
El Comité de Asuntos Internacionales de la Duma Estatal rusa presentó este viernes un proyecto de llamamiento a la Asamblea General de la ONU y a los parlamentos extranjeros para exigir el fin del embargo estadounidense contra Cuba —que el texto denomina «bloqueo»—, con una revelación que el propio Kremlin no puede ocultar: desde agosto de 2026, la isla «prácticamente no importa combustible».
El Consejo de la Duma incluyó el documento en el orden del día del pleno del 11 de noviembre, según recoge el diario económico ruso Vedomosti, cercano al Kremlin en materia de política exterior. El texto califica las sanciones de Washington de «instrumento inadmisible de presión exterior» y afirma que contradicen los principios del derecho internacional.
Lo más significativo del documento no es su retórica, sino su diagnóstico: el principal aliado del régimen cubano reconoce en un texto oficial que, tras el endurecimiento de las restricciones en agosto, Cuba quedó sin acceso a importaciones de combustible, y que en octubre el país enfrentó graves carencias de alimentos, medicamentos y electricidad en los hospitales.
El llamamiento está previsto que se remita al presidente ruso, al Gobierno, al Consejo de la Federación, a la ONU y a los parlamentos de otros países. Sin embargo, no incluye ninguna medida material: ni petróleo, ni créditos, ni ayuda económica concreta. Solo palabras.
El contraste con la asistencia real de Moscú en 2026 es elocuente. El único cargamento de crudo ruso confirmado durante todo el año fue el del petrolero Anatoli Kolodkin, que llegó a Matanzas a finales de marzo con unas 100,000 toneladas de crudo Urals —aproximadamente 730,000 barriles—.
Su efecto sobre los apagones duró apenas dos semanas. El propio embajador cubano en Moscú, Enrique Orta González, reconoció en octubre que ese fue el único buque ruso con crudo que llegó a Cuba en todo el año. Un segundo envío anunciado, vinculado al petrolero Universal, cambió de rumbo en mayo y nunca se confirmó su llegada.
Además del crudo, Moscú admitió en octubre dificultades logísticas para hacer llegar la ayuda a la isla. El viceministro ruso de Exteriores, Alexander Alimov, reconoció que desde junio solo habían llegado dos envíos de aceite de girasol, por un total ligeramente superior a 750 toneladas, canalizados a través del Programa Mundial de Alimentos, más tres ambulancias.
La iniciativa parlamentaria llega un día después de que Estados Unidos anunciara una nueva ronda de sanciones bajo la Orden Ejecutiva 14404, dirigida a redes de transporte de petróleo hacia Cuba: ocho entidades y dos personas designadas, y cinco buques bloqueados —Esperanza, Gloria C, María Cristina, Emilia y Lourdes—, con empresas de Chipre, Panamá y Cuba entre los objetivos.
El llamamiento de la Duma también se produce a días de la peor derrota diplomática del régimen en la ONU en décadas. El 28 de octubre, la Asamblea General aprobó la resolución A/81/L.5 contra el embargo con solo 130 votos a favor, frente a 17 en contra y 25 abstenciones —el peor resultado desde que Cuba comenzó a presentar esa resolución en 1992, muy lejos de los 187 apoyos de 2024.
La crisis que el propio documento ruso describe tiene cifras concretas: Cuba necesita unos 100,000 barriles diarios de petróleo y produce internamente solo unos 40,000; la Unión Eléctrica estimó en septiembre una disponibilidad de apenas 1,300 MW frente a una demanda de entre 2,850 y 3,300 MW; el transporte interprovincial desde La Habana cayó de 419 salidas diarias en 2025 a solo 11 en 2026; y los hospitales reportaron disponibilidad de apenas el 30% del cuadro básico de medicamentos, con 98,500 pacientes en espera de cirugía, incluidos 12,000 niños.
No es la primera vez que la Duma recurre a este tipo de gestos: ya aprobó por unanimidad un llamamiento similar el 28 de octubre de 2025. El nuevo proyecto de noviembre de 2026 es la segunda iniciativa parlamentaria rusa de este tipo en un año, lo que subraya su carácter ritual. Mientras tanto, el pueblo cubano sigue sin combustible, sin medicinas y sin luz.
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