Cuba: después de la derrota republicana

Basurero en Prado, frente a un hotel de lujo, en La Habana. © CiberCuba
Basurero en Prado, frente a un hotel de lujo, en La Habana. Foto © CiberCuba

Las elecciones de medio término dejaron una derrota republicana y una advertencia para quienes luchamos por la libertad de Cuba. Los demócratas lograron el control de ambas cámaras. Analistas destacan el costo de vida, la inflación, los aranceles y las consecuencias económicas de la guerra con Irán como las principales causas del éxito demócrata. También pesaron las preocupaciones por promesas incumplidas y la actuación de ICE. Muchos electores castigaron a quienes responsabilizan de su deterioro económico. 

Considero necesarias las acciones contra el régimen iraní, pero una campaña militar exigía mejor planificación, objetivos alcanzables y mayor coordinación con los aliados estadounidenses de la OTAN. Debió aplicarse una operación breve y eficaz, evitando una prolongación que encareciera el combustible y golpeara la economía estadounidense. La firmeza necesita estrategia: cuando una guerra se extiende y sus costos llegan al bolsillo, pierde respaldo y alimenta el voto de castigo. Por supuesto, eso pasa si se trata de una nación democrática. A la economía rusa le va mucho peor y el partido de Putin ganó las ”elecciones”. La economía de Cuba es medieval y los señores feudales del PCC “ganan todas las votaciones”.

La decisión de comprar petróleo al zar ruso y las críticas a Zelenski no estuvieron bien y el resultado que buscaban con ese acuerdo nunca llegó. Lo apresurado, si no es correcto, puede terminar muy mal. Estados Unidos y sus socios occidentales deben tener siempre presente que los regímenes de Rusia, China, Irán, Corea del Norte y Cuba, son sus enemigos y que deben trabajar juntos contra el peligro que representan para la democracia y los derechos humanos.

Venezuela también debió avanzar más rápidamente hacia la democracia. Después del 3 de enero, las demoras, la incertidumbre sobre el regreso de María Corina Machado y las expresiones contradictorias de Washington generaron confusión. Capturar a un dictador fue una buena decisión, pero no se ha completado la transición: hacen falta instituciones libres, garantías políticas y una dirección inequívoca. Los venezolanos merecen saber que el objetivo es devolverles la soberanía, sin conformarse con acuerdos económicos con quienes mantienen estructuras represivas.

En Cuba, la demora resulta todavía más preocupante. Después de lo sucedido en Venezuela, Washington debió acelerar una estrategia eficaz para terminar con la dictadura castrocomunista. Unas declaraciones parecen anunciar una solución inmediata; otras desplazan indefinidamente el horizonte; algunas permiten temer que bastarían negociaciones económicas. Mi objeción es clara: intervenir sobre una ramificación del cáncer autoritario y dejar intacta su matriz habanera reduce la eficacia del tratamiento. Hay enfermedades peligrosas a las que conceder tiempo puede hacerlas más difíciles de erradicar. Y no es que sea de los que quieren que Donald Trump nos haga todo el trabajo. Se trata de una cuestión de simple lógica: lo que anuncias lo haces, lo que empiezas lo terminas, o tendrás mayores problemas.

Los resultados ya están y deben respetarse. Felicito a los ganadores de ambos partidos sinceros defensores de la libertad y los derechos humanos. Me preocupa el fortalecimiento de la izquierda radical. El balance provisional de Ballotpedia registra siete victorias de candidatos respaldados por los Socialistas Democráticos de América en la Cámara, con tres contiendas pendientes. También me preocupa el triunfo en Michigan de Abdul El-Sayed, primer senador musulmán, por sus posiciones políticas, incluidas sus propuestas económicas y su oposición a la ayuda militar estadounidense a Israel. 

Respecto a Cuba, aunque existe una diferencia entre promover el levantamiento del embargo y apoyar expresamente a la dictadura, McGovern, Tlaib y Ocasio-Cortez, Jayapal, Jackson, figuran entre los promotores de iniciativas para levantarlo, y eso a quien único favorece es al régimen comunista. Los  Socialistas Democráticos de América, además, admiran explícitamente a Fidel Castro. 

Esas corrientes radicales son un peligro para los principios que hicieron grande a Estados Unidos y favorecen a un régimen enemigo que se encuentra a solo 90 millas de distancia. Una futura administración demócrata con respaldo del Congreso podría sustituir la política de máxima presión por acercamiento y negocios que fortalecerían a la tiranía castrista y alargarían la opresión que sufre el pueblo cubano. Eso daría oxígeno a una dictadura que mantiene estrechas alianzas con adversarios de Washington. No sería solamente un problema cubano: afectaría la seguridad estadounidense y las perspectivas democráticas del continente. La libertad cubana merece una política firme y sostenida, con exigencias verificables de derechos humanos.

Imagino hoy en La Habana una mezcla de satisfacción y temor. Satisfacción por las dificultades parlamentarias que enfrentará Trump; temor a que busque un éxito histórico antes de que asuma el nuevo Congreso. Existen reportes recientes de movimientos de tanques y blindados y del ejercicio estratégico Moncada 2026. Hay alegría y miedo en las filas de los comunistas explotadores en Cuba.

Soy de los que desean la liberación de Cuba cuanto antes. Si fuese mañana, mejor. Pero no me molestaría que un cambio decisivo llegara el 3 de enero de 2027. Soleimani murió el 3 de enero de 2020 cerca del aeropuerto de Bagdad; Maduro fue capturado el 3 de enero de 2026, operación en la que, al menos, murieron 32 efectivos del régimen cubano. El 3 de enero puede quedar para la historia como el viernes 13 de dictadores y terroristas.

Si Trump contribuye decisivamente a poner fin a la tiranía, llevar a sus responsables ante la justicia y abrir una transición democrática, ocuparía un lugar histórico en la memoria cubana y en la historia universal. El 3 de enero sería un buen día para la acción. Pero no me molesto si se adelanta.

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José Daniel Ferrer García

José Daniel Ferrer García (Palma Soriano, 1970). Coordinador de UNPACU y presidente del Partido del Pueblo.






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