alcance, considerados los mejores recursos de Rusia para neutralizar amenazas aéreas como drones de vuelo bajo.

Cada unidad puede costar mas de 21 millones de dólares, recursos que podrían destinarse a proteger a la población civil rusa en lugar de la mansión personal del líder del Kremlin.

El nuevo perímetro defensivo abarca también el aeródromo militar de Khotilovo —conectado a la residencia por una línea ferroviaria privada— y la isla Lisiy, que alberga un complejo de laboratorios vinculado al programa ruso de armas biológicas, según el mismo análisis de imágenes satelitales.

El complejo de Valdai, enclavado en una península boscosa entre dos lagos, incluye presuntamente un palacio de varios pisos, una dacha de madera de unos 1,200 metros cuadrados, un búnker subterráneo y una réplica de la oficina presidencial del Kremlin para dificultar la localización exacta de Putin. Se cree que allí reside su pareja, la exgimnasta rítmica Alina Kabaeva, junto a sus dos hijos.

El refuerzo de seguridad refleja la creciente paranoia del líder ruso ante la amenaza de los drones ucranianos de largo alcance, que han demostrado capacidad para golpear territorio ruso profundo.

En diciembre de 2025, el Kremlin acusó a Ucrania de haber lanzado más de 90 drones contra la residencia de Valdai, acusación que tanto Kiev como la CIA desmintieron. Pese a ello, las medidas de protección no han dejado de intensificarse.

En junio de este año, Yandex Maps —el equivalente ruso de Google— ocultó aproximadamente 2,1 kilómetros cuadrados de imágenes satelitales de la zona, mientras que las residencias de Putin en Sochi y Gelendzhik permanecen visibles.

También se detectaron redes antidrones sobre zonas de estacionamiento de camiones junto a la autopista M10, a unos 10 kilómetros de la finca, en respuesta a tácticas como la Operación Spiderweb ucraniana, en la que drones ocultos en camiones atacaron aeródromos militares rusos.

La obsesión de Putin por su seguridad personal contrasta con la fortuna opaca que se le atribuye. Declara oficialmente un salario de unos 140,000 dólares anuales y bienes modestos, pero estimaciones no oficiales sitúan su patrimonio real entre 40,000 y 200,000 millones de dólares, controlado a través de una red de testaferros y oligarcas.

La investigación de Alexéi Navalny publicada en enero de 2021 ya reveló un palacio en Gelendzhik valorado en unos 1,370 millones de dólares.

Mientras Putin blindaba su mansión, la noche del lunes una andanada de drones ucranianos penetró las defensas rusas en Vorónezh, matando al menos a dos personas e hiriendo a otras 17, y golpeando una planta petroquímica productora de caucho sintético y polímeros utilizados en vehículos blindados y combustible sólido para misiles Iskander. Era, según The Telegraph, el tercer ataque ucraniano en tres días contra una fábrica de caucho sintético rusa.

La guerra que el Kremlin anticipó como una «operación de tres días» cuando lanzó la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022 lleva ya más de cuatro años sin resolverse, y la respuesta de Putin ha sido, entre otras cosas, rodear su refugio personal con un escudo antiaéreo que rivaliza con el de la capital de su propio país.

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