Ucraniana revela cómo los servicios secretos rusos reclutan agentes para sabotear industrias de defensa en Europa

Fiscalía lituana incluye a Oemis Romagoza Durruthy en una lista de personas buscadas internacionalmente. © LRT
Fiscalía lituana incluye a Oemis Romagoza Durruthy en una lista de personas buscadas internacionalmente. Foto © LRT

El Servicio de Inteligencia Exterior de Ucrania publicó este viernes un informe en el que detalla los métodos que emplean los servicios secretos rusos —principalmente el GRU y el FSB— para reclutar a personas socialmente vulnerables y utilizarlas en operaciones de sabotaje contra industrias de defensa y otras infraestructuras estratégicas en Europa.

Estas acciones forman parte de una campaña de guerra híbrida documentada por InformNapalm, que contabiliza ya más de 180 incidentes desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania.

El mecanismo de captación opera principalmente a través de redes sociales como Facebook y Telegram, así como plataformas de empleo.

Los reclutadores ofrecen tareas aparentemente menores —fotografiar edificios, colocar pegatinas— que escalan progresivamente hacia incendios provocados, explosiones y vigilancia de objetivos militares o industriales.

Los ejecutores reciben instrucciones de grabar sus acciones y enviar las pruebas a un coordinador en Rusia, material que sirve tanto como verificación operativa como insumo para campañas de propaganda.

Uno de los casos más reveladores de esta red involucra directamente a ciudadanos cubanos.

Oemis Romagoza Durruthy, nacido en Camagüey y residente en Petrozavodsk (Rusia), donde trabajaba como instructor de salsa y bachata en un estudio llamado «Made in Cuba», habría coordinado para el GRU una red de al menos 12 personas —principalmente latinoamericanos— que ejecutó sabotajes en Polonia, República Checa, Rumanía y Lituania entre mayo y septiembre de 2024.

Los ataques atribuidos a esa red incluyeron incendios en dos negocios de materiales de construcción en Polonia, un garaje de autobuses en la República Checa, una instalación de reciclaje en Rumanía y equipos destinados a Ucrania en una empresa lituana. El Tribunal de Apelación de Bucarest dictó una orden de arresto internacional contra Romagoza el 2 de noviembre de 2026.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó formalmente a cinco integrantes de la denominada «Red RIS»: Romagoza, el también cubano Yaidel Delgado Suárez (alias «Viking»), el exoficial ruso Yuri Khromeev, su hijo Kirill Khromeev —descrito como oficial del FSB— y el venezolano Ángel Eduardo Castro.

Los cargos incluyen conspiración para financiar terrorismo y, contra tres de ellos, conspiración para cometer asesinatos, entre ellos el del excampeón mundial de ajedrez y opositor de Vladimir Putin, Garry Kasparov, residente en Nueva York, quien recibió protección especial tras ser advertido de la amenaza durante el verano de 2026.

La red habría ofrecido hasta 25,000 dólares por un asesinato y comenzó a reclutar ejecutores en 2025. El régimen cubano negó oficialmente cualquier vínculo con la Red RIS, pero no ofreció cooperación con las investigaciones.

El análisis de InformNapalm subraya que los incendios provocados no son solo herramientas de destrucción física, sino también de presión informativa.

En el caso de los ataques a la tienda OBI de Varsovia y al centro comercial Marywilska 44, los ejecutores filmaron las llamas por instrucción expresa de sus coordinadores: «la grabación en vídeo del incendio no fue un hecho incidental que acompañó al delito, sino que formó parte de la tarea».

Esta guerra de sabotaje tiene, además, una dimensión bidireccional. Mientras Moscú intensifica los ataques contra la industria de defensa europea —con incendios documentados en Milrem Robotics (Estonia, agosto de 2026) y en instalaciones próximas a CARFIL SA (Rumanía, septiembre de 2026)—, la base de datos OSINT InformNapalm Fire registra un aumento sin precedentes de actos de sabotaje dentro del propio territorio ruso: 242 incidentes en el año incompleto de 2026, cifra que supera en un 87,6% la de todo 2025 y excede la suma de los dos años anteriores juntos.

La investigadora del Centro Sueco de Estudios de Europa del Este, Minna Alander, advirtió en octubre que «la disuasión militar clásica no es adecuada para el sabotaje orquestado deliberadamente por debajo del umbral de un conflicto armado abierto», y reclamó medidas sostenidas que eleven gradualmente el coste para Moscú.

En la misma línea, el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores propuso en marzo de 2026 pasar de un modelo defensivo a una estrategia ofensiva para la era híbrida que combine contrainteligencia, sanciones a redes financieras y apoyo a las capacidades ucranianas.

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