
Un cubano identificado como Gonzales Angel publicó esta semana en Facebook un testimonio que describe el deterioro físico y psicológico que le provoca recibir electricidad únicamente en horas de madrugada, una práctica que el régimen cubano aplica como parte de sus esquemas de apagones rotativos.
«Yo no sé de quién es la idea o de qué manual de sicología lo sacaron, pero eso de poner la luz de madrugada me está afectando neurológicamente. Cuando mi cerebro detecta que pusieron la corriente ya no puedo dormir, me desvela saber que hay luz», escribió el hombre en su publicación.
Además del insomnio, Gonzales Angel denuncia otra consecuencia directa de los cortes prolongados: la imposibilidad de conservar alimentos.
«Otra cosa que me está matando es tener que comprar la comida al diario porque uno no sabe cuándo te meten tres o cuatro días seguidos de apagón y ya se me ha echado a perder alimentos más de una vez. Pero eso me hace esclavo de la comida. Todo se me va en comida y carbón», relató.
El miércoles, La Habana registró 157 circuitos afectados y 389 MW de carga interrumpida a las 21:13, con algunos circuitos acumulando más de 52 horas consecutivas sin suministro.
Este jueves, la disponibilidad nacional rondaba los 1,000 MW frente a una demanda de 2,350 MW, con una afectación máxima pronosticada de 1,770 MW para el horario pico, según el reporte diario del sistema eléctrico nacional.
El patrón de suministro nocturno ha sido documentado en todas las provincias a lo largo de 2026. En agosto, los apagones superaron las veinte horas diarias y el calor llevó a personas a dormir en el Malecón habanero en lo que fue descrito como un episodio de insomnio colectivo.
Un estudio publicado en 2026 y basado en 415 adultos cubanos, citado por la revista Social Science & Medicine, reportó depresión extremadamente grave en el 55.4% de los encuestados, ansiedad severa en el 66% y estrés extremo en el 65.8%. La investigación identificó el impacto de los apagones sobre el sueño y la alimentación como el predictor más fuerte de esos síntomas, por encima de cualquier variable sociodemográfica.
El testimonio también apunta al fracaso de las promesas económicas del régimen. Gonzales Angel recuerda que a finales de 2025 el gobierno anunció medidas para reimpulsar la economía y la llamada tasa flotante del Banco Central de Cuba, que supuestamente reduciría el precio del dólar y, con él, el costo de los alimentos.
«Yo lo que veo es que todo, principalmente los alimentos, valen más del doble, algunos hasta el triple de un año para el otro, y el dólar falta poco para que cueste mil pesos», escribió.
Los datos respaldan su percepción. La tasa flotante arrancó en 410 pesos cubanos por dólar en diciembre de 2025; para el miércoles, el dólar informal rondaba los 915 pesos, más del doble en menos de un año. La inflación oficial en alimentos superó el 42% interanual en septiembre de 2026, mientras que en los mercados informales el arroz alcanza entre 330 y 400 pesos la libra, el pollo hasta 920 pesos la libra, y cuatro naranjas llegaron a costar 10,000 pesos este jueves.
Gonzales Angel cerró su publicación con una frase que condensa el estado de ánimo de quienes sobreviven esta triple crisis de electricidad, alimentos y economía: «El que se salve de esta queda loco».
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