
Cafeterías, hostales y negocios privados de La Habana se han convertido en oficinas de emergencia para muchos profesionales cubanos que no pueden trabajar desde casa porque el régimen no les garantiza ni electricidad ni conexión a internet, según un reportaje de IPS Cuba.
El fenómeno no responde a una moda de emprendimiento, sino al colapso eléctrico. La clientela de estos espacios la forman principalmente gestores de redes sociales, programadores, diseñadores, periodistas y freelancers que prestan servicios a empresas extranjeras y cobran en divisas.
Elizabeth Cuesta, gestora de redes sociales, resume la paradoja cotidiana: «Estaría mejor si no tuviera que moverme siempre de mi casa para trabajar, porque allí no tengo conexión o se me acaba la batería. Es un obstáculo, aunque sea rentable, porque no vivo cerca».
Las tarifas de estos espacios revelan quién puede permitírselos y quién no.
La Residencia Albero Dulce, fundada por Claudia Terry, cobra 700 CUP por hora y ofrece planes mensuales de hasta 80,000 CUP. Con un salario medio estatal de 7,354 CUP mensuales —equivalente a unos nueve dólares al cambio informal—, una sola hora en ese hostal consume casi el 10% del sueldo mensual de un trabajador del Estado. El plan mensual lo supera casi 11 veces.
El hostal Kerida Habana fija su precio en un euro la hora, lo que al cambio informal de este domingo equivale a unos 1.010 CUP. La mipyme estatal La Quinta SURL arrancó en agosto pruebas de este servicio en el Jardín Botánico La Quinta de los Molinos con una tarifa de 500 CUP por hora y respaldo de energías renovables.
También operan el Restaurante Grados, que alberga un espacio impulsado por el proyecto comunitario Vive el Vedado, y el Café Coworking Avenida Italia, inaugurado por la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo con distintos niveles de membresía.
«En la búsqueda para nosotros de qué hacer con el negocio, vimos que en otros lugares del mundo existen espacios así. En Europa hay, y allí hay conexión», explicó Terry. La afluencia de clientes para su negocio comenzó a dispararse en febrero de 2026, cuando la crisis energética se agravó.
El derrumbe del turismo —solo 450.000 visitantes entre enero y agosto, un 64,4% menos que en el mismo período de 2025— empujó a muchos hostales a reconvertirse para sobrevivir.
El nuevo Código de Trabajo (Ley 189), vigente desde septiembre de 2026, amplía la regulación del teletrabajo, una modalidad que ya estaba contemplada en la Resolución 71/2021.
Sin embargo, los apagones y las dificultades de acceso a internet siguen obligando a numerosos profesionales a buscar alternativas fuera de sus hogares para poder trabajar.
Ernesto Asen, fundador del proyecto Vive el Vedado, describe la aspiración detrás de estos espacios: «hacer economía circular con el talento local, que todo se reinvierta (…) creando un pequeño ecosistema».
Las tarifas de estos espacios representan una barrera económica para quienes dependen de un salario estatal. El cubano de a pie sigue trabajando a oscuras y sin conexión a internet en pleno siglo XXI.
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