
El sacerdote cubano Alberto Reyes Pías publicó este viernes una nueva reflexión en Facebook en la que advierte sobre uno de los efectos más graves de la crisis que atraviesa Cuba: el riesgo de que el sufrimiento prolongado lleve a los ciudadanos a encerrarse en sí mismos y abandonar la solidaridad con quienes los rodean.
En la entrega titulada «He estado pensando en algo que no podemos permitir», el párroco de Esmeralda, Camagüey, señala que la escasez extrema instala la incertidumbre en el alma y empuja a las personas hacia «escenarios terribles».
«Cuba sufre, viene sufriendo desde hace mucho, y el sufrimiento tiene una reacción peligrosa: puede hacer que miremos solamente nuestras propias carencias», escribe al inicio de su texto.
El sacerdote identifica en esa reacción una tentación concreta: la de replegarse, proteger lo poco que queda y concluir que ya no es posible hacer nada por los demás.
Frente a esa tentación, propone una respuesta que no requiere grandes recursos ni soluciones estructurales, sino gestos cotidianos y accesibles para cualquier persona.
«En los tiempos difíciles, cada gesto cuenta: compartir lo poco que tenemos, cuidar al enfermo, acompañar al anciano, aliviar el desierto del que está solo, regalar tiempo, escuchar al que está agobiado, dar la mano al vecino, o simplemente preguntar: '¿Cómo estás?', '¿qué necesitas?'», enumera.
Para Reyes, la solidaridad no es un lujo de los tiempos de bonanza, sino precisamente la herramienta que puede sostener a una sociedad cuando todo lo demás falla: «La solidaridad puede mantener viva a una sociedad cuando todo lo demás parece desmoronarse».
El párroco también cuestiona el papel exclusivo de las instituciones como sostén social y reivindica los vínculos entre personas como la verdadera columna vertebral de cualquier comunidad.
«Una sociedad no se sostiene solamente por sus instituciones, también se sostiene por los vínculos entre sus personas, porque son precisamente esos vínculos los que permiten descubrir una de las mayores fortalezas de una sociedad: la capacidad de cargar juntos con el peso de la vida», argumenta.
Y amplía el concepto de solidaridad más allá de lo material para incluir dimensiones que en Cuba tienen un peso político: afirma que esa actitud es válida también «frente a la necesidad personal y comunitaria de libertad, de justicia, de seguridad».
«Cuando compartimos aquello que tenemos, cuando tomamos conciencia de la necesidad del otro y le tendemos la mano, descubrimos algo que nadie puede quitarnos: la capacidad de cuidarnos los unos a los otros», concluye Reyes.
Cuba atraviesa una emergencia humanitaria reconocida por la ONU en mayo, que incluye escasez crítica de alimentos, medicamentos, combustible y electricidad, y que llevó a la organización internacional a asistir con alimentos a unas 900,000 personas en la Isla.
La publicación de este viernes es la más reciente de una columna semanal que el sacerdote mantiene desde 2020 y que acumula ya más de 180 entregas.
A lo largo de 2026, Reyes ha descrito a Cuba como «un país en ruinas» que necesita un cambio profundo, ha pedido a militares y policías que reconsideren su papel frente al pueblo, y ha reflexionado sobre el precio de decir la verdad en Cuba.
Esa visibilidad le ha costado presión directa de la Seguridad del Estado: fue citado e interrogado en varias ocasiones y recibió actas de advertencia bajo amenaza de procesamiento por supuesta «promoción del odio».
Vídeos relacionados:
Archivado en: