Una cubana de 63 años originaria del municipio Amancio, en Las Tunas, construyó desde cero un restaurante de cocina tradicional en Ciudad de México tras años de vender tamales en la calle por las noches, sobrevivir una pandemia y negarse a rendirse en cada tropiezo del camino.
Su historia, compartida en un video del restaurante Cachito de Cuba, resume una trayectoria de más de una década de esfuerzo en tierra extranjera.
Mima llegó a México hace aproximadamente 13 años, después de trabajar como dependienta de tienda en su pueblo natal.
En 2016 dio su primer paso como emprendedora de la manera más humilde posible: poniéndose en una esquina de Gran Sur, de noche, a vender tamales cubanos.
«Yo en el 2016 comencé a vender tamales en la calle, ahí en la esquina de Gran Sur. En la noche nos poníamos a vender», recuerda.
El negocio nació incluso contra la voluntad de su propio hijo. «Pues mi hijo no quería que yo trabajara, pero yo sí quería emprender, sí quería trabajar», cuenta sin rodeos.
En redes sociales el emprendimiento se llamó inicialmente «Mima Tamales Cubanos».
Los clientes que ganó en aquella esquina se convirtieron en su primera red de apoyo: les comenzó a preparar comida desde casa con servicio a domicilio, y la respuesta fue tan buena que la animaron a crecer.
«Gustó mucho mi comida y mis propios clientes me motivaron a que yo creciera», dice.
Tres años después de aquella esquina nocturna, en 2019, Mima abrió formalmente Cachito de Cuba, su propio restaurante.
Pero la pandemia llegó casi de inmediato y obligó al cierre del local.
Lejos de abandonar el proyecto, Mima trasladó la operación a su casa y siguió cocinando a través de aplicaciones de entrega a domicilio.
«Vino la pandemia y tuvimos que cerrar. Pero seguí desde mi casa servicio a domicilio con las aplicaciones», explica.
Su filosofía en la cocina es sencilla y directa: «Cocino como en casa, como cocino para mi nieto, para mi hijo, para mi familia».
Esa misma calidez es la que, según ella, ha fidelizado a una clientela que la acompaña desde los tiempos de los tamales callejeros.
«A mis clientes los consiento como si fueran mi familia. Clientes mexicanos a los que mi comida les ha gustado cantidad», afirma.
El nombre del restaurante tiene una explicación tan cubana como el menú que ofrece: «El nombre de Cachito de Cuba surge porque queríamos tener aquí en la Ciudad de México un rinconcito de sabor cubano».
Hoy Cachito de Cuba opera en el Nuevo Bazar Pericoapa, en Ciudad de México, con un menú que incluye ropa vieja, moros y cristianos y masitas de cerdo, y atiende de lunes a domingo —excepto los martes— de 12:00 a 23:00 horas.
La historia de Mima se inscribe en un patrón reconocible entre los cubanos que emigran a México: la cocina tradicional como vía de inserción económica y de preservación de la identidad. Otros emprendedores cubanos en México han recorrido caminos similares, convirtiendo los sabores de la isla en un puente entre dos culturas.
Las Tunas, la provincia de donde partió Mima, ha perdido el 11,5% de su población en los últimos ocho años, con unas 12,000 personas emigradas solo entre 2023 y 2024, una cifra que habla del éxodo silencioso que vacía los pueblos cubanos mientras llena de sazón las cocinas del mundo.
«Vengan y disfruten de nuestra comida, no se van a arrepentir», dice Mima al final del video, con la misma convicción de quien sabe que detrás de cada plato hay años de lucha que le dan un sabor que no se improvisa.
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