La paradoja bancaria de Díaz-Canel: Actores privados, reformas financieras y un peso cubano cada vez más devaluado

Miguel Díaz-Canel en el Malecón de La Habana © X / @PresidenciaCuba
Miguel Díaz-Canel en el Malecón de La Habana Foto © X / @PresidenciaCuba

El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel quiere que el sistema bancario se convierta en un motor de las transformaciones económicas, recupere la confianza de los ciudadanos y contribuya a devolver al dinero sus funciones.

Sin embargo, sus declaraciones llegan cuando el peso cubano atraviesa otra etapa de fuerte depreciación y el mercado informal sigue marcando el precio de las divisas.

El gobernante expuso esas aspiraciones durante una visita al Banco Central de Cuba (BCC) y varias instituciones financieras, reseñada el 4 de noviembre por Granma bajo el título «El sector bancario y financiero cubano debe ser motor de la transformación económica y social del país».

Durante el encuentro, la presidenta del BCC, Juana Lilia Delgado Portal, reconoció problemas de calidad de los servicios, aglomeraciones para retirar efectivo, apagones y fallos de conectividad. También señaló como prioridades la apertura del sistema financiero, los créditos y los mercados cambiarios.

Pero mientras las autoridades anuncian reformas, la moneda nacional sigue perdiendo valor y la distancia entre las cotizaciones oficiales y las del mercado informal permanece considerable.

El 7 de noviembre, el índice independiente de CiberCuba situó el dólar en 933 pesos cubanos (CUP) y el euro en 1.010 CUP. Ese mismo día, la tasa oficial del Segmento III del BCC era de 800 CUP por dólar y 892 por euro.

El deterioro se ha acelerado durante los últimos meses. Según el Observatorio de Monedas y Finanzas (OMFi) de elTOQUE, el dólar informal pasó de 750 CUP al cierre de septiembre a 880 al finalizar octubre, una subida del 17,3 % en apenas un mes. En noviembre, las cotizaciones continuaron aumentando hasta superar los 900 pesos.

La evolución refleja un problema que ninguna reforma bancaria ha conseguido resolver: la escasez de divisas y una demanda que supera ampliamente la oferta disponible.

Casas de cambio privadas: el mercado impone sus precios

En junio, el Gobierno anunció 176 transformaciones económicas, entre ellas la autorización de bancos privados, instituciones financieras no bancarias, casas de cambio particulares y nuevos operadores de remesas.

El cambio representa una ruptura importante con décadas de monopolio estatal, aunque su capacidad para estabilizar el peso sigue siendo incierta.

Un ejemplo revelador apareció en septiembre con la apertura de ADT64, la primera casa de cambio privada autorizada, situada en Santa Clara.

El establecimiento exhibía inicialmente una cotización de 710 CUP para comprar dólares y 730 para venderlos, mientras el mercado informal rondaba los 700 y la tasa oficial se situaba cerca de 655.

Aunque inicialmente solo se constató la compra de divisas, las cifras mostraban que el nuevo operador privado se guiaba por precios mucho más cercanos a los de la calle que a los establecidos por las autoridades.

El economista Pedro Monreal destacó esa contradicción y advirtió que la entrada de operadores privados no garantizaba un abaratamiento del dólar.

El propio Banco Central confirmó que estaba utilizando información de las operaciones de ADT64 para fundamentar su tasa oficial del Segmento III.

El Estado comenzaba así a incorporar precios surgidos de operaciones privadas en un mercado cuyos valores había intentado mantener bajo control administrativo.

La experiencia revela un límite fundamental de las reformas: autorizar nuevos intermediarios puede mejorar determinados servicios, pero no crea por sí mismo los dólares y euros que necesita la economía.

La tasa informal que el Gobierno intentó desacreditar

El giro resulta todavía más contradictorio al recordar la prolongada campaña oficial contra elTOQUE, el medio independiente que publica la Tasa Representativa del Mercado Informal (TRMi).

Durante años, dirigentes gubernamentales y medios oficialistas acusaron al proyecto de manipular artificialmente el valor del peso y participar en una supuesta operación de guerra económica promovida desde Estados Unidos.

En noviembre de 2025, el Banco Central respaldó públicamente esas acusaciones y afirmó que la tasa de elTOQUE «no puede servir como referencia válida», porque transmitía señales distorsionadas.

La ofensiva incluyó acusaciones de tráfico de divisas y evasión fiscal, además de amenazas de investigaciones penales y campañas de exposición pública contra integrantes del medio. El vocero Humberto López llegó a acusar al medio indepentiente de «terrorismo financiero».

Sin embargo, las investigaciones económicas han aportado elementos que respaldan la utilidad de sus mediciones.

En junio de 2025, el economista Pavel Vidal analizó una serie histórica del mercado informal utilizada por el Ministerio de Economía durante una presentación oficial.

Al compararla con los datos de elTOQUE, encontró una correlación del 95 % entre las variaciones de ambas series durante el período 2021-2023. Existían diferencias en las cotizaciones absolutas, pero sus trayectorias eran notablemente semejantes.

La metodología de elTOQUE, basada en el procesamiento estadístico de anuncios de compraventa, también fue examinada en un estudio publicado en la revista académica Applied Economics.

Esos antecedentes no significan que todas las operaciones reales se concreten a los precios publicados, ni que las referencias estadísticas sean infalibles. Pero cuestionan la tesis oficial de que la depreciación del peso sea esencialmente resultado de una manipulación informativa.

Las primeras cotizaciones de ADT64 añaden otra evidencia: cuando un operador autorizado necesita atraer divisas, sus precios pueden aproximarse a los del mercado informal que el gobierno ha intentado deslegitimar.

El problema no es quién publica la tasa

El aumento reciente del dólar tiene explicaciones económicas que van mucho más allá de la difusión de cotizaciones.

Un informe del OMFi publicado el 5 de noviembre señala que a la demanda tradicional de divisas se está sumando una mayor presión empresarial para importar combustibles, paneles solares, equipos y otros insumos.

El observatorio plantea que parte de esa demanda podría financiarse con pesos acumulados en cuentas empresariales, aumentando la competencia por una oferta de moneda extranjera que sigue siendo limitada. Se trata de un factor cuyo impacto todavía no puede cuantificarse completamente.

A ello se suman la baja producción nacional, los desequilibrios fiscales, la dolarización parcial y la pérdida de confianza en el peso como instrumento de ahorro.

En tales condiciones, la apertura de bancos y casas de cambio privadas no sustituye la necesidad de una política monetaria capaz de estabilizar los precios y garantizar una oferta suficiente de divisas.

La paradoja del discurso de Díaz-Canel reside precisamente ahí: el gobierno reclama una banca moderna y confiable, pero continúa sin resolver los desequilibrios económicos que alimentan la depreciación monetaria.

Y mientras intenta recuperar el control del mercado cambiario mediante operadores privados, la evolución de las cotizaciones confirma una realidad incómoda para las autoridades: el precio del dólar no lo determina el medio que lo publica, sino las condiciones de oferta, demanda y confianza de una economía que sigue sin encontrar estabilidad.

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Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.


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