
La Empresa de Productos Lácteos de Santiago de Cuba trabaja a niveles muy inferiores a los que fue diseñada, según reconoció este domingo su director general, Eduardo Griñán, en un reportaje del periódico oficialista Sierra Maestra que recoge sus declaraciones sobre la situación de la industria en la provincia oriental.
Griñán señaló que cerca del 90 % de la materia prima que utilizaba la industria en la región oriental era importada, principalmente leche en polvo, y que Santiago de Cuba carece de la capacidad ganadera necesaria para sustituir ese suministro con producción local.
El directivo describió una cadena de carencias que se retroalimentan: sin electricidad ni combustible no es posible acopiar leche, mantener la cadena de frío ni transportar los productos terminados; sin recursos financieros ni tecnología, los equipos no se modernizan.
«Cuando esos insumos no están disponibles, las producciones se paralizan o disminuyen», afirmó Griñán, quien también reconoció que el país arrastra problemas internos que agravan su vulnerabilidad, más allá de los factores externos que señaló como causa principal.
Los trabajadores, dijo el directivo, sostienen la operación con maquinaria envejecida: «Más que obsoletos, son necesarios, porque son los que tenemos».
La escasez de amoniaco importado —refrigerante industrial tradicional— ha obligado a algunas instalaciones a migrar al freón, un cambio que permite continuar operando pero reduce la capacidad productiva.
La empresa también ha buscado alternativas energéticas ante los cortes de electricidad. Una planta en Palma Soriano ya cuenta con una instalación solar que le permite funcionar de forma autónoma, sin depender de la red eléctrica. En la capital provincial se trabaja en un proyecto similar para la pasteurizadora, la mayor fábrica de la entidad, aunque ese proceso aún no ha concluido. Otras dos instalaciones dependen de grupos electrógenos y combustible convencional.
Griñán mencionó además que la empresa explora vías para ampliar sus ingresos, como la venta en línea, la captación de divisas y proyectos de inversión extranjera, aunque ninguna de esas iniciativas está confirmada como contrato o servicio disponible.
Lo que está en juego no son solo cifras de producción. Los lácteos de la empresa abastecen a niños, personas mayores, hospitales y escuelas de la provincia, una población especialmente vulnerable en una ciudad donde las autoridades identificaron en octubre más del 10 % de sus habitantes en situación de vulnerabilidad social.
El cuadro que describe Griñán encaja con una crisis láctea de alcance nacional. En junio, el ministro de la Industria Alimentaria, Alberto López Díaz, admitió que más de 100,000 niños no recibían su ración diaria de leche y que el plan oficial era «imposible de cumplir».
En julio, Brasil envió 48 toneladas de leche en polvo donadas a Cuba en dos vuelos de su Fuerza Aérea que aterrizaron en el aeropuerto internacional de Santiago de Cuba, con destino principalmente a niños de las provincias orientales, lo que ilustra la magnitud del déficit que la propia industria local ya no puede cubrir.
La producción lechera nacional cayó 37,6 % durante la campaña 2024-2025, y Cuba recibió en 2025 apenas el 30 % de la leche en polvo que tenía previsto importar.
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